Por: Rodrigo Tejeda
El gobierno de Donald Trump, donde no solo cuenta él sino también su gabinete, quiere varias políticas y compromisos concretos de México, los que tendrá que asumir el gobierno de Sheinbaum
Se han encontrado dos autócratas: Donald Trump y Claudia Sheinbaum, pero el problema es que el primero es el presidente del país más poderoso del mundo, del cual depende, en gran parte la economía de México, pero además ese autócrata, radical, misógino y racista, no tiene impedimento en pasar por encima de los intereses de México, con tal de imponer las medidas que prometió a sus votantes, que lamentablemente son la mayoría del pueblo norteamericano.
Para ahondar más la difícil situación de México, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, tiene una aprobación ciudadana de apenas un 30% y tiene que ir a elecciones en 2025, contra un candidato conservador que es muy probable que gane, por lo que ha asumido también una postura de retirar el apoyo decidido a México en el TLC, argumentando que México está alentando la penetración de China en el comercio de Norteamérica, lo cual, en buena parte, es cierto, y por lo tanto sirve de justificación.
Ante la amenaza de imposición de aranceles, inicialmente Claudia Sheinbaum había asumido una postura equívoca, de reto frente a Trump, amenazando inclusive con responder con aranceles de parte de México, además de ponerse a pontificar como es que debe ser la política norteamericana en temas como el comercio exterior, la migración, los derechos humanos, las armas y la drogas; un discurso que no solo no le interesa a Trump, sino que puede radicalizarlo aún más. Las intenciones las puso Sheinbaum en una carta, lo que tampoco es una vía diplomática adecuada.
Asesorada por alguien que entiende mucho más la delicadísima situación, la presidenta optó por hablar telefónicamente con Trump, de lo cual este sacó a relucir públicamente que había logrado que Claudia Sheinbaum se comprometiera a cerrar la frontera a la migración ilegal. La presidenta trató de suavizar tal dicho, pero es algo que tendrá que implementar.
Lo concreto que está en el escenario político es que el gobierno de Donald Trump cambiará el rumbo del gobierno de Claudia Sheinbaum, para bien y para mal.
¿QUÉ QUIERE DONALD TRUMP?
El gobierno de Donald Trump, donde no solo cuenta él sino también su gabinete, quiere varias políticas y compromisos concretos de México, los que tendrá que asumir el gobierno de Sheinbaum que se disponía, según sus planes, a construir el llamado “segundo piso” de la 4T.
El nuevo gobierno norteamericano exigirá, no pedirá, porque eso no está en los modales de Trump, que se pare la migración de los países caribeños y centroamericanos a través de México; que se detenga el tráfico de Fentanilo por parte de los carteles mexicanos; que se detenga el ingreso de componentes chinos para los autos exportados a los Estados Unidos; que se detenga la ayuda a las dictaduras comunistas a las que México está apoyando, inclusive con petróleo regalado y además habrá una negociación dura del TLC, donde de antemano se tendrá que aceptar el cumplimiento de algunos acuerdos y controversias, como la introducción del maíz transgénico, que se da como un hecho.
¿Qué tendrá que hacer el gobierno de Claudia Sheinbaum? En principio se tendrá que endurecer más la mano en materia de migración, concretamente cerrando la frontera sur, la cual ya está en poder del crimen organizado, lamentablemente, que se la pasa organizando caravanas masivas que ingresan a México ilegalmente. La última de ellas, a finales de noviembre ya fue parada por órdenes de la presidencia, después de la llamada con Donald Trump.
Esto implicará muchos problemas de derechos humanos o sencillamente de políticas humanitarias, pero todo esto empeoró por la ineptitud del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien permitió que el crimen organizado se apoderara de buena parte de la frontera sur, por lo que ahora habrá que pararlo, pues difícilmente Guatemala va a cooperar con recursos concretos, pues no tiene nada que perder, por lo que habría que buscar que tenga algo que ganar en esa tarea.
Lo segundo es parar el tráfico de Fentanilo. Si los carteles del narcotráfico mexicano hubieran tenido más inteligencia y menos avaricia y tolerancia, ese problema ya se hubiera aminorado notoriamente, porque ahora han propiciado una situación límite y van a tener que ser combatidos, no con abrazos, sino con inteligencia y fuego. La nueva generación de capos no ha querido entender que hay límites, aún para ellos ¿Por qué meter más Fentanilo si tienen un negocio extraordinario con todas las demás drogas? Porque pueden y se ha perdido la noción de los límites, como resultado de la política de omisión y tolerancia de López Obrador.
¿China y otros pocos países asiáticos están implicados en el Fentanilo? Si, junto con la corrupción en los puertos y aduanas mexicanas, controladas por el ejército y la marina de México.
Los norteamericanos saben perfectamente que es muy difícil parar la expansión de las adicciones a las drogas en su sociedad, pero tampoco están dispuestos a tolerar una pandemia que mata alrededor de 90,000 adictos al fentanilo cada año. Volvemos al problema de los límites. Una línea de cocaína no mata, mucho menos un porro de mariguana o incluso fumar “cristal”, o inyectarse heroína. La destrucción es lenta, progresiva, inclusive da tiempo a los programas de rehabilitación, pero el fentanilo es mortal y ese es el problema.
EL PROBLEMA DE CHINA
Lo tercero es el asunto de China, donde México, además de meterse en problemas con la política norteamericana y ahora la canadiense, está haciendo un pésimo negocio.
Durante el año de 2023 México exportó a China mercancías por un valor de 18 mil 794 millones de dólares, pero importó de China mercancías por un valor de 81 mil 501 millones de dólares, lo que es un pésimo negocio, que está en proporción de más de un 4 a 1. Pero estos son los números de las aduanas, que tienen muchos problemas de corrupción. Los números reales son todavía más desventajosos.
Pongamos un ejemplo práctico y contundente. La delegación Cuauhtémoc, que es el centro histórico de la ciudad de México, está, literalmente, inundada de mercancías chinas de procedencia legal e ilegal. Tiendas, enormes tianguis, vendimias callejeras, ambulantes, venden casi todo lo imaginable, desde un reloj hasta ropa interior, pasando por electrónicos, eléctricos, juguetes, ropa de todo tipo, decorativos, chucherías, decoración y hasta las imágenes religiosas que venera el país, todo de fabricación china, a bajo precio y de baja calidad.
Toda esa mercancía está afectando a industrias básicas en México, como la del calzado y la ropa, solo por mencionar dos productos de gran importancia.
México sí le está abriendo la puerta a China, y de una manera absurda, desfavorable, en eso tienen razón tanto los norteamericanos como los canadienses.
Lo último es que de pronto nos hemos visto inundados de agencias de automóviles chinos, sin aranceles especiales, cuando somos el gran productor de automóviles para el mercado norteamericano. El que compra un auto chino no tiene ni tan siquiera garantizadas las autopartes, que pueden tardar meses en llegar.
Y el petulante Secretario de Economía, Marcelo Ebrard, todavía se pone a dar justificaciones.
LA POLÍTICA INTERNACIONAL
Otro problema de Claudia Sheinbaum será la política internacional que está heredando López Obrador, de pretender participar y alentar a un grupo de países con gobiernos socialistas, entre ellos varias dictaduras del área sudamericana y del caribe.
Mientras López Obrador, utilizando inclusive a Claudia Sheinbaum sigue destruyendo la democracia mexicana, se ha dedicado a prestar ayuda económica a Cuba y apoyar otras dictaduras, contraviniendo la política exterior no solo de los Estados Unidos sino de la mayoría de las grandes democracias occidentales.
La llegada del hispano Marco Rubio a la Secretaría de Estado en el gobierno de Donald Trump va a cambiar la tolerancia. Rubio, descendientes de cubanos expulsados durante la dictadura de Fulgencio Batista, ha sido un senador con un discurso muy contundente hacia los gobiernos dictatoriales de Sudamérica, y en general ha estado atento al problema de las autocracias que está debilitando los regímenes democráticos, como lo ha hecho Morena en México.
Marco Rubio es un político de origen hispano que sí ve hacia al sur, a diferencia del tibio e indiferente gobierno de Joe Biden. Un ejemplo de ello, solo para perfilar lo que viene, es el cambio de discurso y de postura del embajador Kent Salazar, quien de estar bajo la seducción de AMLO ha tenido que volverse su crítico, después del proceso electoral norteamericano.
La agenda original del gobierno de Claudia Sheinbaum ha dado todo un giro. Unos dirán que es para mal, otros que es para bien, pero a partir de 2025 vienen cambios obligados muy fuertes y retos a los que se puede considerar como peligrosos.



