Tan zángano como un regidor de un cabildo

Tan zángano como un regidor de un cabildo

Por: Gerardo Lozano

Los regidores, que fueron electos “para servir al pueblo” se dedican principalmente a servir a sus bolsillos, pues cada uno se lleva brutos 64 mil 286 pesos con 60 centavos mensuales, más diversos apoyos para “gestoría”, gasolina y ayuda para alimentos, lo que significa que le pueden pasar las cuentas de restaurante a la tesorería municipal.

Son las 10:30 de la mañana y en las oficinas del cabildo de Torreón sólo han llegado dos de 17 regidores; los 15 restantes no se sabe a qué hora llegarán a su oficina. Siendo día viernes la mayoría no llegará, a juzgar por las respuestas ambiguas de sus secretarias. 

Una secretaria, joven y de cuerpo robusto, está decidida a matar la larga espera: con toda parsimonia se dedica a bordar sobre la tela apretada en un bastidor redondo. Otra secretaria más ha puesto sobre la mesa unas “gorditas”, de las cuales da cuenta acompañándolas de una coca-cola. Otra más está entregada a la tarea de aumentar la hermosura de su rostro redondo, poniéndolo frente a un espejo también redondo, al tiempo que les unta pintura a sus larguísimas pestañas de polyester.

Nadie tiene prisa, porque además no hay razón para tenerla, pues no hay nada que hacer y gracias a Dios es viernes.

Dos secretarias no acudieron a trabajar, pidieron permiso para hacer un fin de semana muy largo. Es la cosa más común el pedir días de permiso por los asuntos más baladíes. 

Los regidores, que fueron electos “para servir al pueblo” se dedican principalmente a servir a sus bolsillos, pues cada uno se lleva brutos 64 mil 286 pesos con 60 centavos mensuales, más diversos apoyos para “gestoría”, gasolina y ayuda para alimentos, lo que significa que le pueden pasar las cuentas de restaurante a la tesorería municipal.

En el grupo de los 17 hay de todo: abogados, muchos, empresarios cuyos bienes se desconocen; un médico cirujano ya veterano y muy bueno en su oficio, quien tampoco nadie sabe qué hace aquí; “grillos” que viven de saltar de un cargo a otro en la estructura de gobierno; exdirigentes de la CANACOTO, que tampoco se sabe qué hacen aquí si tienen bastante trabajo en sus empresas; recomendados y recomendadas de políticos priistas, panistas, morenistas; muchachos y muchachas “bien” que muy poco saben de política, pero a quienes sus padres les quieren ver en este tortuoso ambiente de la vida pública, en fin, de todo, pero la mayoría ha aprendido la máxima que priva por aquí: cobrar puntualmente cada quincena y hacer el mínimo esfuerzo.

A las 12:30 ya están en su oficina 6 regidores, los que llegaron después de las once de la mañana y se irán apenas pasadas las dos de la tarde, todos los demás posiblemente aparezcan el lunes siguiente, si el largo fin de semana no fue muy pesado.

Los 17 regidores integran 19 Comisiones Permanentes, que, en teoría, atienden prácticamente todos los problemas del municipio, desde agua potable a medio ambiente, pero sesionan muy poco durante el año y producen muy pocas propuestas concretas y resultados, cuando se supone que es el cabildo la autoridad máxima del municipio, y debería establecer los principales lineamientos de la administración municipal, algo que hace personalmente el alcalde y los directores de las diferentes áreas.

Pero hay asuntos que, por su importancia, los debe de aprobar la mayoría del cabildo, en sesión plenaria, pero ordinariamente lo que hacen es aprobar lo que se les propone y, en caso de decisiones de gran trascendencia, pueden condicionar su voto; hacer como que pueden votar en contra y no aprobar lo que se les presenta, lo cual les lleva a una “negociación”, a través del secretario del ayuntamiento o del primer regidor y el síndico de mayoría relativa.

Estas negociaciones se resuelven por medio de beneficios, regalías o bien “bonos” en efectivo, que dejan satisfechos a todos los regidores, o al menos a la mayoría que se necesita para la aprobación de los asuntos delicados, más si estos tienen cola en beneficio de alguien de la administración municipal.

El cabildo está pensado como un cuerpo colegiado para el análisis de problemas y la toma de las decisiones que más le beneficien al municipio, lo que es muy interesante, y funciona bastante bien en países desarrollados, pero entre nosotros es un armatoste que finge ser un cuerpo colegiado, que se dedica a la simulación y las canonjías de sus integrantes.

La dinámica es la misma en todos los municipios de la región, inclusive peor, como en el municipio de Lerdo, un municipio cuatro veces más chico que Torreón y con una economía muchísimo menor, donde un regidor gana 63 mil 823 pesos mensuales, solo mil pesos menos que en Torreón y tiene todavía mucho menos trabajo, lo que es de escándalo, pues con un presupuesto anual de apenas 900 millones de pesos, se gastan 15 millones 403 mil 693 pesos en mantener a su cuerpo de regidores haciendo casi nada. Nunca la zanganería estuvo tan bien pagada.  

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