La salud de los gobernantes: un tema de interés público

La salud de los gobernantes: un tema de interés público

Por: Álvaro González

Primeramente, los electores y después la sociedad tienen derecho a saber si quien los gobierna padece de un trastorno grave de salud, que pueda repercutir en el desempeño de su cargo.

En una persona ordinaria, con excepción de ciertos oficios donde está de por medio la seguridad de terceras personas, el estado de su salud es un asunto de carácter privado, donde cada quien actúa como lo considera más conveniente, pero tratándose de gobernantes, la salud, por la función que desempeñan, es un tema de interés público, que no se puede ocultar y mucho menos negar.

Recientemente los medios de comunicación han revelado que el expresidente Joe Biden tiene un cáncer de próstata en un grado muy avanzado, que implica ya metástasis; un problema muy serio de salud. 

Joe Biden es un político que, aunque parece un anciano despistado y de pobre memoria, tiene un ego enorme y actúo de manera sumamente irresponsable como estadista, al pretender reelegirse, cuando ya no estaba en facultades para ello y había tenido un desempeño mediocre y una baja aprobación. Su ego y pérdida de facultades fueron oxígeno puro para la campaña de Donald Trump.

Si Joe Biden hubiera preparado y dejado el camino despejado a la vicepresidente Kamala Harris, esta hubiera vencido a Donald Trump y el mundo estaría contando otra historia.

A nivel de Coahuila, en la campaña electoral por la gubernatura de 2023, el candidato de Morena, Armando Guadiana Tijerina, estaba enfermo, coincidentemente también de un cáncer avanzado de próstata, y así hizo la campaña, la cual perdió, pero falleció en 2024, apenas un poco después de haber estado en la campaña presidencial de ese año, donde alcanzó a colocar a su hija como senadora de la república.

Personalmente me tocó observarlo en un mitin de Claudia Sheinbaum, realizado en uno de los costados de la plaza de armas en Torreón.

Yo estaba ubicado a unos cuantos metros de él, con las cámaras. Él estaba parado junto a la escalera que daba acceso al estrado, al cual subió su hija, que le iba acompañando, para presentar a Claudia Sheinbaum. Al aplicarle el zoom a la cámara pude ver con detalle el rostro de Armando Guadiana, quien intentó en cierto momento subir al estrado, pero no pudo hacerlo. El malestar era palpable en su rostro. Algo andaba muy mal y a los pocos meses falleció, ¿Qué hubiera pasado si gana la gubernatura?

Hace unas semanas, el presidente Donald Trump difundió en su red social que se había sometido a un chequeo médico y había salido excelente, cuando ya está cerca de los ochenta años de edad. Por otro medio su médico de cabecera declaró más o menos lo mismo.

Aunque con demasiada frecuencia los políticos mienten, vamos a creer que Donald Trump no tiene ningún problema de salud física importante, pero mentalmente este monstruo tiene varios padecimientos mentales, lo que es tanto o más peligroso que padecer una grave enfermedad física.

Mentalmente no está apto para desempeñar el cargo de presidente del país más poderoso de la tierra y cada día lo demuestra más. Esta es la opinión de varios expertos en psicología clínica, pero por miedo nadie se ha atrevido a externar una opinión como especialista en psicología y psiquiatría. 

EL DERECHO A SABER

Primeramente, los electores y después la sociedad tienen derecho a saber si quien los gobierna padece de un trastorno grave de salud, que pueda repercutir en el desempeño de su cargo.

Hay padecimientos menores o inclusive padecimientos graves que no afectan el comportamiento, en especial las capacidades intelectuales, pero sí el rendimiento físico.

Es el caso del expresidente Andrés Manuel López Obrador, AMLO. Se conocía que había sufrido un infarto al miocardio en el 2013, del cual en apariencia se había recuperado. No fue sino hasta que se dio el jaqueo de Guacamaya Leaks que se conoció su expediente médico en detalle y sus hábitos de trabajo.

Se supo entonces que el expresidente sufría de presión arterial alta; de una angina de pecho inestable y peligrosa; de hipotiroidismo y de otros males menores, por lo que todas las mañanas tomaba un cóctel de medicamentos y solo trabajaba hasta la hora de comida, después de la cual dormía una siesta y el resto del día lo dedicaba al descanso o a actividades personales, salvo excepciones, donde atendía algún asunto de carácter público. Durante su mandato tuvo algunas crisis graves de salud, solo una de las cuales se filtró, porque hubo necesidad de hacer uso de un avión militar para trasladarlo de Tabasco a la ciudad de México.

Se pueden tener padecimientos que no interfieren con la función gobernante, y, en ese caso, pueden ser manejados con discreción, pero un padecimiento grave, que influye en las capacidades intelectuales o físicas para el desempeño de un oficio tan difícil y estresante, debe ser del conocimiento público, como lo es ahora, por lo menos en teoría, tener un conocimiento del patrimonio de funcionarios y gobernantes. Esa es la obligación legal que se debe de cumplir. 

Lo de informar del estado de salud no es obligatorio por ley, pero debería serlo, dada su importancia.

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