Morena en Coahuila: división, nepotismo y corrupción

Morena en Coahuila: división, nepotismo y corrupción

Por: Gerardo Lozano

Hasta ahora la capacidad de Morena para ejercer gobierno en Coahuila es muy cuestionable. El desempeño de los pocos alcaldes que ha tenido ha ido de la mediocridad al escándalo, inclusive a hechos de corrupción que ameritan procesos judiciales 

Morena, como partido, irrumpe en Coahuila apenas en las elecciones de 2018, antes de ello su presencia era mínima, casi inexistente, así que es un partido muy, muy joven, pero tan solo seis años y medio después, al inicio de este 2025, está ya plagado de facciones internas, de vicios tan lamentables como el nepotismo y, lo que es aún peor, por la corrupción. No es una casualidad que el estado se mantenga como el último de los estados con gobierno priista en el país, ni que la casi totalidad de sus gobiernos locales sean del mismo partido.

Siendo un partido que se define como de izquierdas, desde su nacimiento está plagado de figuras de expriistas y expanistas ubicados en posiciones claves, pero enfrentados entre sí, lo que genera una muy fuerte división interna y una tendencia tribal; la misma que terminó por sepultar al PRD, el cual ha dejado de existir formalmente en Coahuila.

Es difícil inclusive identificar a tantas facciones internas como hay. 

Está Cecilia Guadiana, senadora de la república, y pareja de Américo Villarreal, el nuevo delegado estatal de la Secretaría del Bienestar en Coahuila.

Cecilia Guadiana fue nominada a senadora sin experiencia política alguna, solo por la voluntad de su fallecido padre, Armando Guadiana, fundador del partido en el estado, quien además de la herencia política le dejó una herencia millonaria en pesos y dólares.

Con la llegada de Américo Villarreal, hijo del gobernador morenista de Tamaulipas del mismo nombre, se desvirtúa la función del cargo de delegado estatal del bienestar, al convertir su nombramiento en otro acto frívolo de nepotismo, de alguien que ni tan siquiera es coahuilense. 

Ambos, senadora y delegado, conforman una facción importante, por el control de los programas del bienestar y las relaciones que pueda establecer Cecilia Guadiana, quien radica en Saltillo. 

Otra facción es la de Ricardo Mejía Berdeja, quien en la pasada elección por la gubernatura tuvo a bien partir en dos el morenismo, haciéndose candidato por el PT. Hoy es diputado federal plurinominal por el mismo partido y tiene como principal base de apoyo a la familia Flores Guerra, quienes le financiaron por medio de una enorme trama de corrupción en el negocio del carbón, a través de la CFE.

Esta facción tiene una parte de la clientela, pero puede enfrentar problemas a corto plazo, inclusive de tipo legal.

Una facción más es la del también senador, Luis Fernando Salazar Fernández, conocido expanista, quien, con sus propios recursos, controla a otra parte de la clientela del partido y tiene sus propias ambiciones personales, como la presidencia municipal de Torreón o la gubernatura, a la cual también aspira Cecilia Guadiana allá en el 2029. Es apoyado por el actual dirigente estatal, Diego del Bosque, y por personas como el diputado local Antonio Attolini, ambos laguneros, controla algunas secretarías dentro del Comité Estatal. Su enemistad con Cecilia Guadiana es acervada; declarada, lo cual es correspondido por la senadora de la misma manera.

Shamir Fernández, exdiputado local y federal por el PRI en varias ocasiones, quien saltó a Morena para hacerse candidato a la presidencia municipal de Torreón, perdiendo la elección, aglutina a su propio grupo de expriistas e insistirá en sus aspiraciones. Para poder sobrevivir en Morena y continuar su carrera necesita controlar una parte de la clientela del partido. Su principal problema parece muy singular: es muy probable que en la próxima elección por la alcaldía de Torreón y de la gubernatura, por disposición inclusive formal, le toque el turno a las mujeres y quede fuera de la contienda.

Precisamente por esa posibilidad de que los próximos procesos electorales toque el turno a las mujeres, hay otra facción encabezada por Cintia Cuevas Sánchez, exdelegada de los programas del bienestar en La Laguna y hoy diputada federal, quien de mala gana aceptó la diputación federal, pero solo como una compensación a sus aspiraciones. Tiene su propio grupo y posiciones en el Comité Estatal, donde ha colocado a su hermana Nancy Cuevas Sánchez en la Secretaría de Finanzas y a Marco Antonio Beltrán en la Secretaría de los Jóvenes, dos posiciones claves.

La dirigencia estatal de Diego del Bosque Villarreal es débil e inclusive incierta. Aunque fue electo para estar en el cargo hasta el 2027, está nadando en medio de las tribus del partido y bien podría ser removido en este 2025, si no logra un mínimo consenso de unidad, lo cual parece difícil.

En la visita de la nueva dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde, realizada el pasado 22 de noviembre de 2024, se dio una cena de órdago el divisionismo interno, con rechiflas para Diego del Bosque y Luis Fernando Salazar, mientras que la senadora Cecilia Guadiana fue aplaudida.

Luisa María Alcalde tuvo que reconocer, públicamente, ante los medios de comunicación, que el partido en Coahuila está dividido.

En estas turbulentas aguas, si se mueven con recursos económicos y habilidad, las mujeres parecen tener más posibilidades de imponerse a mediano plazo, tomando en cuenta las relaciones que tienen dentro del partido a nivel nacional e inclusive, en el caso de Cecilia Guadiana, su acceso a palacio nacional. 

Los próximos procesos electorales en Coahuila serán tiempo de mujeres, y eso es ineludible para todos los partidos.

MALOS ALCALDES Y CORRUPCIÓN

Hasta ahora la capacidad de Morena para ejercer gobierno en Coahuila es muy cuestionable. El desempeño de los pocos alcaldes que ha tenido ha ido de la mediocridad al escándalo, inclusive a hechos de corrupción que ameritan procesos judiciales. Lo mismo pasa con algunos de los políticos morenistas.

De la primera camada, Horacio Piña, quien se desempeñó como alcalde de Matamoros, tuvo un gobierno desaseado, plagado de corrupción e ineficiente. No hay explicación del por qué no enfrentó cargos al término de su gestión, pues inclusive pretendía reelegirse.

En Francisco I. Madero, Jonathan Ávalos tuvo dos periodos, en el primero le tocó la pandemia, en la cual se desempeñó de forma sumamente irresponsable, no obstante que es médico de profesión. En el segundo periodo se puso más de manifiesto la mediocridad y la ineficiencia de sus capacidades de gobierno, generando desorden y cuentas desaseadas. Al final hubo caos en un área tan delicada como seguridad, pero Jonathan abandonó el cargo para irse a un nuevo puesto federal como delegado de la SEGOB en Coahuila, dejando interina. Anteriormente había dejado el cargo provisionalmente por lo menos en dos ocasiones, por motivos políticos y para buscar otras posiciones de elección. Un desorden de gobierno y todo supeditado a sus ambiciones políticas personales. Es protegido de Cecilia Guadiana.

En municipios como Frontera, la administración de Roberto Clemente Piña Amaya fue muy pobre, mediocre, sin nada que destacar, lo que permitió la vuelta del PRI a la presidencia municipal, con Mario Martínez Valdez.

El caso más escandaloso fue el de Tania Flores Guerra, “la reina del carbón”, presidenta municipal de Múzquiz, quien es todo un caso de corrupción, de tráfico de influencias y de serias anomalías, las cuales deben, en rigor, generarle cargos legales en este 2025. El 30 de diciembre pasado, ella y 4 funcionarios de su administración se ampararon ante el Juzgado Tercero de Distrito, previniendo el que tengan que enfrentar procesos por diversos delitos. 

Se trata de un caso familiar, donde está coludida con su hermano: Tony Flores Guerra, actual diputado local plurinominal por el PT, quien a finales del año pasado desató un escándalo y llamó la atención de los medios y las redes sociales, al permitirse la extravagancia de aparecer en un automóvil de la marca Lamborghini, murciélago, el cual tiene un costo cercano a los siete millones de pesos.

Esta extravagancia es un acto de mal gusto y de fanfarronería; algo muy pequeño, diminuto, sobre la enorme corrupción en el negocio de la venta de carbón mineral a la paraestatal CFE, en lo cual están implicados varios políticos de Morena y de sus partidos aliados, especialmente en el financiamiento de campañas electorales en 2021, 2023 y 2024, a todos los niveles. 

Morena, por lo menos en Coahuila, se asemeja mucho a una versión autóctona de la bíblica Torre de Babel: tribus enfrentadas, lenguajes y discursos contradictorios, luchas intestinas personales, dinero sucio financiando campañas, todo menos una formación de izquierdas propositiva, seria y coherente. Es explicable que las únicas posiciones que tienen son las que han logrado tomándose de la cola de la campaña presidencial de 2024.

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