Por: Rodrigo Tejeda
Lo del doctorado y lo de científica es propaganda, pues ya presidentes anteriores han tenido el título de doctorado y nunca lo utilizaron, al menos nunca se hicieron llamar doctores y mucho menos científicos.
Sheinbaum es la primera presidenta de México que ostenta el título académico de doctora y se le hace propaganda como científica, con la idea de vender ambas cosas como una más alta calificación para su desempeño como gobernante, lo que es algo bastante relativo en términos reales.
Tener licenciatura en ingeniería en energía, maestría en la misma especialidad y doctorado en ingeniería ambiental por la UNAM, además de cierta formación internacional en el tema del cambio climático, le calificarían en todo caso para ocupar una secretaría precisamente de energía, pero en la función presidencial su formación académica, y el hecho de que sea investigadora con permiso de la UNAM, pueden servir de muy poco, porque además en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador la hoy presidenta traicionó su vocación académica y su formación de doctorado, secundando a un gobierno que tuvo políticas aberrantes en el tema del cuidado ambiental y los compromisos a nivel internacional con la contención del cambio climático.
Sobre lo que sí sabe, por conveniencia política, lo echó al cesto de la basura, secundando inclusive la política petrolera de AMLO, que es todo un desastre, no solo económico sino también energético. Para sus pares que estudiaron con ella el cambio climático es una decepción.
Lo del doctorado y lo de científica es propaganda, pues ya presidentes anteriores han tenido el título de doctorado y nunca lo utilizaron, al menos nunca se hicieron llamar doctores y mucho menos científicos.
Miguel de la Madrid Hurtado tenía una maestría en administración pública en Harvard y nada menos que el villano favorito de la izquierda y padrino del neoliberalismo mexicano: Carlos Salinas de Gortari, tenía maestría en administración pública por Harvard y doctorado en economía política y gobierno por la misma universidad de Harvard, la más prestigiosa universidad privada de los Estados Unidos. Ernesto Zedillo, el presidente priista que le abrió la puerta a la transición democrática, es doctor en economía por la prestigiosa universidad de Yale, también en los Estados Unidos.
Ni Salinas y mucho menos Zedillo se hicieron llamar doctores, y lo eran en áreas del conocimiento que parecen bastante más útiles para el ejercicio de un cargo gubernamental, inclusive son específicas, en los casos de Salinas de Gortari y Zedillo.
Para darse una idea de la utilidad o no de cierta formación académica para el ejercicio del cargo gubernamental, la tesis de licenciatura de Claudia Sheinbaum se denomina “Estudio Termodinámico de una Estufa de Leña para Uso Rural”. La idea era proponer estufas que consumieran menos leña, fueran igual de calóricas que las tradicionales y generaran menos humo para perjudicar menos la salud de las mujeres campesinas.
Todo quedó en eso: una tesis más que se fue al archivo y las estufas de leña que había en el mercado siguieron usando el mismo modelo, en el caso de quienes tenían estufa, porque la gran mayoría sólo tenía o tiene fogones en las comunidades rurales más pobres de México.
Las capacidades académicas de Claudia Sheinbaum si sirven, pero para el área específica de la energía y el cuidado del medio ambiente, no para todo lo demás, pero lo que sí conoce no solo no lo aplica, sino que ha ido en contra de ello, siguiendo la ignorancia y la irresponsabilidad de AMLO en la materia, y eso se puede demostrar con la opinión de expertos y organismos internacionales dedicados al cuidado del medio ambiente y la promoción de energías limpias.







