Por: Álvaro González
Los militares no son ángeles sino humanos, que están propensos a la corrupción, como cualquier otra persona, pero hasta ahora la mayor parte de las fuerzas armadas habían logrado mantenerse al margen de esta, y en parte a eso se debe la alta aprobación de que gozan tanto la marina como el ejército entre la población en general.
En cajón abierto hasta el más honrado mete la mano
Adagio popular
AMLO se empeñó, con verdadero afán, en involucrar al ejército y a la marina en tareas que no son propias de su naturaleza. Les confió el manejo de presupuestos de obra gigantescos, el manejo de las aduanas y los aeropuertos, la construcción del Felipe Ángeles e inclusive el manejo de una línea aérea comercial, independientemente de haberles entregado la policía federal, transformada ahora en Guardia Nacional, cuando los militares no están capacitados para realizar labores policiacas, ni de construcción, ni aduaneras, ni de ejercer funciones empresariales, como el manejo del llamado Tren Maya.
Les abrió el cajón del erario público, pero además exentándolos de la rendición de cuentas; de mecanismos estrictos de auditoría, bajo el argumento de que se trataba de obras de “interés nacional”.
Al destaparse la corrupción y el gigantesco negocio del “huachicol” fiscal, se puso de manifiesto la participación de personal de la marina, encargada de la función aduanal, de estar involucrado con una red nacional de empresarios y delincuentes “huachicoleros”, lo que desató una trama que salpica a los mandos más altos de la marina, no solo de las operaciones del contrabando de “huachicol” sino de acciones más turbias, como el asesinato de dos marinos y el demasiado oportuno “suicidio” de otro marino más.

El problema de las aduanas en México, y en el mundo entero, es la corrupción, y México tiene un intenso movimiento aduanero. Era indispensable sanear esa corrupción, pero la solución no era poner personal de la marina. No se trataba solo de cambio de personal sino de la revisión de todo el sistema de aduanas del país y la implementación de controles y procedimientos estrictos, eficientes y eficaces, pero eso llevaba más tiempo y más trabajo. Lo fácil, para AMLO, fue entregar las aduanas a la marina y, según él, el problema estaría resuelto, pero lo que estaba haciendo era poner a los marinos ante un cajón de corrupción abierto, que su gobierno estaba tolerando, pues las operaciones eran de tal magnitud que era imposible que el presidente no estuviera enterado del problema.
También era imposible, en una estructura de carácter militar, que además no es tan grande como el ejército, que los altos mandos no estuvieran enterados de lo que estaba pasando.
En la trama ya hay 9 marinos procesados judicialmente, un sobrino del propio ex secretario de Marina en el sexenio pasado, asesinatos como el del exencargado de la aduana de Manzanillo, también marino, más otro elemento y un “suicidio”, como se refirió anteriormente.
No se trata de un hecho aislado, sino de una corrupción a gran escala, en la que inclusive es señalado el vicealmirante Salvador Camargo Vivero, quien no está sujeto a proceso como encargado de la aduana de Tampico, Tamaulipas, pero si su exgerente de Administración y Finanzas, Francisco Javier Antonio Martínez.
Se han detectado por lo menos 20 buques de gran calado con “huachicol” que fueron introducidos a través de ese puerto, pero eso es solo la punta de un gigantesco témpano, pues el buque incautado que desató el escándalo llevaba 10 millones de litros de “huachicol”, mientras que, en la incautación de 126 furgones de ferrocarril detenidos en Saltillo, Coahuila, llevaban 15 millones de litros de“huachicol”, y todos pasaron por una aduana de Tamaulipas.
El problema salpica a toda la Secretaría de Marina del sexenio pasado, incluido su titular, por lo que el gobierno de Claudia Sheinbaum, que está obligada a terminar con el problema, tiene dificultades para no tocar a altos mandos, pero si ha tenido que procesar a todo un grupo de marinos y hay más investigaciones en proceso.
Después del “huachicol” fiscal en las aduanas portuarias está el contrabando de mercancía China, que es enorme y ha seguido entrando hasta la fecha al país, no ha sido hasta este sexenio que se ha contenido el contrabando de algunos artículos, como el zapato y, en parte, la ropa, pues se estableció un compromiso con los empresarios para protegerlos del contrabando chino, dentro del Plan México.
Los militares no son ángeles sino humanos, que están propensos a la corrupción, como cualquier otra persona, pero hasta ahora la mayor parte de las fuerzas armadas habían logrado mantenerse al margen de esta, y en parte a eso se debe la alta aprobación de que gozan tanto la marina como el ejército entre la población en general.
Después de luchar más de 20 años contra los cárteles de la droga y las organizaciones criminales en general, ha habido ya casos de corrupción entre militares del más alto nivel, pero esto no era un problema extendido y se había limitado a casos específicos, pero AMLO, quien ha militarizado al país siendo un populista que se dice de izquierda, aunque su ideología está caracterizada por las contradicciones, le dio a los militares un poder y unas funciones que jamás habían tenido. Las consecuencias de ello están hoy a la vista.
Lo sensato para el actual gobierno sería ir regresando a las fuerzas armadas a las funciones que les corresponden, retirándolos de todos esos quehaceres que no son propios de su naturaleza, y que no están contemplados tan siquiera en la Constitución vigente.
El poder corruptor del crimen, más en México, es enorme, pero el poder absoluto, como el que detenta Morena, puede ser absolutamente corruptor y ya hay manifestaciones muy delicadas de ello, cuando tienen en el poder apenas siete años.
Si hoy se tolera la corrupción, e inclusive se le fomenta con la impunidad, pronto Morena habrá superado al viejo régimen, en el cual se formó AMLO aunque hoy se pretenda negarlo, y ello porque gran parte de los vicios de la “dictadura perfecta” se está replicando fielmente, pero en algunos aspectos, como este de las fuerzas armadas, se están agregando aberraciones que ni el propio PRI se permitió en sus mejores tiempos, como la militarización, que es propia de los nuevos regímenes autoritarios y de las dictaduras de izquierda.



