Las enseñanzas de Venezuela o cómo establecer dictadura

Las enseñanzas de Venezuela o cómo establecer dictadura

Por: Gerardo Lozano

México no es Venezuela, pero a partir del gobierno de Claudia Sheinbaum, que inicia en octubre próximo, tendrá muchas más semejanzas con el régimen que, todavía hoy, representa Nicolás Maduro.

La elección presidencial en Venezuela nos dio la oportunidad de observar, con detenimiento, cómo es que se gestó esa dictadura y la terrible devastación que ha provocado, pero además lo difícil de quitarla de forma pacífica, cívica.

Para resumir, Venezuela ha perdido el 75% de su economía, siendo el país petrolero más importante de América Latina ¿Cómo es posible eso, o más bien como fue que se permitió?

Nada es fruto de la casualidad, sino parte de un proceso que dirigió primero Hugo Chávez y ahora Nicolás Maduro.

El primer paso de Hugo Chávez fue ganarse la fidelidad del ejército, llenándolo de beneficios. En su caso era militar y había intentado antes un golpe castrense fallido, pero la estrategia es el primer paso obligado en la gestación de una dictadura; convertir al ejército en el brazo derecho del régimen.

¿Qué ha hecho en estos seis años Andrés Manuel López Obrador con el ejército? Llenarlo de tareas que le son ajenas, militarizando funciones gubernamentales estratégicas, y llenarlo de beneficios, no para luchar contra las poderosas organizaciones del crimen y la inseguridad, sino para asegurarse su lealtad política.

El siguiente paso de Hugo Chávez fue desmantelar la estructura electoral del país, creando un organismo electoral nacional que está bajo el control del gobierno central, además de controlar también el tribunal electoral, eliminando cualquier instancia legal independiente de controversia.

¿Qué ha intentado y puede ahora consumar el régimen morenista con el INE y el TEPJF? Someterlos, cambiarles el nombre, limitarles los recursos económicos, buscar el control del tribunal electoral, para que le “legitime” cualquier proceso electoral, como muy probablemente sucederá con la sobre representación de diputados y senadores, que le permitirá el control total de los tres poderes de la unión, modificando la constitución a placer, como comenzarán a realizarlo en unas cuantas semanas.

En Venezuela, según todas las evidencias probadas, en la última elección la oposición ganó con un aproximado 67% y Nicolás Maduro obtuvo apenas el 30%, pero el órgano electoral nacional le otorgó oficialmente una victoria de más del 50% de los votos, ocultando el cómputo de cada uno de los centros de votación a nivel nacional. La oposición misma, la OEA, un grupo amplio de países, entre ellos los EEUU y varios de la zona, inclusive los tres países “amigos” que le quedan, han pedido que muestren las actas de cómputo. Y no las mostrará nunca, porque perdió de manera abrumadora.

Si en México perdemos al INE y la autonomía del TEPJF estarán dadas las condiciones para que el estado vuelva a controlar las elecciones. 

Otro de los grandes instrumentos de Hugo Chávez, y ahora de Nicolás Maduro, es la demagogia; la verborrea populista, esto es mentir cuantas veces sea necesario y crear un discurso maniqueo, donde ellos son los buenos y hay un gran enemigo que amenaza al pueblo y a la patria. Como ya no les queda otro, todos aquellos que estén en su contra son enemigos de la patria, “del sueño libertario bolivariano” y lacayos del imperialismo yanqui. Antes era la oligarquía, los potentados, pero ya no hay ni oligarquía y no queda un solo potentado, todos se fueron al exilio. Tampoco queda clase media conservadora, porque se empobreció o se fue también al exilio.

En los últimos 25 años se han ido al exilio al menos 7 millones de venezolanos.

¿Qué dice al respecto el discurso morenista que predica cada día AMLO?

Tenemos un terrible enemigo, o más bien dos: los neoliberales y los conservadores, los cuales son enemigos del pueblo, que ellos representan.

CREAR, CON DEMAGOGÍA, UN MÉXICO IMAGINARIO

En su mente hay un México imaginario, donde todo camina de maravilla; donde ellos son los protagonistas de la “cuarta transformación”, que puede ser todo o nada, según esté el ánimo presidencial. La realidad del país se niega, por más que existan problemas verdaderamente graves, como la inseguridad y el crimen, por citar solo un ejemplo.

Hugo Chávez desmantelo al empresariado venezolano y posteriormente comenzó también el desmantelamiento de la clase media, algo que ha consumado Nicolás Maduro. Mientras lo hacían le dieron canonjías o dádivas gubernamentales a las clases pobres, pero al desplomarse la economía, incluido el negocio petrolero estatal, ya no hubo con que otorgar dádivas, y la dictadura está en serios problemas, pues la pobreza se extendió y se volvió extrema, con lo cual se perdió el respaldo popular. 

En México AMLO desató, a la mitad de su mandato, una campaña en contra de la clase media, acusándola de “aspiracionista” y de conservadora, al perder el partido oficial la mayoría de las delegaciones que comprende la ciudad de México, y al darse manifestaciones de protesta civil en contra de la pretensión de ir contra el INE y otro paquete de reformas constitucionales que le fueron rechazadas.

AMLO manifestó que “la gente del pueblo es más agradecida y más fiel políticamente”, no así los clasemedieros que, por su nivel de educación, son mucho más críticos y, por supuesto, tienen aspiraciones y posibilidades de ascenso social.

Para tener la fidelidad y agradecimiento político de “el pueblo”, se crearon más de diez programas del bienestar, con un costo aproximado de 800 mil millones de pesos anuales, un gasto que provino del endeudamiento público. Se agregó así a la deuda gubernamental 5 billones de pesos y se creó un fuerte déficit fiscal.

Tanto Hugo Chávez como Nicolás Maduro le apostaron al hecho de ser un país petrolero y a la administración y control de la producción de ese petróleo, pero lo hicieron con tal ineficiencia que acabaron con esa riqueza, aunque sigan teniendo petróleo, pero han destruido todos los demás sectores de la economía.

En México AMLO le ha apostado al control estatal de PEMEX y la CFE, alegando que es un asunto de soberanía nacional y un patrimonio del pueblo. PEMEX termina el sexenio técnicamente quebrada, con una deuda de 110 mil millones de dólares; una deuda enorme a proveedores y una productividad deplorable. En el mercado bursátil sus bonos son basura. La CFE termina el sexenio con un déficit que requiere de un enorme subsidio, con problemas para cubrir la demanda nacional de energía y con un modelo obsoleto, después de haber eliminado la reforma energética, que planteaba la participación privada y la inversión en energías alternas.

PEMEX y CFE son una de las más aberrantes herencias del gobierno de AMLO, que se supone es el primer gobierno de la 4T.

Hugo Chávez y Nicolas Maduro han creado un gobierno central totalitario, absoluto, sin organismos reguladores, sin contrapesos y sin un sistema judicial que imponga un estado de derecho, de tal manera que se hace lo que le venga en gana al dictador, que gobierna bajo la figura de un presidente electo democráticamente. Ninguna empresa de origen venezolano o extranjero está dispuesta a invertir un peso en Venezuela. Este es en buena medida el origen del desmantelamiento gradual de su economía, hasta quedar tan solo un 25% de lo que era hace 25 años.

MÉXICO NO ES VENEZUELA…

México no es Venezuela, pero a partir del gobierno de Claudia Sheinbaum, que inicia en octubre próximo, tendrá muchas más semejanzas con el régimen que, todavía hoy, representa Nicolás Maduro.

Todo orienta hacia un régimen autoritario, autócrata, donde la figura presidencial no tendrá límites legales, con un partido de estado hegemónico, una oposición débil y dispersa, un ejército convertido no solo en el brazo armado sino en brazo derecho del poder y una determinación de concentrar todo en el poder central, con la mayoría de los gobiernos estatales sometidos.

Aunque México no es Venezuela, hay que recordar que vivimos más de 30 años bajo una “dictablanda” con el porfiriato, que regresó, después de terminado el periodo revolucionario, el cual culmina con una guerra religiosa a manos de un sanguinario Plutarco Elías Calles, y el restablecimiento de la “dictablanda”, que duró todo el resto del siglo XX.

Se le puede llamar “dictablanda”, “dictadura perfecta” o “presidencial imperial”, para el caso es lo mismo, pero después de un breve periodo de transición democrática, que va del 2000 al 2018, todo indica que estamos regresando al mismo régimen autoritario, con la diferencia de que ahora ha eliminado a las instituciones que antes se simulaban y eso le vuelve, por sí mismo, más peligroso.

La gran pregunta es si este nuevo régimen coincide con la composición y las tendencias del México actual. El sentido común dice que no, pero ya lo veremos en los próximos años, que serán decisivos tanto para la nueva secta que está en el poder como para los mexicanos en general. El destino del país está en juego, sin eufemismos y sin grandilocuencias, sencillamente esa es la encrucijada en que nos hemos puesto.   

Comentarios de Facebook
Facebook
Twitter
LinkedIn

Te podría interesar: