Por: Javier Morales
En su participación abierta propuso destinar el 1% del gasto armamentista para dedicarlo a un programa mundial basado en el modelo de Sembrando Vida, el programa creado por López Obrador.
La participación de Claudia Sheinbaum en la Cumbre del G20 en Rio de Janeiro, Brasil, ha sido en principio un acierto, que rompe con la política internacional aldeana de Andrés Manuel López Obrador, pero, desgraciadamente, siempre está ahí ese pero. En su participación abierta como en los encuentros tan importantes con los mandatarios de Estados Unidos y Canadá, manejó el discurso de López Obrador, en lo que es algo ya muy insano, desperdiciando el valiosísimo tiempo de que dispuso.
En su participación abierta propuso destinar el 1% del gasto armamentista para dedicarlo a un programa mundial basado en el modelo de Sembrando Vida, el programa creado por López Obrador.
En principio plantear algo así es algo de buena voluntad, pero que está a un paso de la ingenuidad, sin embargo lo más delicado es que la presidente utilizó cifras que no son ciertas, es decir mentiras, y eso es algo que se permitía hacer todos los días el expresidente, pero para un uso doméstico, no en un foro internacional, donde todo lo dicho puede ser retomado por expertos en la materia, quienes pueden exhibir la verdadera realidad de las cosas.
Claudia Sheinbaum expuso que el programa Sembrando Vida beneficia a 439 mil familias mexicanas y 40 mil familias centroamericanas; que se ha logrado la reforestación de 1 millón de hectáreas con ¡1,100 millones de árboles! Lo cual permite la captura de 30 millones anuales de dióxido de carbono.
De inicio, en una superficie de 1 millón de hectáreas se pueden sembrar únicamente 100 millones de árboles, si se trata de especies maderables, es decir árboles de gran tamaño como la caoba y el cedro, por ejemplo. Si se trata de especies medianas el número de árboles por hectárea puede ascender a 150 o hasta 200; si es de especies más chicas podría ser hasta de 300, por lo cual decir que se han plantado 1,100 millones de árboles en 1 millón de hectáreas es una gran mentira, y demasiado desproporcionada, pues implicaría 1,100 árboles por cada hectárea. Imposible.
El programa, no obstante que ha implicado una inversión sexenal de 175 mil 26 millones de pesos, es mucho más modesto, tiene muchas inconsistencias, está muy distante de las metas que se plantearon inicialmente, hay problemas de corrupción y está siendo empleado con fines clientelares para capturar el voto de los campesinos beneficiados, quienes reciben 6 mil 250 pesos mensuales, por atender una superficie un poco superior a las 2 hectáreas.
A diferencia de otros programas del bienestar, Sembrando Vida implica el desempeño de tareas concretas y el obtener resultados en un área difícil, como es la reforestación, que implica muchos factores técnicos y climáticos.
Por referirse únicamente a especies maderables, plantar árboles y llevarlos hasta su madurez, implica procesos que pueden ir hasta los 20 o 30 años. Seis años es un periodo muy corto donde todavía el árbol está en una etapa de desarrollo vulnerable, si este se logró, pues puede haber un porcentaje de pérdida muy alto.
En el arranque del programa, que fue improvisado y con muchas deficiencias técnicas, en el año de 2019, únicamente se logró plantar el 14% de los árboles, de los cuales logró sobrevivir apenas un 7%. Lo mismo ocurrió en el año de 2020. No hay un informe técnico preciso que aporte información de cuál es el porcentaje de sobrevivencia de todo lo plantado y, en general, el cumplimiento de las metas del programa, que en teoría cubre un millón de hectáreas, solo en teoría.
Las organizaciones ecologistas han denunciado que la construcción del Tren Maya, en sus casi 1,500 kilómetros de recorrido, implicó la destrucción de 10 millones de árboles aproximadamente, inclusive tocó las más valiosas reservas de biodiversidad que posee México, pero además está documentado que muchos campesinos inscritos al programa realizaron tala de áreas selváticas para plantar los arbolitos que les proporcionaron, con tal de obtener el beneficio de los 6 mil 250 pesos mensuales.
Claudia Sheinbaum tiene una formación académica como ecologista, pero como política apoyó a un gobierno que apostó por energías sucias y daño a los ecosistemas.
Sembrando Vida no parece recomendable utilizarlo en un foro internacional como modelo; lo que requiere es que se le limpie de todas las deficiencias técnicas y los vicios y corrupción que se han estado manejando, lo que tiene un muy alto costo para el erario público, aunque redunde en beneficios político-electorales para el partido oficial.







