Por: Rodrigo Tejeda
Moreno Cárdenas ha dirigido a un PRI plagado de traidores, entre ellos la mayoría de los gobernadores que perdieron en sus estados y le cedieron el cargo a Morena, pero cabe la pregunta de si no es él el traidor más grande de todos y, para salvar el cuello, se comprometió a demoler al PRI
Lo que está haciendo con el PRI Alejandro “Alito” Moreno cada vez se presta más a una narrativa de sospecha; de consigna de devastación, cuyos móviles pueden ser oscuros, perversos.
Partamos de un hecho duro, incontrovertible: AMLO se propuso, como uno de sus principales objetivos, desmantelar al PRI durante su sexenio, o dejarlo en tal ruina que tenga una obligada extinción, como le ha sucedido al PRD, el partido que el tabasqueño desmanteló para fundar Morena, primero como movimiento y ahora como el partido oficial en el poder; de un poder transexenal que pretende perpetuarse, como lo hizo en su momento histórico el propio PRI.
Alejandro Moreno era una figura segundona, exgobernador de Campeche, sí, pero no parte de los liderazgos más reconocidos del priismo. Un político joven que podría considerarse como parte de la “generación podrida”, de los gobernadores del periodo de Enrique Peña Nieto.
Ya en el cargo, al que llega de una manera discreta como un relevo generacional, al término del periodo de Claudia Ruiz Massieu Salinas, el 18 de agosto de 2019, cuando ya se había consumado el proceso presidencial donde AMLO es electo de forma abrumadora, se pensaría que Alejandro Moreno realizaría una revisión del partido a fondo, después del fracaso más grande de su historia, pero todo siguió igual.
Investigado a fondo por los servicios oficiales de inteligencia, que han tenido como principal quehacer investigar a la oposición y a todo liderazgo de interés para el movimiento de la 4T, Alejandro Moreno resulta un verdadero animal de pantano, sumido en la corrupción hasta el cuello.
En lo que sería una tónica de la operación política presidencial practicada por AMLO, el presidente nacional del PRI recibe las dos propuestas obligadas: cooperar para el beneficio político de Morena, con la impunidad garantizada y algunas recompensas, o bien enfrentar judicialmente todos sus actos de corrupción, como peculado, desviación de recursos públicos, fraude y demás.
En apariencia el intermediario de la “negociación” fue Manuel Velasco, del PVEM, exgobernador, muy corrupto, de Chiapas y amigo de Moreno Cárdenas.

La versión del dirigente nacional fue el resistirse a la intimidación, lo que da origen a una campaña salvaje de exhibición de sus corruptelas, manejada por Layda Sansores, gobernadora de Campeche, quien utiliza un programa especial denominado “Los martes del Jaguar”.
La primera exhibición de Alejandro Moreno en “Los martes del jaguar” fue el 22 de mayo de 2022, y no era ninguna casualidad. El propósito de apoderarse de la mayoría de las gubernaturas por parte de Morena no se estaba cumpliendo.
En 2019 Morena logró sumar apenas 4 gubernaturas, quitándole 2 al PRI y 2 al PRD, pero el PRI conservaba 12 y el PAN 11, lo que hacía una mayoría para la oposición. Había que acelerar el paso y la oportunidad eran las elecciones de 2022.
En 2020 Morena había logrado sumar otras 2 gubernaturas, para tener apenas 6, pero el PRI seguía teniendo 12 y el PAN había bajado a 9; la oposición seguía siendo amplia mayoría.
Pero en ese año de 2022 Morena dio el gran salto, al lograr quitarle 8 gubernaturas de golpe al PRI, que pasó de 12 a tan solo 4, mientras que el PAN bajó a 7, con lo cual Morena y sus partidos satélites alcanzaron por primera vez la mayoría. El objetivo estaba cumplido, pero iban por más.
Alejandro Moreno debió renunciar en 2022, por protocolo elemental, pero extrañamente hizo exactamente lo contrario: se apoderó de toda la estructura de decisión nacional del partido, es decir su consejo y todos los órganos correspondientes, convirtiéndose así en el nuevo dueño del partido.
También extrañamente, aunque fue exhibida con detalle toda su corrupción, no se interpuso ni una sola demanda judicial en su contra, ni en Campeche ni en la ciudad de México. Hasta la fecha sigue apareciendo nueva información, pero él goza de cabal impunidad.
En 2024 el PRI pierde frente a Morena el estado de México, la entidad más importante en población y la más emblemática, con lo cual Morena pasa a 21 gubernaturas bajo su control, más 1 de sus aliados. El PRI se queda con tan solo 2 gubernaturas. En resumen, Alejandro Moreno ha perdido 10 gubernaturas, pero viene la elección presidencial; la cereza del pastel para Morena.
Empleando todos los recursos lícitos e ilícitos, pero también la incompetencia de la alianza de la oposición, que limitó intencionalmente a su candidata, Xóchitl Gálvez, quien fue seleccionada a falta de la capacidad de los partidos para generar un representante propio, la candidata oficial, Claudia Sheinbaum, arrasa en la elección al obtener 35 millones 924 mil votos, 5 millones más que el propio AMLO.
El PRI como partido queda pulverizado, con apenas 5 millones 736 mil votantes, el nivel más bajo de su historia, que representó el 9.54% de todos los votos emitidos, lo que le ubicó en un cuarto lugar, por debajo de Movimiento Ciudadano, que logró el 10.32% de los votos.

APODERARSE DE LOS DESPOJOS
Ante semejante desastre, Alejandro Moreno debía irse, desde cualquier lógica posible, pero hace exactamente lo contrario: se apodera de los despojos del PRI, modificando los estatutos del partido, por medio de lo cual se reelige para un periodo más y se atribuye facultades autoritarias, que le permiten, en teoría, ingerir en la decisión de los Comités Directivos Estatales del partido en los estados, además de iniciar una purga de sus críticos y opositores.
Esto está más allá de toda lógica y de todo sentido común. Algo huele bastante mal en este asunto. La no reelección era uno de los principios elementales que le quedaban al viejo partido emergido de la revolución de 1910.
¿Se trata de aprovechar las prerrogativas de lo que queda del partido, al costo que sea, porque un partido siempre sigue siendo un negocio? Una narrativa demasiado elemental, pues Alejandro Moreno no ha sido tocado en ninguno de sus muchos bienes, pese a que es algo que puede hacer en el momento que quiera el gobierno morenista.
Moreno Cárdenas ha dirigido a un PRI plagado de traidores, entre ellos la mayoría de los gobernadores que perdieron en sus estados y le cedieron el cargo a Morena, pero cabe la pregunta de si no es él el traidor más grande de todos y, para salvar el cuello, se comprometió a demoler al PRI, lo cual, dadas las circunstancias, no era una tarea muy difícil, como no lo fue para Enrique Peña Nieto en su momento.
¿Qué obtiene Alejandro Moreno? No poco: la impunidad que ha tenido hasta ahora y adueñarse de un partido que, minoritario ya, sobrevivirá algunos años más; tal vez el equivalente al próximo sexenio que inicia en octubre de este año. El cinismo le sobra, lo mismo que la ambición y la más absoluta irresponsabilidad.
Para la camarilla política de AMLO, un grupo que se ha propuesto fincar un cambio de régimen que trae de vuelta el autoritarismo, el populismo y la autocracia, el desmantelamiento del PRI significa la eliminación de la estructura política territorial más importante que existía en México, la cual había mostrado la capacidad de retomar el poder después de los dos gobiernos malogrados del panismo. En gran medida todo esto ha sido posible gracias a Alejandro Moreno.
Como se puede apreciar, todo ha salido demasiado bien y rápido para que sea una simple casualidad, pues en política jamás ha habido casualidades, por lo menos no de este tipo. Tenemos, en tan solo seis años, un nuevo partido hegemónico en México, lo que es una pésima noticia para la democracia, y para muchas otras cosas de la vida de los mexicanos.







