Por: Álvaro González
Las novelas de Élmer Mendoza transcurren en las calles y colonias de Culiacán, en sus bares, restaurantes y lugares públicos, empleando el argot del lenguaje local, el vocabulario cotidiano de los narcos y los policías, a quienes conoce de primera mano
Élmer Mendoza es un prolífico escritor mexicano de novela negra, quien nació en Culiacán, Sinaloa, en 1949, es decir hoy tiene ya 76 años de edad, Comenzó su carrera literaria en 1978, hace ya 47 años y es, desde el punto de vista de sus críticos, el autor mexicano que más fielmente ha captado la influencia del narco sobre la cultura y la sociedad de nuestro país.
Él nació en Culiacán, escribe desde Culiacán y su obra está ambientada en Culiacán y solo de forma ocasional en alguna otra ciudad de Sinaloa o los Estados Unidos. Tiene una zaga protagonizada por un personaje llamado Edgar El Zurdo Mendieta, que ha recibido premios internacionales en el género de novela negra, además de muchos otros reconocimientos y distinciones por su larga trayectoria y obras, publicadas varias de ellas en diez idiomas.
Las novelas de Élmer Mendoza transcurren en las calles y colonias de Culiacán, en sus bares, restaurantes y lugares públicos, empleando el argot del lenguaje local, el vocabulario cotidiano de los narcos y los policías, a quienes conoce de primera mano. Está empapado de la subcultura del narco hasta en sus detalles mínimos, lo mismo que en la cocina, las costumbres, las diversiones y el folklore de los culiacanenses y la gente de Sinaloa en general. Él nació ahí, vive ahí y afirma que ahí morirá.
Arturo Pérez-Reverte se inspiró en uno de sus personajes y en parte de su narrativa para crear la conocida obra La Reyna del Sur, que de libro ha pasado a serie televisiva, con la actriz mexicana Kate Del Castillo, la cual se convirtió en una de las obsesiones del famoso capo Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien, por supuesto, aparece en la obra de Élmer Mendoza, en novelas como Asesinato en el Parque Sinaloa (Random House, 2017).
En la opinión de J. Ernesto Ayala-Dip, del diario El País, “En las novelas de Élmer Mendoza la sangre no es un efecto especial. La sangre en sus novelas es moneda de cambio. Fluye sin remordimiento. Sin miedo. Con algo de ritual indescifrable. En esa dinámica fatal vamos instalando a Mendieta. Un detective al que los culpables siempre encuentran”.

Junto a un autor de la autenticidad y la autoridad de Élmer Mendoza, tenemos a cineastas como el francés Jaques Audiard, a quien se le ha ocurrido crear la película Emilia Pérez, que ha desatado toda una polémica mediata banal; que ha ganado varios premios y recibió, absurdamente, 13 nominaciones a los premios Oscar, en lo que es un desplante de frivolidad.
Al final la crítica y el sentido común se han impuesto, por encima de la arrogancia, e ignorancia, del cineasta francés, de los desplantes de algunos artistas e inclusive de groserías del propio Audiard, quien se ha aventurado a decir que el español, como idioma, es de gente pobre, migrante y de escasa educación, lo que fue el colmo de sus improperios.
Hizo una película sobre la problemática del narco y la desaparición de personas en México, sin tan siquiera documentarse, sin artistas mexicanos, sin locaciones mexicanas, presentándola como un musical, sin el evidente conocimiento del español, y con una trama fallida, donde un sangriento y brutal capo del narcotráfico desea convertirse en trans, pues su sueño es ser mujer.
Usar en este caso la argumentación trans es ya un disparate, pero va todavía más lejos. Ya convertido en trans, el capo se convierte en una buscadora de desaparecidos; de los que él mismo ordenó enterrar y desaparecer en fosas clandestinas. La historia no se la compró nadie y ha sido al final un fracaso. El gran sueño era tener a la primera mujer trans como ganadora de un premio Oscar, a costa de utilizar el dolorosísimo tema de las decenas de miles de desaparecidos en México, y de casi 200 mil mexicanos asesinados en los últimos seis años del gobierno izquierdista de Andrés Manuel López Obrador.
Si el petulante cineasta francés Jacques Audiard se hubiera puesto a leer un poco la obra de Élmer Mendoza, podría haber conocido del verdadero mundo del narcotráfico, la violencia y la corrupción gubernamental en México, lo que le hubiera permitido tener un guión decoroso sobre lo que sucede en el país, y ,de paso, entender cómo es que se habla el español en ese medio, y cuales son sus verdaderos usos y costumbres, por cierto brutales, en lo que es un río de sangre que corre caudaloso, arrastrando miles de víctimas, en una realidad que se vuelve cada vez más



