Guadalupe Taddei y la traición al INE

Guadalupe Taddei y la traición al INE

Por: Eduardo Rodríguez

Guadalupe Taddei, quien conoce bien el instituto y tenía una trayectoria de 23 años, lo ha colonizado para los intereses de Morena, los errores cometidos bajo su dirección son muchos y muy delicados

Guadalupe Taddei Zavala llegó a presidente nacional del INE en marzo de 2023 para colonizarlo en favor de Andrés Manuel López Obrador, quien tuvo la fortuna, justo a tiempo, de que terminara el periodo de los consejeros Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, a quienes, aun usando todo el poder presidencial, no había podido doblegar, después de haberlos investigado por todos los medios y de presionarlos. Ambos tenían solvencia moral e institucional.

Guadalupe Taddei, quien conoce bien el INE y tenía una trayectoria de 23 años, ha colonizado el INE para los intereses de Morena, primero en la elección presidencial, de forma un tanto más discreta, pero en la pasada elección del 1ro. de junio por el Poder Judicial, que era algo histórico para la marcha de la república, hubo un enorme desaseo, ineficiencias injustificables y, lo más delicado, un retroceso del INE como institución garante del proceso democrático.

El INE salió de esa elección gravemente lastimado, cuando era una de las instituciones de avanzada de nuestra débil democracia, y gozaba inclusive de un prestigio internacional.

Los errores cometidos bajo la dirección de Guadalupe Taddei son muchos y muy delicados. Comenzó con el diseño del proceso, desplazando el papel central que siempre había tenido la ciudadanía, al impedir que fueran ciudadanos quienes contaran los votos e hicieran un llenado de actas de cada casilla. En esta ocasión el conteo fue asignado a personal contratado por el INE y el proceso se realizó bajo reserva, lo que le quita credibilidad, ya que pueden darse manipulaciones, más en un proceso que fue muy poco concurrido, pero con un muy alto índice de votos nulos, debido a lo complicado de las boletas.

Lo segundo fue prestarse a que el proceso se realizara con tan solo la mitad de las casillas que se instalan en cualquier elección de orden federal, más tratándose de algo tan delicado e inédito. Había la intención manifiesta de tener una baja votación, porque era parte de la estrategia de Morena y de la presidencia, pero en el cálculo no pensaron que sería tan baja, mínima.

Lo tercero fue un mal diseño de las boletas, que eran, literalmente inaccesibles a un votante promedio, por lo complicado y porque no hubo campañas electorales de parte de la enorme lista de candidatos a los diversos cargos.

El INE permitió el diseño de la elección, pero Morena había previsto ya como resolver a su favor lo complicado de las boletas por medio de “acordeones”, los que fueron distribuidos masivamente entre su clientela para poder emitir el voto en las casillas.

Al aparecer los “acordeones” y ser repartidos por Morena, hubo protestas por parte de la oposición, pero Guadalupe Taddei declaró que estos no eran ilegales, cuando se trataba de una descarada inducción al voto por parte de Morena, lo que se puede demostrar comparando dichos “acordeones” con los resultados de la elección.

Los “acordeones” debieron prohibirse, pero el propio AMLO, al acudir a votar en una casilla de Palenque, Chiapas, utilizó su acordeón, lo que fue visualmente documentado por los medios de comunicación presentes.

Al final, restando los votos nulos, muchos de los cuales se desconoce si fueron dados por válidos, la participación efectiva del proceso no superó el 10% del padrón electoral, pero, previendo que esto podría llegar a suceder, no se estableció una votación mínima para que la elección fuera válida y vinculante.

Se trató de la elección del tercer poder que conforma la república, tan importante como el ejecutivo y el legislativo. En términos serios y rigurosos esa elección debería de ser anulada, pues no se puede decidir el poder judicial a partir del voto de uno de cada diez electores que conforman el padrón nacional del país. En cualquier democracia respetable habría una anulación, pero Guadalupe Taddei ha sido la instrumentadora de esta farsa.

Los señalamientos sobre Guadalupe Taddei, que la vinculan con nepotismo de su familia directa e indirecta en su estado natal Sonora, y aquellos otros señalamientos que indicaban sus nexos de afinidad con la 4T y específicamente con AMLO, se han evidenciado en este anómalo proceso electoral, que debilita cada vez más al INE y traiciona los principios sobre los que está fincada la institución. Lo mismo pasa con el Tribunal Federal Electoral, también colonizado por Morena. 

Salvo uno de los nueve ministros de la SCJN que entrarán en funciones el próximo mes de septiembre todos están vinculados a la 4T y la mayoría han sido designados por el propio Andrés Manuel López Obrador.

Las tres ministras que están en funciones y estaban subordinadas a López Obrador: Lenia Batres, Yasmín Esquivel Mossa y Loreta Ortiz Ahlf, repetirán en el cargo, no así los otros seis ministros que se mantuvieron independientes a la presidencia y al poder legislativo, todo gracias a su aparición en los “acordeones”.

Tendremos una nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación colonizada por la 4T, pero además de un pobre perfil. No hay un solo ministro, incluido el que posiblemente pudiera ser imparcial, que pueda ser considerado una autoridad en derecho, reconocido por sus pares, mucho menos una eminencia. Todos ellos fueron “electos” por el 10% del electorado nacional; un 10% que en su casi totalidad fue llevado a las urnas con su “acordeón” en mano.

Aquí se cumplió una doble regla de AMLO: 10% de capacidad y 90% de fidelidad, pero también 10% de elección y 90% de abstención ciudadana. 

Pero Guadalupe Taddei ya se prepara para dirigir las próximas elecciones intermedias del país, donde se decidirán nada menos que 16 gubernaturas, la mitad de las que conforman los Estados Unidos Mexicanos.

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