Un México fantástico o un México catastrófico 

Un México fantástico o un México catastrófico 

Por: Rodrigo Tejeda

No hay modo de que los gobernantes cambien su optimismo y tampoco lo hay de que las oposiciones sean críticas, pues es parte de su naturaleza, pero en ambas partes debe haber mesura y un apego a la realidad, pues los excesos de unos y otros pueden llegar a ser delirantes, radicales, y en consecuencia sumamente nocivos para el país, en este caso nuestro país.

Todos los gobernantes que hay sobre este mundo, salvo rarísimas excepciones, presentan una visión optimista, prometedora o bien extraordinaria de su país, mientras que todas las oposiciones, de cualquier tipo que estas sean, presentan una visión crítica, donde resaltan los problemas, las desgracias y difunden un panorama oscuro, o por lo menos gris, del mismo país, lo que puede crear, con gran frecuencia, un maniqueísmo, donde por un lado todo es maravilloso y por el otro todo es un desastre.

No hay modo de que los gobernantes cambien su optimismo y tampoco lo hay de que las oposiciones sean críticas, pues es parte de su naturaleza, pero en ambas partes debe haber mesura y un apego a la realidad, pues los excesos de unos y otros pueden llegar a ser delirantes, radicales, y en consecuencia sumamente nocivos para el país, en este caso nuestro país.

El resurgimiento del populismo en el mundo está manejando un discurso delirante, fantástico, donde crea inclusive una realidad alterna, inventada, y la vende desde el poder o desde la oposición, enajenando a una clientela que se vuelve fanática, irracional, y esto puede llevar a posiciones aberrantes, inclusive peligrosas.

Desde una postura de aparente izquierda, AMLO se dedicó, durante seis años, a predicar un discurso plagado de grandes mentiras y de grandes fantasías, al grado de crear una versión de un México que no existe, lo que le llevó a tomar decisiones muy costosas para el país y para la democracia, al tiempo que se compraba a una clientela que le siguiera hasta el fanatismo, polarizando a la sociedad.

A partir de una postura de derechas, Donald Trump, primero como gobernante y luego como opositor, ha recurrido a un discurso soportado en grandes mentiras y fantasías, creando una realidad ficticia de su país que no existe, pero que ha encendido el fanatismo de una gran parte de la sociedad norteamericana, polarizándola, pero al pasar a gobernante, fincara en ese discurso populista una serie de políticas peligrosas para su propio país, para México y para el resto del mundo.

CLAUDIA SHEIBAUM, MÁS POPULISMO

Había la expectativa de que Claudia Sheinbaum, quien vendió una imagen de una mujer con formación científica, pensante, cambiara el discurso populista de AMLO por una visión más realista y objetiva del México que le ha sido heredado y que ha comenzado a gobernar, pero, al menos hasta ahora, se ha manejado como una copia del hombre que la puso en el poder, pero sin tener los dotes de una personalidad carismática ni el poder real de AMLO.

Citemos sólo tres frases recientes, pronunciadas en 2024:

“AMLO es el presidente más grande de México” (Discurso de toma de posesión)

“La 4T ya es el movimiento más fuerte del mundo” (Gira por Tlaxcala, diciembre 29 de 2024)

“México, el país más democrático que haya sobre la faz de la tierra” (Gira por Tlaxcala, diciembre 29 de 2024)

Lo primero lo dijo haciendo una apología grandiosa de Andrés Manuel López Obrador, a quien solo comparó con Lázaro Cárdenas, elogiando al tabasqueño como un personaje histórico.

Lo segundo y lo tercero después de resaltar algunos logros de la 4T en el sexenio pasado y, más directamente las referencias a la reciente reforma del poder judicial, una de las más controvertidas decisiones que subordina a uno de los tres poderes fundamentales que componen a la república, o más bien la componían.

Su relación insana de subordinación ¿O sumisión? A Andrés Manuel López Obrador le lleva a excesos que, desde cualquier apreciación seria, fundamentada, son algo ya enfermizo.                     Decir que la 4T es el movimiento más fuerte del mundo o que México es el país más democrático que haya sobre la faz de la tierra, es algo que se instala en una demagogia desenfrenada. Si de verdad cree en lo que dice habrá que preocuparse; si no lo cree, también.

LA NECIA REALIDAD

Para el ejercicio de un gobierno hay límites y lo mismo para las mentiras del gobernante. Si se pierde la línea roja vienen decisiones erróneas y es el país quien las paga, no solo en el corto plazo sino hasta por generaciones enteras.

La 4T es un movimiento que surge de la imaginación de un caudillo, quien es un gran demagogo, pero no un gran estadista. Hubo aciertos, por qué no reconocerlos, pero también hubo errores y excesos muy importantes, una parte de los cuales estamos pagando desde hace años y otros se comenzarán a pagar en este 2025.

Claudia Sheinbaum, aún con una oposición disminuida y muy mediocre, ha comenzado su gobierno con serias dificultades. Este año, como cualquiera lo puede observar, es de altos riesgos, que no le darán siquiera el beneficio de la duda sobre sus capacidades gobernantes. O gobierna con gran habilidad y firmeza o ya para diciembre tendrá un gran desgaste, lo que conlleva una pérdida de credibilidad y de aceptación.

Aún tutelada y con un poder real que muestra muchas limitaciones por la sombra activa del caudillo, ella es la presidenta y es quien tiene que resolver, y bien. La compleja realidad está muy por encima de las mentiras y de la demagogia que insiste en vender fantasías. 

Al margen de lo que diga la oposición, que está tan desacreditada, uno de los problemas más grandes es que no escuche sino su voz y la del fantasmal caudillo, desechando voces críticas que gozan de la autoridad intelectual y moral para exponer la problemática del país.

El México que proyecta el discurso morenista no concuerda con el México real. La problemática del país es compleja y esto se mezcla con grandes fortalezas, las cuales no se deben a sus gobiernos sino a su cultura y composición social.

La llamada cuarta transformación es una invención confusa e incoherente, producto de una mente que se ha caracterizado por la megalomanía y una visión sacada del priismo de los años setentas del siglo pasado; con muy fuertes semejanzas con el gobierno de Luis Echeverría ý, en parte, con el José López Portillo, una de las épocas más desastrosas y oscuras del viejo régimen.

No es un proyecto de nación coherente, bien estructurado y viable, sino un conjunto de improvisaciones e, inclusive, de ocurrencias e ideas antiguas, tomadas de la historia del México del siglo XIX.

Si hubiéramos tenido una transición de gobierno responsable y verdaderamente democrática, Claudia Sheinbaum tendría que haber realizado una revisión a fondo del gobierno de AMLO, antes de dedicarse a elogiarlo hasta la indignidad y evitar el oponerse a ciertas políticas que dañan al sistema democrático y a la sociedad en general.

Ahora, por las presiones externas del gobierno norteamericano, el mal manejo de las finanzas del expresidente histórico y las malas decisiones en muchas políticas públicas, va a tener que reorientar, en mucho contra su propia voluntad, lo que ya festejaban como “el segundo piso de la cuarta transformación”.

La realidad es necia y no hay manera de que no se imponga, por encima de fantasías con pretensiones históricas. 

Inclusive sostener el gasto de los llamados programas del bienestar se ha convertido en un serio problema, pero se tienen que sostener, a un muy alto costo, porque son los que soportan la manipulación política, y fue la base de los 35 millones de votos que, en opinión de la presidenta, nos hace el país más democrático sobre la faz de la tierra. 

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