El pleito de Claudia Sheinbaum y Ernesto Zedillo, ¿quién ganó?

El pleito de Claudia Sheinbaum y Ernesto Zedillo, ¿quién ganó?

Por: Rodrigo Tejeda

El expresidente, quien radica en el extranjero y había mantenido una posición muy discreta, que ha sido su tónica desde que dejó el poder, emitió fuertes críticas en torno a la llamada reforma judicial y a la elección que se realizó este primero de junio

Existen pocos mexicanos que tengan foro a nivel internacional, mucho menos en el escenario que se ha creado a raíz del gobierno de Donald Trump. El expresidente de México, Ernesto Zedillo es uno de los pocos políticos mexicanos que mantiene un prestigio en el exterior y su voz tiene repercusión en varios círculos de toma de decisiones.

El expresidente, quien radica en el extranjero y había mantenido una posición muy discreta, que ha sido su tónica desde que dejó el poder, emitió fuertes críticas en torno a la llamada reforma judicial y a la elección que se realizó este primero de junio.

Como no hay tolerancia y cualquier voz disidente, más viniendo de un expresidente priista, es inmediatamente descalificada y atacada, de inmediato Claudia Sheinbaum se lanzó en su conferencia mañanera en contra de Ernesto Zedillo, empleando el tema al cual siempre se le relaciona por parte de sus críticos: el FOBAPROA o rescate bancario que se llevó a cabo en el gobierno de Zedillo.

La propuesta del expresidente era polemizar en torno a la caótica reforma judicial, pero Claudia Sheinbaum, quien como polemista se ha mostrado muy poco competente, se lanzó de inmediato al ataque más fácil y más obvio.

Ante ello, Ernesto Zedillo le tomó la palabra y la retó a que realizara una auditoría al FOBAPROA, pero también a las mega obras realizadas durante el gobierno de AMLO.

Claudia contestó que no había ninguna relación entre las obras del gobierno de AMLO y el FOBAPROA, pero la que había eludido el debate sobre la reforma al poder judicial era ella, pues este no tiene nada que ver con el FOBAPROA.

A Ernesto Zedillo no lo podía acusar, como a la gran mayoría de los ex mandatarios priistas de corrupto. Tampoco puede polemizar con él sobre temas de carácter económico, ya que Zedillo es un experto en la materia, ni sobre su trayectoria política ya que el expresidente, él sí, es una gente que viene de lo que ahora se llama “el pueblo”, pues incluso en su infancia fue bolero y se formó en la cultura del esfuerzo personal. Ligarlo a la herencia salinista no es creíble, pues Zedillo desterró a Carlos Salinas de Gortari.

El reto de auditar el FOBAPROA y al mismo tiempo las mega obras de AMLO, que son un verdadero pozo de corrupción y, como se preveía, cada vez se vuelven más evidentes como “elefantes blancos”, aunque costaron cerca de un billón de pesos, dejó sin argumentos a Claudia Sheinbaum frente a Zedillo, por lo que ella misma determinó que iba a dar por concluido el pleito, por recomendación de sus asesores, pero insatisfecha, como había quedado, Jesús Ramírez, el ave negra de la imagen presidencial en los gobiernos de Morena, le puso en sus manos un libro desconocido, que casi nadie ha leído en México, en el cual Francisco Labastida, excandidato presidencial del PRI, relata, como parte de sus supuestas memorias, que no son otra cosa que sus resentimientos, el que Ernesto Zedillo le entregó la presidencia de la república a Vicente Fox, por indicaciones del gobierno norteamericano o, más específicamente, por las influencias de los organismos internacionales que le habían prestado dinero a México.

Revisando las “memorias” de Francisco Labastida, estas no tienen más soporte documental que su imaginación, pues no hay manera de demostrar lo que dice, pero eso no le importaba a Claudia Sheinbaum, quien lo que deseaba era darle un golpe bajo a Ernesto Zedillo, en un tema donde todos los actores políticos coinciden en que éste tuvo un acto de verdadero jefe de estado, al reconocer la victoria de la oposición y, previamente, haberse mantenido al margen de la elección presidencial, lo que los priistas, como Francisco Labastida, consideran hasta hoy como una traición, pues ellos querían que, como siempre, todo el aparato del estado se volcara a la campaña presidencial, tal como lo hizo AMLO con la campaña de Claudia Sheinbaum y lo hacían los presidentes priistas anteriores a Zedillo.

Lejos de enderezar el pleito a su favor, este golpe sucio pone en evidencia que la presidenta, al igual que AMLO, no tienen interés alguno en la democracia mexicana, que, siendo joven y todavía inmadura, ellos, a través de Morena, se han dedicado a desmantelar sistemáticamente.

Es penoso que sea la presidenta morenista quien utilice la teoría fantástica del priismo más anacrónico y recalcitrante, que trata de descalificar el proceso electoral que dio inicio al breve periodo democrático en México, en el cual, les guste o no y al margen de otras cuestiones, Ernesto Zedillo tuvo un papel central, que el sector más retrógrado del PRI nunca le ha perdonado.

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