Por: Rodrigo Tejeda
En los últimos 50 años, al menos, del sistema político mexicano, hemos visto cómo este ha ido en una constante decadencia, desde masacres estudiantiles hasta pactos con el narco, no sin antes comprometer la paz social, la economía y todo lo que quede en medio.
La familia Hernández vive en la calle Ocampo, en lo que se llama el segundo cuadro de Torreón, que es la parte vieja de la ciudad. Son seis miembros: los abuelos, dos hijos y dos nietos, quienes ya van a la universidad.
Los abuelos reciben la pensión para adultos mayores del bienestar; los dos nietos tienen una beca, también del bienestar. Cada mes reciben una despensa de parte de la lideresa del PRI que opera en la colonia, pero también reciben leche y huevo, del PRI también.
Políticamente la familia está dividida: los abuelos van con Morena, los hijos siempre han estado con el PRI y a los dos nietos no les interesa la política, aunque reciban becas del bienestar.
Debido a las constantes discusiones, que terminaban en pleitos, decidieron no discutir de política, pero en las pasadas campañas electorales, que culminaron en la elección del 5 de junio, los promotores del voto de Morena aumentaron los donativos de despensas y de huevo. De este último les dieron hasta en tres ocasiones.
Ya cerca de la elección llegó hasta la puerta de la casa una promotora de Morena, quien le propuso a una de las hijas que reuniera 10 votantes para Morena a cambio de un pago de dinero en efectivo. La hija es fiel al PRI, porque puede recurrir a las lideresas para que le hagan ciertos favores, así que no aceptó. La abuela si quería, pero ya no puede, lo que motivó una discusión con la hija, pero los promotores de Morena se encargaron de recordarle a los abuelos que reciben la pensión del bienestar, y a la familia que reciben las becas de los hijos.
El sector forma parte del distrito nueve local. El día de la elección los hijos fueron a votar por el PRI y se llevaron a los nietos, no sin antes tener hacer uso de la autoridad. Los cuatro votaron, como recompensa les entregaron, a cada uno, 200 pesos.
Los abuelos votaron por Morena, agradecidos por las pensiones del bienestar, pero de haberse resistido hubieran obtenido también un pago. Además, estaba la opción de votar por un nuevo partido, que recién ha aparecido, llamado Nuevas Ideas, que estaba pagando 500 pesos por voto, por medio del moderno empleo de un QR.
Antes de votar, los que estaban con el PRI, que barrió en esa casilla, disfrutaron de un sabroso menudo, incluidos los abuelos, quienes fueron bastante gustosos, sin importarles su filiación morenista. Primero está comer que ser cristiano, afirma el dicho.
¿Eso es democracia? Por supuesto que no; son los vicios, nuevos y viejos, de un sistema democrático subdesarrollado, que se resiste a desarrollarse y, cuando parecía que ya iba por buen camino, ha retrocedido, de forma agresiva, hacia el populismo y un peligroso autoritarismo.
La democracia, como sistema participativo de todos los ciudadanos para decidir los asuntos de la ciudad y del país, exige de un nivel de civismo y de cultura política, que todavía no existe en la mayor parte de la población mexicana, pero esto debido a los intereses de una clase política que se debate entre la corrupción, la búsqueda del poder para sus intereses y quienes, de alguna manera, buscan realmente el desarrollo democrático del país.

LA CORRUPCIÓN PERMANENTE
El viejo PRI fue, por décadas, un partido de estado y, en consecuencia, un partido único, pero que cubría las apariencias democráticas, llevando a cabo elecciones puntuales para todos los cargos de elección popular, desde la presidencia de la república hasta el más modesto presidente municipal.
Siendo único; siendo un partido de estado, era además una formidable maquinaria político-electoral, que podía movilizar a los sectores obreros, campesinos y populares. Ganaba todo y dejaba que la oposición fuera algo simbólico, pequeño, inofensivo, como lo fue el PAN por casi medio siglo.
La gente en general, incluidas las clases altas, medias y populares, no se preocupaban demasiado, pues el país estaba en santa paz, las libertades básicas se respetaban, la economía crecía anualmente entre un 6 y un 7%, la movilidad social era muy alta y los medios de comunicación estaban bajo control, que entonces eran solamente la prensa escrita, la radio, que era musical, y una incipiente cadena televisiva.
Era una democracia muy imperfecta, pero sus críticos, en la voz del peruano y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, la calificaron como una dictadura perfecta.
Cuando la gente prospera y manda a sus hijos a la escuela básica y a la universidad, le surgen ideas nuevas y también ciertas exigencias. El nivel de conciencia cívica da un brinco y se da cuenta de que la dictadura no es tan perfecta, pero además la población del país pasó, aceleradamente, de rural a urbana, lo que le permitió educarse, y el sistema de educación pública era cada vez más amplio y eficiente.

EL POPULISMO Y LA DECADENCIA
A finales de los años sesenta, hizo su aparición una protesta juvenil en la ciudad de México; una protesta que era de izquierda y que recorría todo el mundo. Con los Juegos Olímpicos en puerta, Gustavo Díaz Ordaz recurrió a la represión militar y la conciencia cívica de una parte amplia de la sociedad despertó, por lo que el siguiente presidente, Luis Echeverría Álvarez, le dio al PRI un giro hacia la izquierda, pero también hacia el populismo. Comenzó a derrochar el erario público y descarriló el llamado ‘desarrollo estabilizador’. A partir de ahí la economía mexicana tendría un mediocre crecimiento y crisis recurrentes.
Luis Echeverría trató de cooptar el despertar cívico y la protesta social, todo por medio de canonjías económicas, lo que en apariencia logró.
En 1975, en Coahuila, el candidato a gobernador, Oscar Flores Tapia, no tuvo contrincantes, fue en solitario y, por supuesto, sacó los votos que él quiso. El PRI ‘arrasó’ en los 38 gobiernos municipales del estado.
En 1976, José López Portillo, fue también candidato único a la presidencia, en una alianza del PRI-PPS-PARM. La oposición parecía estar en su peor momento. Valentín Campa se presentó como candidato del Partido Comunista, pero como no tenía reconocimiento oficial, los votos del legendario líder izquierdista ni tan siquiera fueron contados.
Los radicales del priismo estaban felices: el partido hegemónico había aplastado toda posible oposición, pero apareció un político notable, quien advirtió que el camino que se estaba siguiendo no era viable y, al mediano plazo, habría problemas de estabilidad política en el país. En otras palabras, el régimen tenía que adaptarse a una sociedad más plural, más moderna y que estaba reclamando libertades políticas. Ese hombre fue Jesús Reyes Heroles, Secretario de Gobernación.
Se realizaron foros, consultas y negociaciones, para concretar su propuesta de Reforma Política en 1977, que concluyeron, en diciembre de ese año, con la promulgación de la nueva Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales, LOPPE, que hizo reformas constitucionales y abrió el espacio político, dándole cabida a la izquierda, que hasta entonces estaba proscrita.
No fue algo ideal, porque con un presidente tan frívolo e irresponsable como José López Portillo, era lo más que se podía hacer, pero resultó un avance y, al mediano plazo, la posibilidad de la apertura democrática.
El PRI conservó el poder, pero la oposición se revitalizó y comenzó a avanzar.
Lo más interesante es que se dieron dos formas de operación política-electoral. En el PRI comenzó la época de la ‘alquimia’ y la ‘mapachería’, con una serie de prácticas electorales que inclusive pasaron a ser parte del folklore popular, como el ‘embarazo de urnas’, ‘los tacos’, ‘el carrusel’, ‘el acarreo’, ‘el menudo electoral’ y después, lo más burdo: la compra del voto.
La oposición, toda, tenía que luchar contra el PRI utilizando solo el juego democrático, es decir el voto libre y consciente de los ciudadanos, y lo mismo hacía el PAN que los partidos de la izquierda, lo que era muy interesante, porque era un avance democrático real, fincado en la conciencia cívica del ciudadano.
Se logró brincar así la elección presidencial de 1982, pero la oposición seguía avanzando.
Jesús Reyes Heroles muere prematuramente en 1985, a los 63 años de edad, de un paro cardíaco, mientras vacacionaba en Denver, Colorado.

LA CAÍDA DEL SISTEMA
En la elección de 1988 la izquierda, a la que se sumó la corriente democrática del propio PRI y la derecha, a través del PAN, lanzaron una ofensiva democrática agresiva. La izquierda se organizó en el Frente Democrático Nacional, el PAN fue por su cuenta.
El viejo sistema, literalmente, se cayó. A través de un siniestro Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, ante la evidencia de un voto mayoritario de la oposición, ordenó manipular el sistema de cómputo de los votos, por lo que el candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari, ganó la elección con un 52% de los votos, pero para la sociedad mexicana quedó claro que había perdido la elección, y el ganador era Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, pero también con un gran avance del PAN.
Por primera vez, por la vía democrática, había ganado la oposición. No hubo ‘mapachería’ ni ‘alquimia’ que alcanzaran.
Contra lo esperado, Carlos Salinas de Gortari resultó un eficiente presidente, pero la elección de 1988 fue un triunfo de la democracia.
El PAN comenzó a avanzar mucho en los estados, ganando varias gubernaturas, y colocándose como la segunda fuerza política del país. La izquierda, ya organizada en el PRD, fundado en 1989, tuvo más problemas, sobre todo de carácter interno. Apareció el caudillismo, en la figura de Cuauhtémoc Cárdenas, y el tribalismo, muy característico de la izquierda mexicana.
La de 1994 fue una elección presidencial muy extraña y accidentada. El primer candidato oficial, Luis Donaldo Colosio, fue asesinado, y el principal sospechoso, en la voz popular, fue el propio presidente Carlos Salinas de Gortari. El segundo candidato, Ernesto Zedillo Ponce de León era un tecnócrata de origen humilde, quien no compartía la doctrina tradicional del viejo PRI, ni muchas de sus prácticas.
A media campaña, cuando estaba arriba en las encuestas, Diego Fernández de Cevallos, un excelente orador, que ganó, de manera contundente, el primer debate, inexplicablemente bajó el ritmo de su campaña, argumentando que un robusto político yucateco le había dado un tremendo abrazo y le había lesionado las costillas. Lesionado o no, el candidato del PAN bajó el ritmo de su campaña cuando era el puntero. Ganó Ernesto Zedillo, pero perdió el PRI.
En el año 2000 la democracia se puso de fiesta. Se abrió el siglo con un presidente del PAN, Vicente Fox Quezada, quien llegaba al poder a través del voto libre. Se pronosticaba una primavera democrática; el inicio de nuestra consolidación política y también el inicio de un proceso que nos llevaría a ser un país desarrollado.
Penosamente la presidencia del país le quedó grande a Vicente Fox, quien no obstante tenía un muy alto índice de respaldo popular.
Vino una pugna al interior del PAN y, desafortunadamente, el candidato fue Felipe Calderón Hinojosa, quien contendió, en 2006, con Andrés Manuel López Obrador.
La contienda presidencial de 2006 fue muy cerrada entre el PAN y el PRD. El PRI, por segunda vez, quedó desplazado. El PAN, penosamente, había dado signos de descomposición interna a partir de su llegada al poder, y Andrés Manuel López Obrador era un personaje muy controvertido y contradictorio, había muchas dudas de que fuera realmente un demócrata y aceptara precisamente las reglas del juego democrático.
Perdió por un margen muy corto, y de inmediato declaró que había fraude y se puso en rebeldía, lo que mostró que no sabía encajar la derrota en una contienda democrática, pues nunca presentó pruebas de que hubiera el fraude que denunciaba. Era una mala señal de lo que vendría después.

EL POPULISMO Y EL AUTORITARISMO
Políticamente el país mostró lo que ya se sabía: su sistema democrático era todavía débil y debería de madurar.
En el gobierno de Felipe Calderón apareció un gran monstruo que había cobrado proporciones enormes: el narcotráfico y el desmesurado poder de sus cárteles y organizaciones. Calderón lo enfrentó de forma frontal, como ningún gobierno anterior lo había hecho, pero con una estrategia inicial poco eficiente, lo que fue aprovechado por los intereses políticos y económicos más oscuros del país, desatando un baño de sangre que marcó su gobierno, pero detrás de ese gran problema hubo otro más delicado: el poder corrompió y debilitó al PAN, lo que hizo mucho daño al sistema democrático, más que el propio desgaste de la lucha contra el narcotráfico.
Ya con el juego democrático abierto, inesperadamente el PRI volvió al poder en la elección de 2012, donde volvió a perder Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez Mota. El voto opositor se partió en dos y el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, ganó por un margen mucho más bajo del tradicional.
López Obrador volvió a tomar muy mal la derrota, a tal grado que terminó infartándose y adquirió otros padecimientos físicos. Recuperado, decidió destruir al PRD, del cual había sido presidente nacional, y tomó una decisión sumamente delicada: buscar el poder por cualquier medio y a cualquier costo, rompiendo las reglas básicas del juego democrático.
Fundó Morena en 2013 e inició una serie de pactos con quien se quisiera sumar a su campaña por la presidencia. Sumó a los radicales de izquierda, que no son democráticos; sumó a muchos personajes desechados del PRI; pactó con Enrique Peña Nieto la impunidad para su grupo político en caso de que alcanzara el poder y, lo más delicado, los hechos posteriores han mostrado que también tuvo acuerdos con, al menos, una parte de los grandes cárteles del narcotráfico.
Ocultó, en sus promesas y programa de gobierno, que no creía en las reglas del sistema democrático, y pretendía llegar al poder para dirigir un cambio de régimen, por medio del populismo y el autoritarismo. Sistemáticamente, en su sexenio destruyó al PRI, a base de pactos antidemocráticos y de corrupción; destruyó organismos e instituciones que habían sido creadas para respaldar un sistema más democrático; desmanteló la composición y la autonomía del poder judicial; cooptó al supremo tribunal electoral y al INE y se apoderó, usando todos los medios lícitos e ilícitos de más de 20 gubernaturas, inclusive pactando directamente con el narcotráfico en amplias regiones del país.
Para controlar el voto, fue mucho más allá que el PRI: creó un sistema clientelar masivo desde el poder, en buena medida disfrazado de subsidios de tipo social, generando un incremento agresivo de la deuda pública. Además de comprar el voto ciudadano, compró conciencias.
Impuso una sucesión tutelada, por medio de argucias poco democráticas, como precampañas anticipadas que dejaron en desventaja a la oposición, financiamiento del partido oficial a través de toldo tipo de fuentes, lícitas e ilícitas; utilización de todo el aparato gubernamental para orientar elecciones y cooptando o agrediendo a los medios de comunicación.
El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación fue cooptado para darle, ilegalmente, una mayoría absoluta en el poder legislativo, con lo que se ha modificado la constitución del país al antojo.
En resumen, un grave retroceso democrático en el país, por el cual un grupo político que llegó al poder por la vía democrática, está destruyendo al propio sistema democrático, para establecer un régimen populista y autoritario, más autoritario incluso que el viejo PRI, que pretende perpetuarse en el poder de manera indefinida, por los medios que considere necesarios.



