Por: Álvaro González
¿Por qué no está en funcionamiento el Metrobús si las obras están terminadas casi en su totalidad hace casi diez años? El argumento oficial es que faltan recursos financieros, pero el argumento más sustentable es que no ha habido la voluntad política para hacer lo que haya necesidad y ponerlo a funcionar.
Un irresponsable dirigente empresarial de Torreón declaró a los medios que las obras del Metrobús, un proyecto que tiene 10 años de retraso pese a ser esencial para la ciudad, se debe desechar si no se pone a funcionar, al mismo tiempo que un grupo de comerciantes del depauperado Mercado Alianza afirmaron que las instalaciones no sirven y solo les estorban.
El proyecto de movilidad urbana más importante que se ha planeado para la ciudad sigue parado, en espera de voluntad política y de presupuesto, mientras Torreón sufre uno de los sistemas de transporte público más obsoletos e ineficientes del país.
La consecuencia más importante ante la falta de modernización del transporte público le está costando muy cara a la ciudad, que siendo una ciudad de tamaño apenas mediano enfrenta ya serios problemas de movilidad urbana, y un sobrecrecimiento del parque vehicular particular, pues a falta de un transporte público que le preste el servicio, cada vez más familias han tenido que recurrir a la compra de vehículos; nuevos o usados; nacionales o “chocolates”, que no es sino chatarra desechada por el mercado norteamericano.
Los números no dejan lugar a especulaciones. De 2019 a 2023 el parque vehicular en la ciudad pasó de 201,829 unidades a 257,524, en cifras oficiales, lo que representa un preocupante crecimiento del 27%, que es enorme para un lapso de tiempo tan corto, más considerando que abarca el periodo de la pandemia de Covid-19.
Desde que se iniciaron las obras del Metrobús el parque vehicular en la ciudad al menos se ha duplicado, algo que podría haberse evitado con un buen transporte público.
En estos diez últimos años tenemos el doble de vehículos circulando, lo que genera un fuerte impacto ambiental, con niveles muy altos de contaminación del aire; insuficiencia de las vías de circulación más importantes que se disponían y canalización de recursos públicos municipales y estatales, los que han tenido como prioridad la construcción de obras viales para la circulación vehicular, en detrimento de la inversión en otros servicios básicos, como el drenaje, el agua potable y el propio mantenimiento del pavimento, que son por cierto servicios que se cobran anexados al impuesto predial, generando una carga tributaria cada vez más alta.
¿Por qué no está en funcionamiento el Metrobús si las obras están terminadas casi en su totalidad hace casi diez años? El argumento oficial es que faltan recursos financieros, pero el argumento más sustentable es que no ha habido la voluntad política para hacer lo que haya necesidad y ponerlo a funcionar.
Entre mezquindades, recelos, diferencias políticas y falta de capacidad ejecutiva, la obra sigue detenida.
Los concesionarios del transporte público, a quien antes se conocía como “el pulpo camionero”, son un gremio socialmente muy irresponsable, que se ha manejado siempre bajo la consigna de la mezquindad, pero meterlos al orden y a la modernidad es una tarea gubernamental que se ha evitado asumir.
No hay ningún secreto técnico, ni logístico, ni financiero, con o sin concesionarios obsoletos y mezquinos, lo que falta es voluntad política y responsabilidad social.



