Por: Marcela Valles
Un diputado, y menos uno local, aunque tenga muy buena voluntad, hay cosas que no puede hacer, porque no competen a su función legislativa. No puede resolver el problema de los servicios municipales, como agua, drenaje, limpieza, alumbrado público, vialidad, etc., por la sencilla razón de que esas son competencias de los gobiernos municipales y, en consecuencia, deben ser parte de las campañas por las presidencias municipales, que en Coahuila serán hasta el 2027.
Tenemos diputados de oposición que quieren ser el ajonjolí de todos los moles, en lo que es pura demagogia y manipulación, así como tenemos diputados del partido gobernante que no hacen su trabajo como legisladores; lo que es propio de su cargo, y eso es también muy criticable.
En las campañas de candidatos a diputados locales, que están transcurriendo ahora, todos los opositores al partido gobernante, pero en especial todos los de Morena, están manejando una mini campaña para presidentes municipales, si no atenemos a sus discursos, a la publicidad que están presentando y a las promesas que le hacen a la gente.
Hasta la puerta de mi casa han llegado candidatos como Antonio Attolini Murra, que es candidato por el distrito 9 de Torreón, y llega preguntando que problemas tenemos en la colonia, como andan los servicios, si hay o no hay agua.
En la colonia donde vivo, como en muchas otras, tenemos el problema de abasto de agua. Si hay agua, pero poca y hay que administrarla para no tener problemas, como aprender a bañarse usando menos líquido, administrar los sanitarios, cuidar el riego del jardín. Ese es un problema que Antonio Attolini no puede resolver, ni ha resuelto como diputado plurinominal.
El otro problema que tenemos es la vialidad, que se está volviendo cada vez más complicada, pero eso tampoco lo puede resolver un diputado local.
Pero es sumamente rentable usar el problema del agua, a todos los niveles sociales, porque el agua es esencial, indispensable, y el asunto ya hizo crisis, lo que se vuelve algo muy molesto y provoca irritación. Dos o tres días sin agua y ya esta uno en la histeria.
Pero se trata de decir ¡Vamos a resolver el problema del abasto del agua!, porque eso vende políticamente.
El problema del agua en Torreón es un problema complejo de políticas públicas, de administración, de manejo operativo y de competencia tanto municipal como federal.
No es un problema de legislación, de inventar o cambiar ciertas leyes, sino de cómo operan los sistemas que ya existen, en una situación de crisis por el abatimiento de los acuíferos subterráneos, que fueron sobreexplotados por el sector agropecuario ante la corrupción de CONAGUA, que no supo poner soluciones a tiempo. Muchos pozos se secaron y la mayoría tiene que extraer a profundidades cada vez más grandes, extrayendo un agua de menor calidad, que en gran parte de la ciudad estrictamente ya no es potable.
Hay que añadir el problema de Agua Saludable, un programa federal que nos costó algo así como 17 mil millones de pesos, que ha traído agua entubada de las presas, pero que en una planeación deficiente no contempla la renovación de los sistemas de distribución en las ciudades de la región, a las que no le quieren gastar un peso del presupuesto federal.
Si los municipios le hubieran hecho caso a Agua Saludable y hubieran cancelado los pozos de extracción subterránea, esperando abastecer con lo que llega de las presas, estaríamos viviendo ahora un caos de proporciones desastrosas.
Como se puede observar, el problema no es de la competencia de un diputado local, sino de otras instancias, y no es un problema legislativo. Que un candidato lo use electoralmente es una irresponsable demagogia, como también lo es el usar el problema de vialidad.
Otra cosa aberrante que he observado en mi distrito es que la gente de Morena que trabaja para Antonio Attolini Murra, trae consigo las listas de los beneficiarios de programas del bienestar y, no en mi colonia, pero sí en colonias populares y en zonas como el segundo cuadro de la ciudad, abordan a las familias usando esas listas, lo que no solo es algo sucio sino también ilegal.
Las cosas no terminan ahí. A partir de la tercera semana de campaña han comenzado a ofrecer dinero a ciertos ciudadanos, pidiéndoles que junten a diez votantes, con fotografías de su credencial del INE, y a cambio les ofrecen dinero, mil pesos o más dinero, lo que es corrupción y es ilegal.
En las mismas colonias populares del distrito 9 han estado haciendo regalo de comestibles, como huevo. En la tercera semana de campaña han regalado hasta cuatro carteras de huevo por domicilio, lo que es corrupción y envilecimiento de la actividad política y de un proceso electoral sano.
¿De dónde están sacando dinero para intentar comprar votos masivamente, para hacer regalos y para comprar “liderazgos” que a su vez les compren votos?
Esto choca abruptamente con la supuesta ideología de la renovación moral y el discurso que manejan los candidatos morenistas.
Manejar temas que no van con la función legislativa es ya una manipulación burda, pero esas prácticas de corrupción que están llevando a cabo superan inclusive a los peores tiempos del viejo régimen.




