El PRI de Coahuila: puesto entre ‘Alito’ y Sheinbaum

El PRI de Coahuila: puesto entre ‘Alito’ y Sheinbaum

Por: Álvaro González

Ni el vidente más dotado hubiera podido anticipar un escenario como el que está viviendo hoy el PRI. Un partido que gobernó de forma absolutista al país por casi todo un siglo; un fenómeno en la historia política no solo nacional sino internacional, ahora bajo el poder de un sujeto atorrante, impresentable, grotesco.

¿Qué puede hacer el priismo de Coahuila puesto entre las locuras de Alejandro “Alito” Moreno y el segundo gobierno de la 4T encabezado por Claudia Sheinbaum?

Se requiere la pérdida de la realidad y, en consecuencia, el sentido de toda cordura, para apoyar lo que está haciendo Alejandro Moreno con la dirigencia del PRI nacional, más cuando Coahuila y, de forma un tanto simbólica, Durango, son los dos únicos estados que tienen gobernadores priistas, uno en su primer año apenas y el otro en el segundo.

Ni el vidente más dotado hubiera podido anticipar un escenario como el que está viviendo hoy el PRI. Un partido que gobernó de forma absolutista al país por casi todo un siglo; un fenómeno en la historia política no solo nacional sino internacional, ahora bajo el poder de un sujeto atorrante, impresentable, grotesco. Si así sucede será el anunció anticipado de una muerte muy indigna para el gran ogro filantrópico, como llamaba Octavio Paz al estado, pero le viene bastante bien al Revolucionario Institucional.

Para un gobernador como Manolo Jiménez la situación debe ser incomodísima, pues por un lado se lo tiene que pensar con sumo cuidado qué postura asumirá, ante una dirigencia nacional que ya prácticamente no representa sino a un puño, pero además se ha echado encima atribuciones centralistas, como ingerir en las decisiones del partido en los estados, lo que es obvio que no le puede permitir un gobernador, pues poderes reales el tal “Alito” no tiene ninguno, como no sea el gritonear y lanzar procacidades.

El discurso que maneja el “nuevo PRI” solo da para vergüenzas, y los electores coahuilenses votaron apenas el año pasado para darle todo el apoyo a Manolo Jiménez.

La cordura parece indicar que no queda más relación que una sana distancia, bajo reserva de ver lo que sucede en el corto y mediano plazo. Llevar a cabo su propio proyecto de gobierno y mantenerse a la distancia de la dirigencia nacional, no involucrarse en sentido alguno e ir pensando en el escenario de las elecciones de 2027, una vez que se despeje el escenario del nuevo gobierno de Claudia Sheinbaum.

RUBÉN MOREIRA: UN ESTORBO

En medio de esta calamitosa situación política anda por ahí la figura de Rubén Moreira, quien se sigue vendiendo con la idea que, de alguna manera, es parte el priismo coahuilense, de la única reserva del revolucionario institucional; de la más importante isla que queda del partidazo.

Rubén Moreira, así de grande y voluminoso como es físicamente, se asemeja a la anecdótica incomodidad de tener un elefante a mitad de la cocina. Estorba, y estorba muchísimo, porque en Coahuila ya no representa nada, o más bien sí: representa la animadversión de sectores muy amplios de la sociedad coahuilense.

Rubén Moreira sigue en la política porque está, desde que se fue de la gubernatura, viviendo de consorte; de las rentas políticas de su esposa Carolina Viggiano, quien sigue siendo, para la ignominia, el brazo derecho de “Alito” Moreno, lo que le ha permitido convertirse en diputado federal plurinominal permanente, inclusive en coordinador de la bancada priista.

En sus sueños, el mayor de los hermanos Moreira se piensa inclusive un ideólogo y, aunque usted no lo crea, también sueña con ser de izquierda, cuando no fue más que el orgullo del nepotismo de su hermano Humberto, y su tapadera.

Ya Miguel Riquelme sintió, como gobernador del estado, que la deuda de Coahuila es una loza pesadísima de cargar, a la que está condenado el estado por al menos tres décadas, si no es que más. Gobernar, con todo el gasto de inversión dedicado a pagar una deuda sin fondo, es un problemón que limita todos los proyectos de obra pública y de cualquier otro tipo que se deseen emprender. Cuando se gobierna con todo ese peso encima se comprende, en toda su extensión, todo el daño que hicieron los Moreira a Coahuila, e indigna que un Rubén Moreira se siga queriendo colgar de su condición de coahuilense.

Él, como gobernador, se pudo mover con mucho mayor comodidad porque todavía le tocó el gobierno de Enrique Peña Nieto, quien les debía favores, pero gobernar con Morena en el poder se ha vuelto un doble problema; el estar entre la espada amenazante del poder central y el muro de la insolvencia económica.

De varias maneras se puede maniobrar, eso lo demostró el gobierno estatal pasado, pero las cosas caminarían con mucho mayor soltura sin la terrible herencia de los hermanos Moreira.

FRENTE A CLAUDIA SHEINBAUM

Miguel Riquelme confrontó a Andrés Manuel López Obrador en la primera parte de su gobierno, cuando la oposición conservaba más de la mitad de las gubernaturas. No fue una confrontación radical, pero sí la fijación de una postura independiente, pero pronto se vio que  AMLO no toleraba confrontación alguna, aunque tuvo que aguantar el tiempo necesario para desmantelar al PRI y hacer desaparecer al PRD.

Los gobernadores que secundaban a Miguel Riquelme se fueron yendo, y al final se quedó casi en solitario, pero salvó la dignidad y algo mucho más importante: sustrajo a Coahuila del pacto de los “abrazos, no balazos”, con lo cual, y el impulso industrial de la entidad, logró llevar a buen término un gobierno bastante digno.

Manolo Jiménez tiene el reto de conservar y fortalecer el modelo de seguridad, de seguir impulsando el desarrollo industrial, pero necesita de mejorar la infraestructura y solventar sin tantas dificultades el gasto corriente, y de ahí surge la disyuntiva: ¿Cómo plantear las relaciones con el nuevo gobierno de Claudia Sheinbaum?, quien tendrá aún más poder que el propio AMLO, por lo menos en el papel y en el rompimiento de los contrapesos al poder central.

La expectativa es que Sheinbaum resulte una presidenta más moderada y más conciliadora que AMLO, pero muchos analistas consideran que es una gente más de izquierda, con más poder, al cual es ingenuo pensar que renunciará, por lo que puede resultar más autoritaria y más centralista.

De entrada, todo el gabinete legal y el ampliado que han sido dados a conocer, son políticos de la ciudad de México, muchos, la mayoría, heredados de AMLO y el resto gente que colaboró con ella en el gobierno capitalino, por lo que no hay ninguna representación de carácter regional en el nuevo poder central. Todos son chilangos y, la mayoría, miembros de la secta de la 4T, un grupo cerrado que se viene conformando desde el periodo de AMLO en el gobierno de la ciudad de México.

Claudia Sheinbaum está tratando de orientar su gobierno en los 100 compromisos que hizo de campaña, por lo que ha anunciado 3 mil kilómetros de nuevas vías ferroviarias para pasajeros; 13 nuevas carreteras; 5 nuevos polos de desarrollo regional, con la construcción de hasta 100 nuevos parques industriales, entre otras obras, pero las malas noticias es que hay malos pronósticos con la economía y, además, todas las obras y programas es muy probable que se realicen bajo un esquema centralista, que desplaza a los gobiernos estatales y municipales e incluso podría apretar aún más los recortes presupuestales.

Es un hecho que la economía mexicana, de acuerdo a los últimos datos oficiales de la primera quincena de julio, se está desacelerando, y podría crecer en 2024 menos del 2.0% anual, pero en 2025, a menos que las cosas tengan un giro inesperado, caer hasta niveles de tan solo el 1%, lo que implica menos ingresos fiscales y menos porcentaje de participación federal.

Falta ver el factor Donald Trump, si el ultraderechista y sátrapa político y magnate norteamericano gana la presidencia en noviembre próximo, lo que sería un escenario muy delicado para los intereses económicos y políticos de México. 

La presidenta electa ha prometido que bajará el déficit fiscal de un 6% hasta un 3.5% o, de preferencia, un 3%, lo que implica recortar el sobre gasto público a la mitad, pero al mismo tiempo está anunciando que incrementará el gasto de los programas sociales y el inicio, en octubre, de mega obras, pero se desconoce cómo es que financiará lo que se propone, o en términos más concretos cómo estará diseñado el presupuesto de egresos de la federación que se presente en octubre.

Estando, como está, casi en solitario en términos reales, el gobernador Manolo Jiménez está buscando una relación más cercana con la nueva presidenta, pero junto a ella existen muchas voces que desean la desaparición del PRI, y esta es una idea que sigue atrayendo al morenismo y a otros actores políticos a nivel nacional.

La disciplina administrativa, cierta austeridad y una concentración en pocos proyectos estratégicos y prioritarios, parecen ser la alternativa más realista del nuevo gobierno estatal. Esperar el apoyo del poder central es una apuesta muy riesgosa, que debe tomarse sólo como una posibilidad; si se da sería muy bueno, excelente, pero si no se da hay que salir adelante con los propios recursos, no hay más.

Distraerse en lo que pase o deje de pasar con las locuras de “Alito” Moreno y su pequeño grupo, ni tiene sentido, ni deja nada que sea de provecho y si puede generar problemas.

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