¿Los impuestos bajarán el consumo de refrescos?

¿Los impuestos bajarán el consumo de refrescos?

Por: Marcela Valles

Para modificar los hábitos de alimentación de la población, y hacerle entender que no le conviene comer ciertas cosas, se requiere un trabajo educativo enorme, porque ya los hábitos están arraigadísimos y, lo que es peor, comienzan desde la infancia. 

Como política de recaudación el subir los impuestos a los refrescos y a los cigarros debe funcionar bastante bien, porque el consumo es altísimo, pero justificarlo como política de salud es bastante dudoso porque, al menos en el caso de los refrescos, será muy difícil que el consumo disminuya por el solo recurso del incremento de precio que tendrán.

Las tiendas de autoservicio como el OXXO o SEVEN, por citar dos, la primera con decenas de miles de establecimientos en todo el país, son algo así como la Disneylandia de la comida chatarra, todo ello presentado en forma atractiva, en tiendas muy cuidadas y en climas controlados, siempre frescos.

Sería larguísimo citar el listado de todos los productos que se venden ahí, con altísimos contenidos de azúcar, grasas saturadas, sodio y todo tipo de sustancias preservativas. Un solo paquete de pastelillos de la marca BIMBO tiene una cantidad de calorías que espanta, por lo menos a quien tenga conciencia de ello, pero igual se consumen y se consumen en enormes cantidades.

Una característica de estos productos, como la Coca-Cola o BIMBO es que tienen una eficientísima cadena de distribución. Puede uno encontrarse en lugares que se podrían considerar completamente remotos y ahí alguien vende Coca-Cola y BIMBO, aún en medio de la selva, prueba de ello es que el estado de Chiapas tiene un récord mundial en consumo de Coca-Cola.

La disponibilidad del producto es el principio de la mercadotecnia y ello lo cubren con una eficiencia tremenda, de excelencia ¿Cuándo ha visto un camión distribuidor de BIMBO sucio, descuidado o viejo? 

Pero además de estas Disneylandias de la comida chatarra, que incluye hasta los changarros de los ranchos más apartados, han proliferado por todo el país restaurantes de lo que se denomina “comida rápida” y es en realidad también comida chatarra. 

Al azar vamos a poner un ejemplo: la cadena Kentucky Fried Chicken, pollo frito, pero un pollo con pellejo, espolvoreado en harina y sumergido en una tina de aceite hirviente; un aceite que se usa muchísimas veces. Se acompaña con papas o con puré y aderezo. Pura caloría y el uso de los aceites hirvientes tiene serias repercusiones de salud, en la opinión de los expertos. Ahí no hay sellos, ni especificaciones de calorías impresas, pero si las hubiera asustarían.

El caso es que, si los nuevos impuestos se tratan de justificar como una decisión de políticas de salud, alguien nos quiere tomar el pelo.

Para modificar los hábitos de alimentación de la población, y hacerle entender que no le conviene comer ciertas cosas, se requiere un trabajo educativo enorme, porque ya los hábitos están arraigadísimos y, lo que es peor, comienzan desde la infancia. 

Si se trata de pagar uno o dos pesos más por cada refresco, sin pensarlo siquiera los van a pagar. La Coca-Cola, como el cigarro, es adictiva. No se exactamente que contenga, pero es adictiva, porque hace sentir bienestar a quien la toma a diario, a mañana tarde y noche, especialmente en los climas cálidos como el nuestro.

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