El PAN podría perderse en Coahuila como partido de oposición 

El PAN podría perderse en Coahuila como partido de oposición 

Por: Rodrigo Tejeda

¿Qué le pasó al partido que en tan poco tiempo perdió todo lo que había ganado en décadas de lucha política?

El PAN fue en Coahuila el principal y casi único partido de oposición, en tiempos en que el PRI parecía un partido invencible y la presidencia imperial seguía operando con todos sus enormes recursos.

En las tres últimas décadas del siglo pasado el PAN dio batallas épicas en contra de un poderoso PRI y logró diputaciones federales, locales y algunas alcaldías importantes, comenzando por Monclova, donde hizo época.

Ya en este siglo, el PAN se fortaleció aún más y se convirtió en una importante oposición, ganando, en varias ocasiones, los principales gobiernos municipales del estado, como Torreón, en varias ocasiones; Saltillo, también en varias ocasiones, Monclova, Frontera, entre una larga lista de municipios medianos y pequeños.

Era la segunda fuerza en el Congreso del Estado y tenía diputados federales y senadores de mayoría. Compitió fuerte por el gobierno del estado y estuvo a punto de ganarlo en el 2017, frente al candidato oficial Miguel Riquelme Solís.

Pero todo eso se derrumbó y hoy el PAN tiene 5 diputaciones locales, pero ganadas en alianza con el PRI, y tan solo un gobierno municipal: el de Cuatro Ciénegas, uno de los municipios más pobres y despoblados de todo Coahuila.

¿Qué le pasó al PAN que en tan poco tiempo perdió todo lo que había ganado en décadas de lucha política?

Como la geopolítica de Coahuila, el PAN está regionalizado, lo que significa que funciona como un partido con dirigencias y movimientos regionales, cada una con su dinámica propia. Tienen una dirigencia estatal, sí, pero esta no tiene el control de las decisiones absolutas que se toman en las regiones, cada una de las cuales puede actuar por su propia cuenta.

La caída del PAN parece un cúmulo de factores que se dieron cita en el 2018, año en que llega al poder el partido Morena, acaudillado por Andrés Manuel López Obrador.

Pero Morena solo fue un factor, muy importante, pero solo uno. Los problemas más importantes vinieron del interior del mismo partido.

En los periodos presidenciales de Vicente Fox y de Felipe Calderón, la época dorada del PAN en Coahuila, y en muchos otros estados, los políticos panistas tuvieron acceso a todo: secretarías de estado, gubernaturas, diputaciones federales, senadurías, congresos locales, gobiernos municipales de las más importantes ciudades del país, delegaciones, todo. 

En municipios como Torreón, habían ganado la presidencia municipal desde 1997 con Jorge Zermeño Infante y, a partir de esa base de poder, se formó una camarilla de jóvenes clasemedieros, mezclada con algunos panistas históricos, quienes ganarían varias veces la presidencia municipal, diputaciones locales, federales, senadurías, delegaciones y hasta embajadas.

Entre ellos se destacó Guillermo Anaya Llamas, un joven abogado que se convirtió en el jefe político del partido y en presidente municipal.

Pero el acceso al poder confirmó la máxima histórica de que “el poder corrompe” y todos, con honrosas excepciones, se corrompieron. Eran el partido en el poder y se podían permitir usufructuarlo en beneficio propio. 

De clasemedieros la mayoría terminaron ricos, pero todo tiene un costo y ese fue la pérdida de una ética indispensable y de la credibilidad. No hacían la diferencia en la política, habiendo llegado como una alternativa de cambio, pero si hicieron la diferencia en sus cuentas bancarias y fortunas.

EL DERRUMBE: LA CORRUPCIÓN

De una vieja guardia que sufrió todas las presiones del viejo sistema autoritario, se pasó a una generación de traficantes del poder, que se sirvieron a lo grande y, aun así, durante el fallido gobierno de Enrique Peña Nieto volvieron a ser la principal oposición y la segunda fuerza política, pero eso se terminó de forma acelerada a partir de 2018.

En Torreón, todavía en 2017 Jorge Zermeño Infante llegó por segunda y tercera ocasión a la presidencia municipal, para hacer un periodo de cuatro años, con la diferencia de que en esta ocasión su gobierno estuvo plagado de corrupción y, nuevamente, no hizo diferencia alguna.

La familia del viejo político, específicamente sus hijos, se dedicaron a depredar el erario municipal de una forma escandalosa, sin cubrir siquiera las apariencias.

Vino entonces una alianza con el PRI a nivel nacional, para hacer frente a Morena, y esa alianza fue como juntar el agua con el aceite; indigerible para una gran parte de la militancia histórica del partido, en apariencia más una forma desesperada de contener al izquierdista nuevo partido gobernante, que una estrategia que previera las consecuencias a mediano y largo plazo.

AMLO desmanteló al PRI usando todos los recursos lícitos e ilícitos del poder central, que son enormes, y fue también contra el PAN, pero esto era menos prioritario, porque el PAN ya estaba enfrentando una crisis interna grave desde la elección de aquel 2018, bajo el control político de un joven político de origen clasemediero e incoherente en su trayectoria personal: Ricardo Anaya, cuya camarilla hasta la fecha está apoderada de la dirigencia nacional.

En el pacto con el PRI, el dirigente nacional Marko Cortés fue impúdicamente pragmático en Coahuila y exigió la presidencia municipal de Torreón y otras canonjías, pero en Coahuila la proporción de fuerzas entre el PRI y el PAN era muy distinta a la que se daba a nivel nacional, por lo cual no se le dio Torreón ni otras canonjías, lo que motivó el rompimiento, pero Acción Nacional ya se había hecho, por la vía de la alianza, de 5 diputaciones locales y 2 federales.

Como lo muestran las estadísticas, en la elección de 2024 el PAN lo perdió todo en Coahuila, al grado de lanzar una candidatura a la presidencia municipal de Torreón, con Sergio Galván, que tenía como principal propósito hacerse de una pobre regiduría, lo que era una expectativa vergonzante para un candidato panista.

Sin recursos, con una clientela disminuida y sin liderazgos nuevos que le inyecten un impulso nuevo, el PAN tendría que hacer un esfuerzo muy importante, para no caer en una oposición marginal.

La nueva protesta de abrir las candidaturas a la ciudadanía en general no está mal, pero el problema es quién, que tenga un buen perfil, va a querer representar a un partido en estado ruinoso, pero aún más difícil quién va a poner de sus propios recursos para realizar una campaña en busca de una diputación local, cuando las posibilidades de ganarla parecen tan bajas.

Y es que el discurso mismo y las preferencias políticas por el PAN a nivel nacional pasan del desaliento de su clientela tradicional, a la apatía ciudadana que, aunque esté en contra de Morena y la 4T, no considera que el PAN sea una opción y eso está muy marcado en Coahuila, donde el encuentro será entre el PRI y sus aliados y Morena y sus partidos satélites. 

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