El problema del agua en Torreón

El problema del agua en Torreón

Por: Eugenia Rodríguez

La mayoría de la población no tiene una cultura adecuada del ahorro en el consumo del agua potable y, otra parte, inclusive se resiste al pago del servicio, sobre todo en algunos medios populares.

El problema del abasto de agua potable en Torreón es crítico y ha hecho crisis en el último gobierno municipal, pero también es un problema complejo que gradualmente se ha venido complicando.

El problema inicial se origina en la sobreexplotación de los mantos acuíferos en las últimas cuatro décadas, por parte de los principales productores agropecuarios, principalmente los ganaderos lecheros. Por corrupción, la CONAGUA, que es el organismo responsable de regular la explotación de los mantos freáticos, fue omisa, y lo sigue siendo hasta la fecha. No tiene ni tan siquiera un censo confiable del número de pozos extractores, mucho menos la regulación de los mismos con medidores volumétricos.

Esta sobreexplotación, denunciada en innumerables veces, terminó por agotar los acuíferos, lo que repercutió en la extracción de agua en la zona urbana. Muchos pozos se secaron, otros tuvieron que aumentar su profundidad a cientos de metros, extrayendo un agua que ya no es de muy buena calidad.

Comenzó así el problema de abasto.

Al problema técnico de fondo se ha sumado una corrupción endémica en el SIMAS, donde un grupo de empresas contratistas se han enquistado, utilizando sus relaciones políticas, y los funcionarios con frecuencia han caído en desvió de recursos y otro tipo de delitos administrativos.

Paradójicamente, el problema de la corrupción se agravó en el gobierno de Jorge Zermeño Infante, quien puso como directos a Juan José Gómez, propietario de una empresa de bombas y de pintura. Al final de este periodo hubo procesos judiciales en contra de varios funcionarios de la paramunicipal, pero, penosamente, fueron resueltos por medio de la negociación política.

La solución del problema del agua pasa, obligadamente, por la limpieza y eficiencia del SIMAS, que requiere de un director a la altura de la problemática que se enfrenta.

LA PARTE FEDERAL

Algo que se menciona poco pero que es elemental, es que el problema de agua en toda la zona conurbada de La Laguna tiene que ver con el nuevo programa, Agua Saludable para La Laguna, que está en manos de la CONAGUA, que hasta ahora lleva un retraso de más de tres años, no ha cumplido con el compromiso de entregar los volúmenes de agua que ofreció a cada municipio, pero además ya presenta varias fallas técnicas frecuentes.

Agua Saludable es un proyecto con mala planeación, pues mientras construía la infraestructura básica, debió entregar a los municipios los recursos comprometidos para renovar las redes de distribución de agua potable.

El proyecto está por concluir, los recursos de los municipios están etiquetados, pero las redes de distribución no han podido ser renovadas porque los recursos nunca han llegado, algo que se debió atender puntualmente hace cinco años.

Actualmente, las redes de distribución están viejas y en mal estado, lo que provoca que se desperdicie hasta el 50% de agua que se les inyecta.

Ante los atrasos del proyecto federal y sus problemas de planeación, se ha tenido que mantener funcionando la red de pozos de abastecimiento, pero es cada vez más complicado lograr la eficiencia y el rendimiento deseado de los mismos, lo que se refleja en desabasto periódicos en muchas de las colonias de la ciudad.

Mantener las normas oficiales de sustancias como el arsénico se vuelve cada vez más complicado. Por medio de mezclas se trata de bajar los niveles muy altos en algunos pozos, pero en muchas colonias el agua que se surte ya no es apta para consumo humano.

Aunado a todo esto, la mayoría de la población no tiene una cultura adecuada del ahorro en el consumo del agua potable y, otra parte, inclusive se resiste al pago del servicio, sobre todo en algunos medios populares.

No hay la conciencia de que vive en el desierto y el bien más valioso que se tiene es precisamente el agua, que proviene de las zonas serranas del estado de Durango, a través del río Nazas, sin el cual la región lagunera sencillamente no existiría.

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