Por: Marcela Valles
Las universidades, por su naturaleza, deberían ser semilleros de un sistema democrático; un ejemplo por parte del sector de la sociedad más instruido, pero esto, por lo menos en el caso de la UAdeC, es la historia de una mentira.
La autonomía de las universidades públicas está sustentada en una democracia interna, en la que tienen derecho a voto todos los alumnos y maestros, sin intervención de instancias políticas externas; sin la manipulación de los coordinadores de unidad, los directores o los propios maestros.
Las universidades, por su naturaleza, deberían ser semilleros de un sistema democrático; un ejemplo por parte del sector de la sociedad más instruido, pero esto, por lo menos en el caso de la UAdeC, es la historia de una mentira.
En el caso de la Unidad Torreón, que es la segunda en alumnado entre las unidades que conforman a la universidad, hay un grupo de familias apoderadas de facultades y escuelas, las que constituyen camarillas políticas, que nada tienen que ver con lo académico y sí mucho con grupos que inclusive pueden catalogarse como mafiosos.
En la Unidad Torreón hay por ahora dos clanes familiares o camarillas que se disputan la coordinación: los Medina y los Centeno, encabezados, respectivamente, por Manuel Medina Elizondo y Carlos Centeno Aranda, quien inclusive es al mismo tiempo rector de la Universidad Tecnológica de Torreón, pero comenzó como director de la Facultad de Derecho de la UAdeC.
El rector, Octavio Pimentel, ha declarado que sea mentira que exista una manipulación del voto universitario; que él no meterá las manos, pero lo único que pide es que la elección se de en unidad, lo que significa que habrá un candidato de unidad, el cual es designado desde Saltillo, y había que ver inclusive si esa decisión política la toma el propio rector o viene de otra instancia política.

Octavio Pimentel no está en el cargo de rector por un sistema democrático, sino por una decisión política externa a la universidad. Su candidatura se sacó adelante, no sin muchas dificultades, por una serie de pactos con las camarillas o grupos políticos que controlan las diferentes unidades o una gran parte de ellas.
En la elección de rector soplo algo de viento de rebeldía; de un verdadero espíritu democrático, sobre todo en la Unidad Saltillo, donde no pudieron manipular el voto de un porcentaje alto de estudiantes y maestros, pero la Unidad Torreón, que está sujeta a una más férrea manipulación, cerró filas en torno a Octavio Pimentel, quien ahora está en deuda política pero además, debido a la crítica situación económica de la UAdeC, que está en la insolvencia, su margen de maniobra es muy limitado. Hasta ahora el perfil de Pimentel es más bien bajo.
En la elección de la Unidad Torreón se ha decidido entregarle este periodo de la Coordinación de Unidad al grupo de Carlos Centeno, por lo cual, casi de inmediato, se presentó como candidato a la Coordinación de la Unidad nada menos que Jorge Omar Rojas Zapata, director de la Facultad de Derecho, que es feudo de los Centeno Aranda.
Omar Rojas Zapata sustituyó en el cargo a Martha Adriana Centeno Aranda, hermana de Carlos Aranda, y ahora Directora de Asuntos Académicos de la rectoría de la UAdeC. Para que no haya duda “de que lado masca la iguana”, como se dice en el argot popular del sur.
La frase del proceso que es un arreglo no en lo oscuro sino a pleno sol lagunero, se la ha llevado el propio rector de la universidad, Jesús Octavio Pimentel, que ha dicho que en la universidad “no hay grupos”, que el grupo son todos los universitarios.
La declaración suena a broma, si no fuera por los tintes mafiosos que tiene el control político de la Unidad Torreón sobre el estudiantado y sobre los maestros, o alguien puede responder, incluido el rector a la pregunta ¿Por qué Carlos Centeno Aranda inspira miedo al interior de la Unidad Torreón, cuando inclusive ya es rector de otra universidad? ¿Y el nepotismo de los Centeno Aranda y los Medina Elizondo cómo se explica?







