Cecilia Guadiana y Américo Villarreal, orgullos del nepotismo morenista

Cecilia Guadiana y Américo Villarreal, orgullos del nepotismo morenista

Por: Marcela Valles

Villarreal puede poner casa en Saltillo, atender a su novia y talachear políticamente, todo a costa del erario, mientras que Cecilia puede atender sus quehaceres de senadora de la república, aprender algo de la política, y el resto del tiempo pasarla en Saltillo, pero ahora no a costa de sus muchos millones de pesos, sino también del erario público. 

¿Qué más se puede pedir? Joven (29 años), millonaria, senadora de la república y con la capacidad de hacer que le traigan al novio como Delegado del Bienestar en Coahuila, para tenerlo más a modo, más cerca, pues ya se sabe que el amor de lejos siempre es de pensarse.

Ya enfermo, aunque lo ocultaba, Armando Guadiana Tijerina decidió cumplir el deseo de su hija, iniciándola en la política. Morena, y en particular AMLO, le debían demasiados favores, o más bien demasiados millones de pesos, donados además cuando nadie daba un peso por Morena.

Así que Guadiana Tijerina hizo lo que quiso: fue senador, candidato a presidente municipal de Saltillo, candidato a gobernador. Solo pudo ser lo primero, porque lo demás aún con todo su dinero se le negó, y fue entonces que incorporó a su hija Cecilia a la política, haciéndola parte de la precampaña y la campaña de Claudia Sheinbaum en Coahuila, donde Cecilia hacía de presentadora de la candidata en los mítines.

Cecilia nunca había estado en la política, sino en algunos de los negocios de su papá, por lo que no sabe hablar ante un público y menos en mítines abiertos, pero le redactaban algunas dos o tres cuartillas y ella se subía al estrado y las leía, después de todo el contraste con las capacidades oratorias de Claudia Sheinbaum no era demasiado notorio. El público se aburría, pero eso era lo de menos.

Antes de fallecer, Armando Guadiana le dejó amarradas las relaciones a su hija para que fuera candidata a senadora, y lo fue en este 2024 y ganó por el impulso arrollador y la arrogancia y falta de trabajo de los candidatos priistas, quienes pensándose sobrados le emparejaron el camino, cuando en teoría no debería ganar, por lo menos no por la vía de la mayoría relativa.

Como el amor suele ser cosa de tránsito, es decir encuentras pareja por donde transitas socialmente, ya metida en la política se encontró por ahí con Américo Villarreal Santiago, el hijo mayor del gobernador morenista de Tamaulipas, con quien entabló romance. Fue como una vuelta a sus orígenes, pues Cecilia Guadiana es nativa de Laredo, Texas, así que es norteamericana y luego mexicana.

Hasta ahí cada quien sus gustos y sus amoríos, pero resulta que tanto Cecilia como Américo se las han arreglado para que Américo, obviamente por la vía del nepotismo, sea nombrado Delegado del Bienestar en el Estado de Coahuila, con sede en Saltillo, donde tiene su residencia Cecilia.

Es el primer delegado del bienestar en Coahuila que no es originario del estado y no lo conoce, pero Morena es el partido de las oportunidades y eso es lo de menos. Con el visto bueno de la cúpula dirigente de la ciudad de México casi cualquier cosa se puede.

Orgullos del nepotismo, Américo Villarreal puede poner casa en Saltillo, no muy lejos de los dominios de su papá, atender a su novia y talachear políticamente, todo a costa del erario, mientras que Cecilia puede atender sus quehaceres de senadora de la república, aprender algo de la política, y el resto del tiempo pasarla en Saltillo, pero ahora no a costa de sus muchos millones de pesos, sino también del erario público. 

Suponemos que esto debe ser parte de la nueva política; la que se hace por el pueblo y para el pueblo, pues todo se puede hacer en nombre del pueblo, que es bueno y sabio, inclusive con el nepotismo y los romances de los nuevos políticos morenistas.

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