La necedad o la arrogante ignorancia de seguir peleando con España

La necedad o la arrogante ignorancia de seguir peleando con España

Por: Rodrigo Tejeda

Ya sea que a Claudia Sheinbaum le guste o no, somos parte de un sincretismo cultural y racial entre lo que fue España por muchos siglos y las diferentes culturas indígenas prehispánicas. Es hasta un tanto ocioso retomar el proceso de integración de las culturas, porque ha sido abordado, por siglos, a través de muchas de las mentes más brillantes del México independiente y del periodo colonial.

A AMLO le tocó, circunstancialmente, gobernar de 2019 a 2024, lo que hizo que coincidiera su periodo de gobierno con el 500 aniversario de la conquista del imperio azteca o mexica, en 1521, y del inicio de la expedición de Hernán Cortés que fue en 1519.

Populista como era, le quiso poner pompa y circunstancia al aniversario, a lo cual le ayudó su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, una académica que estudió comunicación en una universidad católica, pero tiene afición por la historia. En particular le atrae la conquista, sobre la cual tiene su muy particular punto de vista que, hoy se puede decir, es difícil de sustentar con rigor académico, pero esto no impidió que alentara a AMLO a tomar una decisión muy controvertida: pedirle a la corona española y al papa Francisco que pidieran disculpas por las matanzas cometidas durante la conquista contra los pueblos indígenas, llamados originarios, en especial sobre la conquista del imperio azteca o mexica.

Aunque siempre negó aceptar su condición de primera dama, Beatriz Gutiérrez emprendió una gira por Europa, donde visitó varios países, con el propósito de las cartas de disculpa, de solicitar el llamado “penacho de Moctezuma” y unos códices indígenas muy valiosos, estos en calidad de préstamos.

La gira fue un desastre. Aunque no es creyente, con el papa se presentó vestida de negro y con velo, también negro. El papa la escuchó y, en el argot popular, “la bateó” y le dio su bendición; lo mismo le pasó en Viena con lo del penacho y en Italia con lo de los códices. Regresó a México con las manos vacías y en cólera. El asunto se tornó para AMLO algo personal; en un encono necio, sin fundamentos ni modos diplomáticos, que mantuvo hasta el final de su gobierno, “pausando” inclusive las relaciones con España.

Y ahora resulta que Claudia Sheinbaum, sin ninguna necesidad, en lo que es un impulso llevado por la arrogancia y la aparente ignorancia de la historia, ha retomado el asunto de las disculpas solicitadas a la corona española, que le ha contestado de la misma manera que lo hiciera con AMLO, es decir manifestando que no hay fundamento para pedir tales disculpas, pues la España de hace 500 años no es la España de hoy, ni como nación ni como monarquía.

IGNORANCIA HISTÓRICA O DEMAGOGIA

AMLO tiene como afición la lectura de historia, sobre todo le resulta fascinante el siglo XIX y el periodo prehispánico, pero es como lo somos muchos, un lector, pero no un historiador, mucho menos un experto, sin embargo debe tener una visión general de la historia de México, pero en su inagotable populismo sacó lo de la carta de las disculpas, para presentarse como el defensor de los pueblos indígenas, sobre todo los del sur, de donde es originario y donde trabajó en algunas comunidades siendo muy joven.

Claudia Sheinbaum es una historia aparte. Ciertamente es doctora en grado académico y se ha dedicado a la ciencia, pero sobre el tema de las energías, de asuntos de física y muy específicos. Su conocimiento de la historia de México es muchísimo más limitado que el de AMLO, pues su especialidad es otra, pero, siendo ya presidenta, puede asesorarse de historiadores expertos, que le orienten y le den consejo, pero todo indica que ha retomado lo del pleito con España por complacer a AMLO y a Beatriz Gutiérrez Müller, lo que nos pone en la misma situación diplomática, que es penosa y es inútil, porque además no conduce a nada, por lo menos no de provecho, pero si le puede abonar al resentimiento y a odios que están superados desde hace siglos. 

Ya sea que a Claudia Sheinbaum le guste o no, somos parte de un sincretismo cultural y racial entre lo que fue España por muchos siglos y las diferentes culturas indígenas prehispánicas. Es hasta un tanto ocioso retomar el proceso de integración de las culturas, porque ha sido abordado, por siglos, a través de muchas de las mentes más brillantes del México independiente y del periodo colonial.

HACE 500 AÑOS Y ERA OTRO MUNDO

Podemos hacer un ejercicio brevísimo, solo para dar una referencia de que hace 500 años el mundo era otro, tanto de este lado del Atlántico como del otro.

De entrada, Europa no existía como tal, tampoco España, que estaba apenas en formación y estaba integrando los reinos de Castilla, Aragón, Navarra y Granada, inclusive la relación con el reino de Portugal todavía dejaba la posibilidad de la integración.

En 1517 llegó a Castilla y Aragón un muchacho de 17 años, enviado por su abuelo desde Flandes, quien no hablaba tan siquiera el idioma español. Era Carlos V de Habsburgo, quien años después se convertiría en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y en un personaje histórico.

Nadie lo quería, pues preferían a su hermano Fernando, pero lo aceptaron a regañadientes.

Del otro lado del Atlántico, en Cuba, el gobernador Diego Velázquez organizó en 1519, solo dos años después, una expedición exploratoria a las tierras de lo que hoy en México, y puso al frente a Hernán Cortés, pero se arrepintió, surgiendo un conflicto entre ambos que perduró toda su vida.

Hernán Cortés desobedeció y la emprendió por su cuenta, en una de las aventuras más extraordinarias que se hayan registrado en la historia, un choque brutal de dos mundos y la destrucción del imperio azteca, con la conquista de Tenochtitlan en 1521, cuando Carlos V apenas balbuceaba el español y estaba convenciendo a los grandes de los reinos ibéricos de que era capaz de gobernarlos.

No hay discusión histórica de que la conquista de Tenochtitlan y la destrucción del imperio azteca fue sangrienta, pero, de origen, militarmente fue el enfrentamiento de los pueblos sojuzgados por un imperio mexica que era brutal en sus métodos de dominio. Una cultura de adoración a la muerte. El imperio azteca es, en la historia prehispánica, la cultura imperial más cruel que se tenga registrada, y sus víctimas eran otros pueblos indígenas. Sin ese antecedente Hernán Cortés y su reducido ejército hubieran terminado masacrados y exterminados.

Carlos V se entera de la expedición de Hernán Cortés por las cartas de relación que enviaba este, donde, astuto como era, exponía un escenario de gran beneficio para la corona y de grandes méritos de su parte, en busca de ser recompensado generosamente.

Las cartas de Cortés van desde el 1519 hasta el 1526, pero comienzan a llegar otras versiones y muchas quejas sobre el maltrato de los indígenas, su explotación y esclavitud. Para entonces Carlos V ya tenía 26 años, nueve llevando la corona, y, aun siendo tan joven, había adquirido mucho sentido del poder; ya se habían manifestado en él grandes dotes de gobernante.

En 1527, para establecer un orden, nombra a una autoridad civil y una eclesiástica. La primera denominada Real Audiencia, compuesta por cinco oidores y la segunda por un obispo, fray Juan de Zumárraga, quien se convierte en un gran protector de los indios o “naturales”, como se les llamaba.

Basta leer la carta del 27 de agosto de 1529 del obispo, dirigida a la corona, para verificar que no se andaba por las ramas, por lo menos no en la denuncia de la situación de injusticias cometidas en el llamado nuevo mundo con los indios naturales, sobre lo cual había tomado medidas concretas, no solo el enviar cartas de denuncia.

Hernán Cortés comenzó a ser visto con recelo por Carlos V, quien solo le concedió un marquesado, nunca el virreinato, ni otras distinciones de nobleza, tampoco gran fortuna. Murió resentido y sin honores, pero ni muerto encontró reposo, pues sus restos se la pasaron de tumba en tumba durante siglos, hasta terminar en una iglesia perdida, donde permanecen hasta la fecha.

La historia es muy larga y compleja, solo se hace una referencia para mostrar que el mundo y la monarquía de España eran completamente distintas a lo que sucedió en los siglos siguientes. 

Pedir una disculpa 500 años después es un sinsentido, además sin utilidad alguna y solo para el beneficio de la demagogia de quienes hoy gobiernan México.

Por cierto, en 1519, cuando Hernán Cortés desembarcó en lo que hoy es Veracruz, la extraordinaria civilización maya se encontraba ya sepultada por las selvas del sur desde hacía casi 300 años. 

Por razones que hasta la fecha no se han podido establecer con certeza, alrededor del 1200 d.c. todas las grandes ciudades y sus dominios fueron abandonadas, en lo que es un misterio no despejado. Siguieron existiendo las aldeas del pueblo maya dispersas entre la selva, pero no su gran civilización. 

Octavio Paz siempre criticó que, inclusive en el diseño del Museo Nacional de Antropología e Historia, se colocara a la civilización azteca o mexica, como el cenit o el apogeo de las grandes culturas prehispánicas, pues no lo era, aunque haya coincidido su dominio del altiplano con la llegada de los conquistadores. Los mexicas o aztecas cometieron no menos crueldades con los pueblos bajo sus dominios que los propios conquistadores españoles, pero eso los actuales políticos no lo van a decir nunca, ni se pueden pedir disculpas ¿Cómo a quién?  

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