¿Y dónde está Eduardo Olmos Castro?

¿Y dónde está Eduardo Olmos Castro?

Por: Gerardo Lozano

Sus críticos consideran que la mayor parte de su tiempo, que está sobrado en ociosidad, lo dedica a la intriga política, y no precisamente en beneficio del gobierno al cual pertenece y debe de cuidar

Aunque tiene una fisonomía infantil que no cambia mucho con los años, salvo por las canas y algo más de peso, Eduardo Olmos Castro tiene ya 60 años de edad y está en la política desde la segunda parte de los años noventa, hace ya más de 30 años, a la que ingresó como un junior que se abrió paso a base de billetazos. Hoy es Secretario de Desarrollo Regional de la Laguna, pero no aparece por ninguna parte, salvo en la nómina gubernamental, de la cual no se ha bajado desde que inició su ya muy larga carrera.

Es un político que ha combinado, de manera muy conveniente, los negocios privados con la función pública; beneficiando a los primeros con la segunda.

Tiene más de un año ocupando el cargo de Secretario de Desarrollo Regional y, se supone, que tiene sus oficinas en el llamado edificio Coahuila, pero ni acude al mismo, ni hace horario de oficina ni se conoce que esté manejando algún tipo de proyecto. Toda su vida pública actual parece transcurrir en los cafés y restaurantes de la ciudad.

Formaba parte del círculo más estrecho del poder estatal en el pasado gobierno de Miguel Riquelme Solís, con quien guarda una estrecha relación, lo que le permitió ser el presidente del Congreso del Estado en el periodo de 2020 a 2023 y, por lo menos así se manejó en los medios políticos, esperaba ser el Secretario General de Gobierno en el sexenio de Manolo Jiménez, pero finalmente fue desplazado por Oscar Pimentel y, a manera de consolación, le han asignado el cargo fantasmal que ahora ocupa.

Sus críticos consideran que la mayor parte de su tiempo, que está sobrado en ociosidad, lo dedica a la intriga política, y no precisamente en beneficio del gobierno al cual pertenece y debe de cuidar.

En su paso por la política, especialmente en el periodo de cuatro años que ocupó la presidencia municipal y en el de Secretario de Obras Públicas del estado, de 2005 a 2007, incrementó notoriamente sus negocios privados, cuando ya de origen heredó de su padre un capital considerable, fincado principalmente en una red de negocios de gasolinerías.

Hoy, a sus 60 años, es un hombre rico y un político ocioso y muy probablemente inconforme con su situación, cuyo futuro en la vida pública es incierto, pues sus posibilidades de acceder a algún cargo por la vía electoral son muy limitadas, como también lo es el volver a ocupar un cargo relevante en la administración estatal, una vez que el clan de los Moreira, quienes le brindaron el mayor apoyo, ha desaparecido y el escenario a futuro para alguien de su edad es estrecho. 

En los tiempos que corren, aun a base de billetazos, es muy difícil el abrirse paso dentro de lo que queda del priismo, por lo que parece más enfilado hacia el retiro que hacia la continuidad de su carrera política.

Tenerlo ocioso e intrigando en el medio político no parece ser sano para los intereses del actual gobierno de Manolo Jiménez, tampoco para una sana relación con el gobierno municipal de Román Alberto Cepeda, pero ahí sigue, y sigue cobrando puntualmente cada quincena, también debe de seguir, de alguna manera, haciendo negocios, pues el mal del dinero es algo que no se quita con los años, por el contrario.

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