Por: Eugenia Rodríguez
Es, sin duda, una devoción popular muy extendida en todo México, pero en especial en lugares como La Laguna. Entre comida, bebida, danza prehispánica, banda grupera, alcohol y cohetones, subsiste en el fondo el fervor religioso.
El pasado 28 de octubre, día festivo de San Judas Tadeo, el santo de la religión católica probablemente con más devotos en México, asistí a una “reliquia”, en un barrio de Torreón. Lo que vi ahí se ha vuelto algo común, ordinario, pero en muchos sentidos no lo es, si se parte del hecho de que es la conmemoración de un santo; una festividad religiosa.
Alrededor de las dos de la tarde un grupo de señoras, aproximadamente diez, y solo tres hombres de edad mediana, rezan el rosario ante un altar compuesto por la imagen de San Judas Tadeo, rodeado de flores y veladoras encendidas. Es el domicilio de una vecina del barrio, en la zona céntrica de Torreón. Después del rosario recitan algunas otras oraciones y la anfitriona dirige unas palabras: agradece las bendiciones de San Judas y pide su protección para el año venidero.
Enseguida comienza la repartición de la “reliquia”, que consiste en asado de puerco con chile y diferentes sopas de pasta, más los panes. Poco a poco los vecinos van llegando con sus ollas y platos y se les sirve la comida.
Media hora más tarde llegan los “matachines”, con penachos, medias y una especie de capas rojas, usando huaraches de cuero y portando pequeños arcos para disparar flechas imaginarias y sonajas de madera para ponerle más ruido al golpeteo de los huaraches. El tambor empieza a retumbar y da inicio la danza, una danza que se supone es indígena y prehispánica, pero cobran por cada hora de baile, dependiendo de la calidad del grupo. El cobro va de los 3 mil a los 5 mil pesos, en este caso fue de 4 mil por hora de baile. En su totalidad son jóvenes de alguna colonia popular.

A medida que transcurre la tarde se sigue con la repartición de la “reliquia”, que se define como una ofrenda, pero de alguna manera comienza a aparecer el alcohol y la “reliquia” se acompaña con cervezas u otras bebidas más fuertes.
En los días previos la familia que organiza la “reliquia” ha estado recabando la cooperación de los vecinos. Cada quien da de acuerdo a sus posibilidades y a su devoción, pero los negocios suelen ser más generosos y en la colonia hay talleres mecánicos, tiendas, changarros, negocios de comida y algunos otros establecimientos.
A las seis de la tarde se anuncia que los danzantes se retiran, pero en media hora más llegará la banda y sí, a los 40 minutos aproximadamente llega una banda de música norteña, grupera, o como se le quiera llamar. Todos los integrantes van vestidos de negro, con sacos blancos y sombreros de fieltro también blancos.
La banda va a tocar dos horas, pero si hay cooperación pues seguirá tocando; tocarán hasta donde el dinero alcance. Aunque son menos, cobran casi igual que los “matachines” por cada hora de música.
¿Qué tocan? Pues lo que ellos suelen tocar: corridos tumbados, baladas norteñas y las que pida el público asistente, que para las ocho de la noche forma una verbena en medio de la calle, que ha sido cerrada desde las dos de la tarde. Hay colocada una gran carpa blanca, por aquello de que los devotos no se asoleen mucho, porque aunque las mañanas ya son más frescas, el sol, a partir del mediodía, sigue calando en este primer mes del otoño.
Hay cooperación y la banda sigue tocando, son ya las nueve de la noche y se reparten tamales de pollo con salsa verde, rojos de carne de puerco y dulces, con pasas y piña, acompañados con atole de guayaba o champurrado.

Cada hora que pasa hay más alcohol y más borrachos. Un poco después de las nueve se suscita un conato de pleito entre dos vecinos, que comienzan a insultarse y están a punto de irse a los golpes, pero las señoras intervienen y piden respeto. El asunto de conato tiene que ver con una vecina, quien luce un vestido de licra en color morado, bastante sugestivo para un evento de carácter religioso.
La anfitriona, una mujer robusta, ya en sus sesenta años, y con voz gruesa, sale y le pide a la vecina devota del vestido sugestivo y morado el favor de retirarse, “por respeto a san juditas Tadeo” y a las familias presentes.
A muchos de los concurrentes les hormiguean los pies por ponerse a bailar, pero no se puede; es una de las pocas cosas que no se pueden.
Por el patrocinio del rico del barrio, un empresario que posee refaccionarias, la banda toca hasta las diez de la noche, y no hay más porque ya los borrachos y borrachas son muchos y el ambiente comienza a ponerse alterado, además ya hay cansancio y mañana hay que ir a trabajar, porque la fiesta cayó en martes. Ni modo.
Los vecinos e invitados se van retirando, satisfechos de haber conmemorado a san juditas Tadeo, el llamado santo de las causas difíciles o imposibles, a quien imploran cuando las cosas se ponen feas, lo mismo en asuntos de salud, de familia, de trabajo, de negocios y otras desgracias, por eso hay que agradecer y conmemorar su día.
La celebración, excepto por las diez señoras y los tres hombres que rezaron un poco antes de comenzar el fiestón, no parece en absoluto una celebración religiosa, pero sí bastante popular y con influencias “paganas” que se antojan antiquísimas, pero imborrables en la cultura mexicana.
Es, sin duda, una devoción popular muy extendida en todo México, pero en especial en lugares como La Laguna. Entre comida, bebida, danza prehispánica, banda grupera, alcohol y cohetones, que se lanzaron varios por la noche, subsiste en el fondo el fervor religioso, especialmente entre las mujeres, pues en los hombres solo se vuelve patente cuando hay problemas y situaciones desesperadas.
Una de las diez señoras que sí rezó me regala una estampa del santo, que al reverso lleva impresa la siguiente plegaria:
¡Glorioso apóstol San Judas Tadeo! Por causa de llevar el nombre de quien entregó a nuestro querido Maestro en manos de sus enemigos, muchos os han olvidado. Pero la Iglesia os honra e invoca como Patrón de los casos difíciles y desesperados. Ruega por nosotros, que somos pecadores, y haz uso os rogamos de ese privilegio especial a vos concedido por nuestro Señor, de socorrer visible y prontamente cuando casi se ha perdido toda esperanza. Ven en nuestra ayuda en esta gran necesidad, e intercede ante nuestro Señor para que recibamos su consuelo y socorro en medio de nuestras tribulaciones y sufrimientos. Que bendiga Dios a vos y a todos los escogidos por toda la eternidad. Amén..
En medio del mitote mundano hay un fervor religioso. Las formas de conmemorar ese fervor ya son otra cosa.







