La DEA: Los cárteles de Sinaloa y Jalisco crean la peor crisis de drogas en la historia de Estados Unidos

La DEA: Los cárteles de Sinaloa y Jalisco crean la peor crisis de drogas en la historia de Estados Unidos

Agencias

Sin importar quien gane la elección presidencial de noviembre en los Estados Unidos, se está trabajando en la estrategia de debilitar al cártel de Sinaloa, pero también al cártel de Jalisco.

El Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) son los grandes protagonistas del último informe anual de la DEA. La agencia antinarcóticos de Estados Unidos hizo público su informe anual en medio de fuertes tensiones con el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, por los reclamos hechos esta semana ante la Cámara de Representantes por los retrasos en la entrega de visas para sus elementos desplegados en México. 

El Gobierno mexicano saliente negó que la cooperación bilateral en la llamada guerra contra las drogas fuera “inconsistente”, como acusó la zar antidrogas Anne Milgram, y ha dado por terminada la polémica al asegurar que las autorizaciones ya han sido entregadas. El encontronazo con las autoridades mexicanas no ha movido un ápice la posición de la DEA en la lucha contra el narcotráfico y su cruzada contra las organizaciones criminales de México, a quienes señala como los responsables de la epidemia de fentanilo que azota a la sociedad estadounidense. “Los carteles de Sinaloa y Jalisco han causado la peor crisis de drogas en la historia de Estados Unidos”, se lee en el documento.

La DEA asegura que las ganancias del Cártel de Sinaloa y el CJNG por el tráfico del fentanilo están en el orden de los miles de millones de dólares cada año, gracias a una extensa red criminal que se extiende por más de 40 países y los 50 Estados de EE UU. “Operan largas cadenas mundiales de suministro, desde los precursores químicos hasta instalaciones de producción, y dirigen una compleja red de cómplices que incluye a navieras internacionales, transportistas en ambos lados de la frontera, funcionarios corruptos, constructores de túneles, empresas fachada, testaferros que blanquean el dinero y otros”, advierte la agencia en el informe.

La hegemonía de Sinaloa y Jalisco “ha eliminado efectivamente a toda su competencia en el mercado estadounidense”, agrega la institución. En su perspectiva, ambos cárteles rivales son los únicos mandamases en el mercado de las drogas ilícitas en Estados Unidos. Los hallazgos llegan, como ha sido en otras ocasiones, envueltos en polémica y en contradicción evidente con la posición oficial del Gobierno de López Obrador, que insistió que “en México no se produce fentanilo” y que sólo es un eslabón intermedio en la larga cadena de tráfico que empieza en Asia. 

La DEA, sin embargo, pone también en la mira la efectividad de que la Marina mexicana haya asumido el control aduanal y la vigilancia de los principales puertos del país, al asegurar que son los grupos criminales los que realmente controlan las terminales portuarias. El diagnóstico se remata con señalamientos de corrupción sobre jueces y funcionarios de todos los niveles del Gobierno mexicano, aunque no se detallan las acusaciones. Ese ha sido el mayor punto de fricción con el presidente mexicano, que este año acusó a la DEA de estar detrás de una ola de filtraciones periodísticas que vinculan a su círculo cercano con el crimen organizado.

El Cártel de Sinaloa después de El Chapo

“El Cártel de Sinaloa no tiene un líder”. Así describe la DEA la estructura criminal de la organización criminal fundada por Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada junto a otros capos. La agencia antidrogas asegura que desde que Guzmán fue condenado a cadena perpetua en julio de 2019 en un tribunal de Nueva York, la organización criminal se ha dividido en cuatro facciones separadas, pero que cooperan entre sí. “En teoría, esta estructura permite que los cabecillas de cada grupo independiente compartan recursos ―como rutas de contrabando, contactos [de funcionarios] corruptos, acceso a proveedores de sustancias ilegales y redes de lavado de dinero― sin tener que dividir las ganancias o tener que responder a una cadena de comando principal”, se expone en el informe.

La DEA compara el modelo con un “paraguas”, bajo el que conviven las diferentes facciones. Por un lado están Los Chapitos, los cuatro hijos de El Chapo: Iván Guzmán Salazar, Alfredo Guzmán Salazar, Joaquín Guzmán López y Ovidio Guzmán López. Ovidio alias El Ratón fue detenido en enero del año pasado en Culiacán, la capital de Sinaloa, lo que desató una violenta respuesta del cartel y el caos en la ciudad. Tres meses después, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó una batería de cargos contra los cuatro herederos del capo y una veintena de asociados. Ovidio Guzmán fue extraditado en septiembre de 2023, mientras que Joaquín Guzmán López e Ismael “El Mayo” Zambada han sido detenidos el pasado mes de julio en El Paso, Texas, en un operativo del cual siguen sin revelarse muchos de sus detalles más importantes.

Otra facción era dirigida por El Mayo Zambada, en la cúpula de la organización desde hace tres décadas y acusado de tráfico de fentanilo por un tribunal de Nueva York en febrero de 2024. Aunque la inclusión de Zambada y Los Chapitos no es una novedad, se dan algunos detalles poco conocidos, sobre todo por el hermetismo que rodea a El Mayo. “Se reporta que Zambada García está en un pobre estado de salud, lo que ha puesto en duda el liderazgo de su facción”, se señala sobre el narcotraficante de 76 años.

Las otras dos células son controladas, según la DEA, por Aureliano Guano Guzmán Loera, hermano de El Chapo y con influencia en el llamado Triángulo Dorado (en los Estados mexicanos de Sinaloa, Durango y Chihuahua), y por Rafael Caro Quintero, un antiguo aliado de los fundadores del cartel y que ha sido ligado también a los enemigos de la organización. La cooperación entre las facciones es cuestionada por la propia DEA. “En realidad, sin embargo, las luchas internas de poder y las alianzas fluctuantes han cuestionado la viabilidad del ‘modelo paraguas”, señala. “Los Chapitos están en el centro de una batalla interna contra el antiguo socio de su padre, Ismael Zambada García”, agrega. También aluden disputas con el grupo de Caro Quintero, el llamado Cartel de Caborca.

La DEA asegura que el Cártel de Sinaloa trafica con fentanilo desde 2012, mucho antes de que Estados Unidos pusiera a la droga sintética en la parte más alta de su lista de prioridades, y achaca a Los Chapitos la decisión de impulsar el comercio ilegal de la sustancia entre los principales negocios de la organización. 

También señala que su negocio es mayor al de sus rivales del CJNG. “El Cártel de Sinaloa domina el mercado del fentanilo a través de la manipulación de la cadena mundial de suministro y la proliferación de laboratorios clandestinos en México”, reseña. El modelo de negocios replica el utilizado para el trasiego de metanfetaminas, ideado hace más de 25 años. La agencia antinarcóticos va más allá de describir un esquema comercial y lanza dardos contra las autoridades chinas y mexicanas. “A pesar de los controles impuestos por los Gobiernos de México, el flujo de precursores químicos hacia México continúa sin disminuir”, afirma la agencia.

La fuerza antinarcóticos señala que Sinaloa está diversificando sus proveedores de químicos y está volteando a ver también a India, donde hay una de las mayores industrias farmacéuticas del mundo. Entre los 47 países en los que tiene presencia, el cártel está volteando a ver otros mercados. En el Sudeste asiático y Oceanía, su principal negocio son las metanfetaminas, “sus ganancias son 100 veces mayores a las de sus ventas en Estados Unidos”, sostiene la DEA. En África, la organización tiene puntos donde hace el trasvase de los cargamentos de droga para el mercado europeo, según esta versión. Sus operadores financieros han sido identificados desde Centroamérica y Sudamérica, pasando por España y Marruecos, hasta Sudáfrica, Rusia y Australia.

En México controlan el puerto de Manzanillo y la mayor parte de la frontera con Estados Unidos, desde Tijuana hasta Ciudad Juárez, según el informe. “El Cartel de Sinaloa puede operar con libertad en algunas partes de México porque tienen una red corrupta de miembros de las fuerzas del orden, militares y contactos políticos”, dice la DEA. Al final de su diagnóstico, habla de los nuevos focos rojos, como la “tusi” (del inglés 2c-b), un alucinógeno que se obtiene al combinar cocaína, metanfetamina y ketamina, altamente popular en las principales ciudades de Estados Unidos. “Siempre está buscando sacar provecho de las tendencias de drogas ilegales del momento”, zanja.

CJNG: lazos de sangre y franquicias criminales

La DEA describe la cúpula del Cártel Jalisco como una amalgama de alianzas selladas por “lazos de sangre” y matrimonios en la extensa familia política de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho. Su esposa, Rosalinda González, ha sido acusada de narcotráfico, al igual que dos de sus hijos, así como al menos cinco de sus cuñados, de acuerdo con documentos judiciales de México y Estados Unidos. Su hermano Antonio Oseguera fue capturado en México, pero liberado más tarde por falta de pruebas. Los familiares de González encabezan a Los Cuinis, los principales aliados del cártel. La primera línea de la organización tiene a El Mencho como líder indiscutido y a un pequeño grupo de lugartenientes que le rinden cuentas de forma directa. Por abajo está una serie de jefes de plaza, que supervisan los negocios regionales de la organización, según la agencia. “El Cartel Jalisco opera bajo un modelo de negocio de franquicias”, asegura.

Las franquicias permiten que cada grupo opere casi como una célula independiente y se especialicen en distintos puntos de la cadena criminal o atiendan de forma diferente las necesidades de sus mercados locales. A cambio, tienen que acceder a “prácticas comerciales” dictadas por el liderazgo de El Mencho, como incluir la “marca” del CJNG y aceptar directrices sobre su estructura operativa. La toma de decisiones está centralizada, pero son las franquicias las que absorben los costos de operación. El Cártel toma un porcentaje de las ganancias y puede expandirse de forma más rápida, de acuerdo con la DEA. El modelo, sin embargo, tiene debilidades. “Algunos grupos de franquicias que operan bajo el nombre del Cártel Jalisco forman sus propias alianzas con otros grupos criminales, algunos de los cuales están en oposición directa con las alianzas de otras franquicias”, señala el informe.

“Aunque el Cártel Jalisco no puede igualar la capacidad de producción de fentanilo del Cártel de Sinaloa, han inundado las calles estadounidenses con fentanilo, a menudo mezclado con otras drogas como la heroína, la cocaína y la xilacina”, sostiene la DEA. Con todo, el órgano antidrogas señala al CJNG como la principal fuente de cocaína en ese país y dice que está invirtiendo millones de dólares en ganancias para garantizar su expansión a otras partes del mundo, como Japón, Australia y Europa. “Estableció centros de distribución en España a inicios de 2023, como parte de un plan en marcha para expandirse a los mercados de drogas europeos”, expone el documento. 

La organización tiene representantes y aliados en 40 países, a pesar de que fue fundado hace apenas 10 años, según el reporte. Lo caracteriza también por su violencia y lo acusa de estar detrás de los atentados contra Omar García Harfuch, antiguo jefe de la Policía de Ciudad de México, en 2020 y contra el convoy de Alejandro Giammattei, entonces presidente de Guatemala, en 2022. Las víctimas, que salieron ilesas, no son mencionadas por nombre.

La DEA no da credibilidad a los “narcomensajes” que aparecieron en varias ciudades de México, en las que ambos cárteles aseguraron que iban a imponer un “veto” al tráfico de fentanilo y lo desecharon como una “maniobra de relaciones públicas”. La agencia antidrogas afirma que no cayeron las cantidades de droga decomisada ni aumentaron los precios de la droga en las calles estadounidenses. El año pasado hubo más de 59.000 muertes por sobredosis de opioides en Estados Unidos, según datos provisionales de las autoridades sanitarias. La agencia sostiene que el CJNG mantiene el control del puerto de Manzanillo, la principal puerta naval del país rumbo a Asia, así como varias terminales en el golfo de México, como Matamoros y Veracruz.

Muertes por sobredosis de opioides en Estados Unidos

El Gobierno estadounidense ha lanzado una ofensiva judicial tras la caída de El Chapo, que tenía en la mira a El Mayo y a Caro Quintero, y en prisiones estadounidenses a Ovidio Guzmán y Rubén El Menchito Oseguera, hijo del capo del CJNG. El cerco ha llegado a funcionarios mexicanos de alto perfil, como Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública en el Gobierno de Felipe Calderón y declarado culpable de colaborar con el Cártel de Sinaloa durante las últimas dos décadas. Pese a las tensiones con las autoridades mexicanas, la cruzada contra los cárteles mexicanos también se hace explícita en el informe. “La mayor prioridad de la DEA es perseguir y derrotar a los dos carteles mexicanos: Jalisco y Sinaloa, que son los principales responsables de la actual epidemia de fentanilo que está envenenando a Estados Unidos”, concluye.

El golpe de “El Mayo” y Joaquín Guzmán

En un operativo realizado al margen del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, con quien se había roto la confianza, las agencias norteamericanas lograron la captura de Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín Guzmán López, con lo cual golpean a las dos principales facciones del cártel de Sinaloa, lo que ha creado una fuerte inestabilidad interna y una guerra entre “los chapitos” y “los mayitos”, la cual tiene ya semanas de enfrentamientos violentos, bloqueos de carreteras, balaceras, ejecuciones, secuestros y un estado de terror en Sinaloa y en parte de los estados vecinos.

El nuevo gobierno mexicano, dirigido por Claudia Sheinbaum no parece tener una estrategia clara de qué hacer con la lucha interna que se ha desatado al interior del cártel de Sinaloa y el caos social que esto genera.

Tampoco la DEA y las demás agencias norteamericanas tienen una idea clara de qué sucederá con la guerra interna del cártel de Sinaloa. El escenario es complejo, pero la cadena de suministro de fentanilo en los EEUU ha disminuido, lo mismo que las muertes por sobredosis en las semanas que van de enfrentamientos en México. 

Puede prolongarse el enfrentamiento y haber una separación definitiva, donde cada una de las facciones trabaje por su lado; puede suceder que una de las facciones se imponga a la otra y fije condiciones. En apariencia quienes tienen más posibilidades de imponerse son los llamados “chapitos”, de los cuales solo quedan ya dos hermanos, pero el propósito del gobierno norteamericano es debilitar a este cártel, y lo está logrando, al haber roto la pax narca impuesta por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Sin importar quien gane la elección presidencial de noviembre en los Estados Unidos, se está trabajando en la estrategia de debilitar al cártel de Sinaloa, pero también al cártel de Jalisco.

El propósito es terminar con la pax narca y presionar al nuevo gobierno de Claudia Sheinbaum para presentar un frente común en contra de los dos cárteles, aun cuando la nueva presidenta se resiste al uso de la fuerza, aunque ya ha presentado un plan donde fija políticas de acción basadas en un uso más eficaz de la Guardia Nacional, de los servicios de inteligencia y de la coordinación con todos los gobiernos estatales y sus fiscalías.

Es importante considerar que el nuevo Secretario de Seguridad Pública es Omar García Harfuch, quien sufrió un atentado para asesinarlo de parte del cártel Jalisco, del cual salió gravemente herido, aunque logró salvar la vida. García Harfuch es el hombre de confianza de Claudia Sheinbaum en materia de seguridad y, aunque los militares tienen un poder mayor, la opinión del nuevo Secretario de Seguridad Pública cuenta mucho en el nuevo gobierno.

Para comenzar el nuevo gobierno, la inteligencia norteamericana ha optado por romper la pax narca, lo que es el inicio de un plan mucho más amplio para ir contra los cárteles de Sinaloa y Jalisco, estableciendo un nuevo escenario donde todo indica que el gobierno mexicano ya no podrá ser omiso, y menos guardar relaciones o permitirlas con los grandes capos del narcotráfico mexicano.

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