Por: Álvaro González
Por medio de este programa se entregan recursos económicos para la mejora de las escuelas, pero administrados por los padres de familia, quienes integran lo que se denomina como Comités Escolares de Administración Participativa.
En México la participación de los padres de familia en el funcionamiento de la escuela donde tienen a sus hijos es muy baja, si se le compara con otros países, donde los padres participan de manera mucho más activa en la vida escolar, y tienen un mucho mayor involucramiento en diversas actividades, lo que es muy importante, tanto para el funcionamiento de la escuela como para brindar un apoyo a los docentes y directivos.
En nuestro medio la mayoría de los padres se limitan a llevar y recoger a sus hijos y, solo de manera ocasional participan en juntas de padres de familia, pero sobre temas de poca trascendencia y muy poco estructurados. Una gran cantidad de los padres desconoce inclusive físicamente a los maestros y nunca ha tenido interacción con ellos.
Lamentablemente la mayoría de los contactos con maestros y directivos se presenta cuando el hijo genera algún tipo de problema, o bien tiene un rendimiento tan bajo que amerita platicarlo con los padres.
La participación es un poco mayor en las escuelas de tipo privado que en las públicas, más si ambos padres trabajan y disponen de muy poco tiempo, no solo para estar en contacto con la escuela sino inclusive para supervisar que se realicen las tareas escolares.
El gobierno federal ha lanzado un programa muy interesante, denominado La Escuela es Nuestra, por medio del cual se entregan recursos económicos para la mejora de las escuelas, pero administrados por los padres de familia, quienes integran lo que se denomina como Comités Escolares de Administración Participativa.
Si la escuela tiene de 2 a 50 alumnos se le entregan 200 mil pesos anuales; si tiene de 51 y 150 son 250 mil pesos anuales y si el plantel tiene más de 151 alumnos la entrega es de 600 mil pesos.
Por medio de los comités los padres deciden en qué invertir ese dinero, que puede ser para mejoras físicas, para equipamiento o el uso que consideren que es más necesario para la escuela, lo que les obliga a involucrarse con el medio escolar, a interactuar con los maestros y los directivos y, cosa muy importante, a conocer las condiciones en que opera la escuela en que estudian sus hijos.

Debido a la baja cultura de participación que tenemos en México, los padres han tenido que aprender a trabajar participativamente en una dinámica grupal, que tiene que deliberar, tomar decisiones y administrar recursos públicos para realizar la mejor inversión posible.
Este aprendizaje no ha sido fácil, pero es una gran experiencia, sin embargo, en muchos casos, los padres tienen la necesidad de asesorarse sobre las decisiones que toman, si estas implican aspectos técnicos que desconocen, o bien la realización de obras físicas que requieren la contratación de prestadores de servicios, como es la construcción.
Recientemente se presentó en San Pedro de las Colonias un accidente sumamente delicado, en el cual un menor de seis años perdió la vida al desplomarse una techumbre que estaba en construcción.
La techumbre era necesaria para la escuela, pero el presupuesto de 600 mil pesos de que se disponía era muy bajo para una obra de este tipo. Ordinariamente, en la opinión de las autoridades de educación estatal, se requieren de 3 a 3.5 millones de pesos para construir una techumbre en forma.
En este caso los padres de familia tenían buena voluntad, pero no conocimientos de construcción y no fueron asesorados al tomar la decisión, así que contrataron de buena fe a un constructor que les presentó un presupuesto sumamente bajo, con tan mala fortuna que al desplomarse la estructura el pequeño de seis años estaba cerca de ella y perdió la vida.
La primera reacción del gobierno estatal fue la de suspender el programa, en previsión de otros accidentes como este, que fue difundido de forma abrumadora por las redes sociales y algunos medios de comunicación, propiciando presión política.
Se dio una discusión entre autoridades estatales y federales, por la cual se determinó que el programa no se puede suspender, pero se convino en que sí debe tener la asesoría de personal técnico de la SEP estatal en los casos que lo requiera, como lo es el de realizar obras de construcción, las que deben de tener un protocolo de seguridad para la protección de los escolares, pero también en aspectos técnicos que ayuden a los padres a tomar decisiones adecuadas al presupuesto de que disponen.
Un caso extremo y vicioso en la aplicación del programa se está dando en algunas escuelas primarias, como es el caso de una escuela primaria de Francisco I. Madero, donde se suspendieron clases por más de un mes debido a una construcción que se estaba realizando con recursos de La Escuela es Nuestra. La obra fue un pretexto para que los maestros se tomaran más de un mes de vacaciones y se perdieran las clases durante todo ese periodo.
La aplicación de medidas de seguridad era suficiente para proteger a los alumnos, no suspender el ciclo escolar por más de un mes.
Habrá mucho que aprender sobre el manejo de programas como La Escuela es Nuestra, pero es una experiencia muy interesante e incluso debería de ampliarse más el alcance que ahora tiene, además de hacer un énfasis más estructurado en la participación de los padres en la vida escolar, propiciando que sea lo mayor posible el número de quienes lo hacen, no limitándolo a las reuniones y la operación de los comités, que necesariamente son grupos reducidos.



