Demagogia o realidad crear leyes para población afromexicana en el país

Demagogia o realidad crear leyes para población afromexicana en el país

Por: Gerardo Lozano

Todo esto parte del censo del 2020 del INEGI, en el cual establece que en México hay una población de 2,576,213 habitantes que se consideran afrodescendientes, lo que representa el 2% de la población nacional.

La nueva legislatura, que recién inicia, aprobará una nueva Ley Sobre los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afroamericanos, con lo cual los hará sujetos de derecho público, con personalidad jurídica y patrimonio propio. No es algo nuevo, pero el gobierno de Andrés Manuel López Obrador quiere “hacer historia” y, en sus últimos días, convertirse también en el gran protector de los pueblos indígenas u originarios.

Habría que revisar lo que hizo, durante sus seis años de gobierno, en materia de políticas públicas y de programas efectivos para apoyar a la población indígena del país, la cual, por ejemplo, está siendo brutalmente agredida por el crimen organizado en estados como Chiapas, gracias a su fallida política de seguridad.

El de los pueblos indígenas es un tema complejo, que ha sido objeto de la demagogia de muchos gobiernos anteriores y del actual, pero algo nuevo que llama la atención es la inclusión de lo que se denomina como la población afromexicana, la cual estaría considerada dentro de esta nueva ley.

Lo primero que habría que preguntarse es ¿Qué se denomina como pueblos y comunidades afromexicanas? 

Todo esto parte del censo del 2020 del INEGI, en el cual establece que en México hay una población de 2,576,213 habitantes que se consideran afrodescendientes, lo que representa el 2% de la población nacional.

Los porcentajes más grandes de quienes se consideraron como tales, radican principalmente en Guerrero (6.5%), Oaxaca (4.9%) y Veracruz (3.3%), los demás están dispersos por todo el territorio nacional en proporciones muy pequeñas.

Este dato del INEGI requiere de todo un análisis histórico, demográfico y cultural, para poder definir con cierta consistencia en qué consiste la ascendencia afromexicana, pues todo esto está basado en la simple pregunta de si la persona considera que tiene en su árbol genealógico alguna persona de origen africano, específicamente de raza negra.

La realidad de hoy es que esta población que se denomina como afromexicana tiene generaciones, muchas generaciones, que está racial y culturalmente integrada al resto de la población y no hay registro objetivo alguno de que sea objeto de discriminación o de alguna violación de sus derechos humanos por el color de su piel.

La historiografía disponible, no las conjeturas y “estimaciones” que están haciendo algunos nuevos historiadores, es que, a finales del siglo XVIII, antes del estallido de la guerra de independencia, la población de origen afro era muy reducida, al grado de que se le desconocía en la mayoría de las provincias.

Esto lo corroboran historiadores de diferentes tendencias ideológicas, como Lucas Alamán, José María Luis Mora o Lorenzo de Zavala.

Una de las primeras cosas que hizo Miguel Hidalgo en 1810 fue abolir la esclavitud, pero la esclavitud no era solo un problema de la población de origen africano que, era, como se dijo, muy reducida, sino de la práctica de esclavitud hacia indios y población en pobreza extrema que era explotada por formas de trabajo equivalentes a la esclavitud, como era sumamente frecuente en las minas y en plantaciones agrícolas o haciendas. 

En 1829 Vicente Guerrero, el único presidente que hemos tenido con una ascendencia de raza negra directa, pues era mulato, como se llamaba en el siglo XVI y parte del XVII en la clasificación de “las castas”, promulga nuevamente la abolición de la esclavitud.

En este caso Vicente Guerrero, quien le dio su nombre al estado actual, si debió vivir en sus ancestros el problema de la esclavitud, debido a que los mercados de esclavos que se dieron en la colonia estaban obligadamente ubicados en los puertos, en este caso en el puerto de Acapulco.

El caso mismo de Vicente Guerrero, quien es caudillo en la costa y luego presidente, deja ver que una parte de la población de origen africano se había mezclado con la indígena y la mestiza, y tenia trabajos y oficios que no estaban relacionados con la esclavitud.

Hay algunos historiadores actuales, pocos, que están abordando el tema de la esclavitud en el periodo colonial y el siglo XIX, pero las fuentes disponibles son sumamente reducidas, por lo que se recurre a las “estimaciones”, como afirmar que al estallido de la guerra de independencia hasta un 10% de toda la población era afro y estaba sujeta a la esclavitud, lo cual es algo sin ningún fundamento de carácter histórico.

Lo que sí es demostrable es que después de la guerra de independencia, la población de origen africano deja de mencionarse como tal en los registros, publicaciones y crónicas de que se dispone, lo cual no puede atribuirse sino a la integración racial, socio cultural y económica del México independiente. De esto han transcurrido un poco más de dos siglos.

En las crónicas de la explotación laboral de las haciendas en el periodo porfiriano, a finales del XIX y principios del siglo XX no hay referencias específicas de peones o trabajadores afromeicanos, y sí de una población indígena y mestiza.

DISPERSOS E INTEGRADOS

El censo del INEGI de 2020 no aporta más información sobre esta población que manifestó tener ascendencia afro. De los datos que proporciona se desprende que al menos un 80% de esta población está dispersa por todo el territorio nacional y está integrada, pero además no se especifica su condición socio-económica, su nivel de educación y lo próximo o lejano de su descendencia étnica, que puede remontarse a varias generaciones, por lo que hablar de una condición étnica actual se convierte en algo muy relativo.

Se podría pensar que los estados donde hay un mayor porcentaje de población con ascendencia afro, como Guerrero, Veracruz y Oaxaca, existen comunidades con una proporción afro mayoritaria, pero esto no es así, salvo en casos de excepción, como Cuajinicuilapa, Guerrero, que es denominado como “el municipio negro”; un pequeño municipio donde la mayor parte de su población es de ascendencia afro, por lo cual reclama apoyos económicos.

Aún en Veracruz, Guerrero o Oaxaca, la mayor parte de la población que tiene algún tipo de ascendencia afro está integrada, como en todo el país, es mayoritariamente mestiza, aunque pueda ser de diversas tonalidades de piel, que pueden llegar a lo oscuro, sin que por ello haya descendencia de tipo afro. 

No hay elementos objetivos para poder afirmar que en México existe una discriminación a las personas por el color oscuro de su piel. El uso de términos como “prieto” o “prieta” dentro de las comunidades rurales y urbanas no implica discriminación, en el sentido en que esta se da en sociedades como la norteamericana.

Las formas de discriminación que si se pueden detectar en nuestra sociedad, es la de algunos grupos o comunidades de raza blanca, generalmente de origen europeo, pero de clase media alta y alta y urbana, que sí suelen manifestar ciertas formas de racismo, y de clasismo, al rechazar emparentarse con gente de piel oscura o de origen indígena, pero aún en estos casos impera más la condición socio-económica que la raza.

Jalisco, por citar un ejemplo, tiene regiones con un porcentaje muy alto de población de raza blanca, “güeros”, como se dice en el argot popular, pero es la gente común, de todos los niveles socio-económicos y no existen ni han existido datos de racismo alguno.

Clasismo si tenemos en México, más siendo un país con brutales contrastes en la distribución de la riqueza y el ingreso, pero el clasismo es universal desgraciadamente, y solo se cura con el incremento de los niveles de educación y una mejor distribución del ingreso.

Siendo, desde su origen, un porcentaje muy pequeño de la población, la descendencia de la etnia afro se mezcló en el proceso de mestizaje, lo cual parece un proceso muy afortunado y, por lo menos desde el periodo de la guerra de independencia, este proceso de integración se aceleró, por lo cual equiparar a la población que tiene algún antecedente de ancestros de origen afro con los pueblos indígenas originarios de México no parece algo acertado, pues se trata de dos cosas completamente distintas, desde el punto de vista que se le quiera comparar: histórico, cultural, social y racial.

El tema de los pueblos indígenas originarios de México es sumamente importante, esencial y tal vez la deuda histórica más grande que tenemos como país, es elogiable que se le ponga atención desde el estado, pero no con demagogia, como se ha hecho hasta ahora, incluyendo a eso que llaman la 4T. Muy bien que haya leyes que les protejan, pero que se cumplan, porque de leyes estamos llenos y muchas de ellas no han servido para nada.

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