Las bondades y las aberraciones de las universidades Bienestar Benito Juárez en Coahuila

Las bondades y las aberraciones de las universidades Bienestar Benito Juárez en Coahuila

Por: Álvaro González

Las instalaciones son mínimas; no cubren las necesidades básicas de una universidad, por lo que se estudia en condiciones precarias, inclementes, al carecer de casi todos los servicios.

La planicie de matorrales chaparros es un comal ardiente, con una temperatura por encima de los cuarenta grados centígrados. Todo es desolación en el entorno, pero de pronto, después de recorrer un camino cacarizo y lleno de agujeros, aparece un grupo pequeño de edificios nuevos de ladrillo y piedra, a un lado de un caserío modestísimo; es la Universidad Bienestar Benito Juárez del municipio de Viesca, Coahuila, donde se imparte una sola licenciatura en enfermería y obstetricia.

¿Quién y porqué se decidió ubicar una de las llamadas universidades del Bienestar en este paraje perdido y distante de todo? Nadie puede dar una explicación, pero sorprendentemente más de 600 alumnos acuden cada tercer día a clases, en tres turnos, y vienen, como pueden, de comunidades y ciudades de toda la región lagunera, del vecino estado de Zacatecas e inclusive de algunos otros estados del país.

Se trata de solo cuatro edificaciones chicas; un conjunto equivalente a una escuela primaria, pero sin instalaciones de recreación y de servicios, algo completamente austero, que consta de cuatro salones de clases, un auditorio chico, que es usado como salón de clases, otros dos salones que están en construcción, casi terminados y dos pequeñas edificaciones aisladas que son dos baños en funcionamiento, pero sin servicio de agua entubada y dos que están en construcción, a los que les resta todo el interior.

Todos los espacios que median entre los edificios son de tierra apisonada y sólo muy recientemente se han plantado algunas palmas pequeñas.

En el periodo de calor, que abarca casi todo el año, esto es un horno donde el sol no tiene clemencia de cualquier tipo de ser vivo, pero no hay un solo aparato de aire acondicionado, si acaso algunos abanicos. Aun así todos coinciden en que hay un sobrecupo; los salones y el auditorio se llenan a reventar de alumnos, ya no hay más porque es imposible. Son tres turnos: matutino, intermedio-mixto y vespertino.

Todo ha sido improvisado y el dinero para obra física y equipamiento fluye a cuenta gotas. Los más de 600 alumnos disponen de un baño para hombres y uno para mujeres. Como no hay agua entubada afuera de cada baño aparece un barril de agua que tiene que ser constantemente llenado.

No hay una sola cafetería, ni espacio recreativo, mucho menos jardines o algo verde que rompa con la desolación del entorno. Tampoco hay equipamiento moderno para proyección, ni biblioteca, infoteca o algo que haga las veces de tal. Sólo hay alumnos, maestros, dos de ellos cubanos, coordinadora, un intendente por turno y una o dos personas auxiliares, eso es todo, y salvo los dos nuevos salones que están por terminarse, nada indica que pronto vaya a haber más instalaciones, ni más carreras.

¿Qué explica entonces que vengan a este lugar más de 600 alumnos a estudiar la carrera de licenciados en enfermería y obstetricia, la mayor parte de ellos mujeres?

Según lo refieren ellos mismos la principal motivación es la beca que recibe cada uno; una beca del bienestar que consiste en 5 mil 800 pesos bimestrales, casi 3 mil pesos mensuales, que les son entregados puntualmente, pero además no hay examen de admisión y no hay edad límite para entrar a cursar la carrera.

Para una muchacha de una ranchería 3 mil pesos mensuales es mucho dinero, pero aún así el porcentaje de deserción es alto, pues la beca se les entrega durante los cuatro años de carrera y además durante el año de prácticas profesionales.

De la segunda generación, que es la última que ha salido, se graduaron solo 80 jóvenes, lo cual, para las instalaciones que se tienen y las condiciones en que se estudia, son muchísimos.

El principal problema es la ubicación surrealista de la escuela o universidad, si se le quiere llamar así. Cada quien llega como puede. Muchos se han organizado para rentar servicio de combis o peseras, otros pagan un servicio de camiones que han establecido una ruta que sale de un supermercado ubicado en el boulevard independencia en Torreón, pero el traslado es complicado.

La única ventaja que se observa es que a un kilómetro de las instalaciones pasa la autopista Torreón-Saltillo, y hay puentes de acceso en las dos direcciones de la autopista, que se ubican, ambos, a 23 kilómetros de Matamoros, Coahuila, que es lo más cercano.

Otras de las motivaciones es que no hay examen de admisión, de hecho, está prohibido y no hay tampoco ningún tipo de exigencia académica de ingreso. Entra el que alcanza lugar y obtiene la beca, que van juntos.

Los maestros en su mayoría son de Torreón y se trasladan por su cuenta, con la facilidad de que los días son terciados.

Hay un serio problema irresuelto, independiente de la calidad académica que tengan los egresados, que tampoco es problema menor ¿Dónde van a trabajar los 80 egresados que se gradúan cada año y van en aumento? En solo cuatro años habrá más de 300 egresados, quienes recibirán la beca durante su año de prácticas, pero después ninguno de ellos tiene un trabajo asegurado. Todos desearían estar en el IMSS o en el ISSSTE pero la demanda es sumamente alta y la oferta de trabajo es muy baja, pero además tiene que pasar por sindicatos viciosos, donde el nepotismo está arraigadísimo.

¿ERA LA ÚNICA ALTERNATIVA?

El gasto anual de las becas del bienestar que reciben los estudiantes de esta Universidad del Bienestar Benito Juárez, es de 20 a 23 millones de pesos cada año, y se va a ir incrementando con los ajustes que se hacen anualmente.

Hay que tomar en cuenta que en Coahuila existen otras dos unidades: una en Piedras Negras, que ofrece la licenciatura en Estudios Sociales y otra en Francisco I.Madero que ofrece la ingeniería en procesos agroalimentarios, pero la más demandada es la de Viesca.

Solo el costo de las becas se acerca a los 50 millones de pesos anuales, pero además está el costo operativo, que va aumentando cada año.

Si el propósito es que los muchachos pobres de las comunidades rurales y los medios urbanos populares de las ciudades tengan acceso a la universidad, proporcionándoles los recursos para ello ¿No había otras opciones para lograr este propósito?

En la unidad de Viesca se pueden observar varios problemas serios. El primero de ellos es la absurda ubicación, que vuelve un verdadero sufrimiento el acceso.

Las instalaciones son mínimas; no cubren las necesidades básicas de una universidad, por lo que se estudia en condiciones precarias, inclementes, al carecer de casi todos los servicios.

El nivel académico que se puede ofrecer es muy pobre, pues no se dan las condiciones didácticas indispensables, porque además la carrera que se ofrece de enfermería y obstetricia requiere de rigor académico en lo teórico, además del desarrollo de habilidades específicas y comprobadas para poder ejercer la profesión.

Se repite el error de todo el sistema de educación del país: no hay la relación obligada entre la demanda social y la oferta educativa, los criterios no parten de la planeación sino de decisiones de carácter político, por lo menos en este caso de las llamadas Universidades Bienestar Benito Juárez.

En 2025 hay ya 202 unidades en todo el país, con estados como Chiapas que tiene 27 unidades y Veracruz 23.

Para 2025 el presupuesto nacional de las UBBJ subió de mil 562 millones de pesos a 3 mil 014 millones de pesos. Se han destinado 4 mil millones de pesos para instalaciones, equipamiento y operación, lo que se puede considerar poco para sostener a 202 “universidades”, pero el gran gasto está en las becas que se entregan a cada alumno. 

Este año se han destinado recursos para becar a 85,000 alumnos a nivel nacional.

EL RECHAZO A LAS UNIVERSIDADES AUTÓNOMAS

El origen de la idea de crear estas “universidades”, como todo en los gobiernos de la 4T, es de Andrés Manuel López Obrador, quien importó la idea de Cuba, pero además de su inexplicable rechazo a las universidades autónomas públicas, de las cuáles tanto él, como sus hijos, como la actual presidenta, Claudia Sheinbaum, son egresados. En el caso de Claudia Sheinbaum es una privilegiada del sistema de la UNAM.

El recelo y el desdén por las universidades autónomas públicas se ha traducido en una reducción sistemática de recursos, al considerar que la mayoría de ellas se han convertido en enormes y costosas burocracias, lo cual es en parte indiscutible, pero eso no las descalifica como las principales opciones de estudios universitarios gratuitos para la población de menores recursos económicos.

En el caso de Coahuila los números son contundentes y se expresan por sí mismos.

En el 2022 la Universidad Autónoma de Coahuila recibía del CONACYT anualmente 78 millones 444 mil pesos para 441 becarios. De la beca Jóvenes Escribiendo el Futuro obtenía 13 millones 804 mil pesos para 483 becarios y de la Beca Benito Juárez recibía 85 millones 24 mil pesos para 10,121 becarios. En total 12,873 alumnos de la UAdeC recibían algún tipo de beca, lo que representaba el 33.35% de su matrícula.

En 2023 comenzó la reducción de los recursos para becas en el nivel superior, al grado de pasar en 2024 a tan solo un millón 411 mil pesos para las becas Jóvenes Escribiendo el Futuro. Los recursos para las becas Benito Juárez bajaron a 50 millones 89 mil pesos y el último informe universitario no reporta recurso alguno del CONACYT para el otorgamiento de becas.

En el caso de la beca Benito Juárez, que es la más pequeña, los recursos se incrementaron a 100 millones 178 mil pesos, destinados al nivel medio superior o de bachillerato, el cual es cubierto casi en su totalidad, pero en el nivel superior los recursos se han ido a las Universidades Bienestar Benito Juárez.  

Comentarios de Facebook
Facebook
Twitter
LinkedIn

Te podría interesar: