¿Cuándo fue que el PAN de Coahuila se pudrió?

¿Cuándo fue que el PAN de Coahuila se pudrió?

Por: Álvaro González

Actualmente, por lo menos en Coahuila, el último estado priista, el partido parece estar sin alternativas y sin futuro posible

En 1997 el PAN de Torreón llegó por primera vez al gobierno municipal de Torreón con Jorge Zermeño Infante, un político que mostró la capacidad de olfatear oportunidades; un cazador de cargos públicos. La llegada al poder cambió el ambiente de un partido que había sido siempre un perdedor, lo que atrajo a un grupo de jóvenes recién egresados de la universidad como abogados, entre los cuales surgió el liderazgo de Guillermo Anaya Llamas, un muchacho ambicioso, pragmático y astuto, quien no tenía ninguna formación ideológica y doctrinaria, pero si muchas ganas de alcanzar el éxito profesional y económico a través de la política.

En ese periodo de gobierno el PAN en general cambió su rumbo al probar los beneficios del poder; nunca más sería un partido de oposición de centro-derecha soportado por el romanticismo y la vieja doctrina de su fundador: Manuel Gómez Morín. Ahora se trataba de obtener el poder y disfrutarlo.

Guillermo Anaya formó grupo con personas como Jesús de León, Luis Fernando Salazar, Fernando Gutiérrez, Alfonso Tafoya, Manuel Acuña y María del Carmen Fernández, entre los más visibles.

Todos medrarían del poder desde ese año de 1997 y aprovecharon, hasta el extremo, los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón, a quien incluso harían padrino y compadre.

Solo para comenzar, Jorge Zermeño fue senador en el 2000; Guillermo Anaya diputado local en el mismo 1997, diputado federal en el 2000 y presidente municipal de Torreón en el 2003, a partir de donde se vuelve el jefe del partido, no solo en Torreón sino en Coahuila. Jesús de León fue síndico en 1997 y diputado federal en el 2006 y Luis Fernando Salazar diputado local en el 2003.

A partir de este período Jorge Zermeño gozaría de una carrera repleta de canonjías y de cargos. Los que no lo fueron, buscaron ser presidentes municipales y, si fracasaban, se convertían en diputados federales o en senadores, o bien en delegados de redituables secretarías de estado, pero nunca al margen del poder que estaba a su alcance. Faltos de una formación ética, de una ideología y de una doctrina, cayeron en la corrupción.

Hoy todos son millonarios, viven en mansiones ubicadas en los sectores más caros de Torreón y siguen medrando, no como en los mejores años, pero siguen haciéndolo.

Su momento apoteósico fue el gobierno de Felipe Calderón. Jorge Zermeño hace su padrino de segundas bodas al expresidente; Guillermo Anaya lo hace compadre, lo que les da senadurías, diputaciones federales y hasta una embajada en España para Jorge Zermeño, como pago al controvertido acto de toma de posesión, donde el grupo Torreón se encargó de la maniobra de entrada por la puerta trasera de Felipe Calderón. Existe inclusive una fotografía emblemática.

Zermeño Infante se fue a España por cinco años, donde vivió, literalmente, a cuerpo de rey, cuando originalmente era un modesto vendedor de aceite automotriz.

Guillermo Anaya se quedó como jefe del partido y, desde su posición de senador y compadre del presidente, montó toda una operación, que incluía una oficina exprofeso, para dedicarse a hacer negocios con dependencias federales. Luego intentaría ser gobernador del estado, perdiendo la elección de 2011, pero como consolación se hizo otra vez diputado federal.

EL INICIO DEL DERRUMBE

La ambición de este grupo lleva al deterioro moral del partido y, como consecuencia, a su derrumbe como la oposición en Coahuila frente al PRI, una posición que le ha arrebatado Morena, el nuevo partido oficial.

En 2015 Jorge Zermeño trata de ser diputado federal, pero fracasa. En 2017 Guillermo Anaya se lanza como candidato a la gubernatura y la pierde en un litigio legal larguísimo, pero el PAN parecía tener aún una gran fuerza, sin embargo al siguiente año aparecería en el escenario nacional y estatal Morena.

Todavía en ese año de 2017 y en el 2018 Jorge Zermeño gana por segunda y tercera ocasión la presidencia municipal de Torreón, pero ahora gobierna en compañía de sus hijos, quienes se dedicaron a hacer negocios utilizando distintas dependencias gubernamentales, lo que generaría un gobierno sumamente desaseado, opaco y con serios problemas de corrupción. Sería la peor despedida de este político ya veterano.

En ese mismo año de 2018, por la ambición de seguir con su carrera política, Luis Fernando Salazar se pasa a Morena, siendo diputado federal por el PAN, llevándose con él a una parte de la estructura territorial del partido.

Fernando Gutiérrez se suma al PRI, con el gobierno de Miguel Riquelme, separándose también del grupo original.

Unos años antes, en 2010, Guillermo Anaya suma al grupo a otro abogado, este litigante: Marcelo Torres Cofiño, a quien hacen primero regidor y, en 2012, diputado federal, pero con la peculiaridad que Torres Cofiño hace relaciones personales con el grupo político de Ricardo Anaya y Marko Cortés, lo que le llevaría a ocupar, de forma muy breve, la dirigencia nacional interina del partido que le permite en 2018 convertirse en diputado local y ocupar la presidencia del Congreso local.    

Para el 2020 el PAN se derrumba en las urnas. En las elecciones a diputados locales el PRI gana 16 de las 16 diputaciones en juego, con lo cual el PAN se queda con tan solo tres diputados plurinominales, después de haber tenido nueve y uno de estos tres se pasaría a Morena.

El 2021 resulta aún más desastroso. Jorge Zermeño pide licencia como alcalde para buscar una diputación federal y pierde. Lo mismo le sucede a Marcelo Torres Cofiño, quien se lanza como candidato al gobierno de Torreón y queda relegado a un tercer lugar, además de exhibido ante la opinión pública por todo un entramado de riqueza inexplicable.

Luis Fernando Salazar se presenta como candidato de Morena y es descalificado por el INE, lo que obliga a poner a su padre, del mismo nombre, como candidato, lo que es un completo fracaso.

Guillermo Anaya no puede obtener cargo alguno, pero sigue siendo el jefe del partido, controlando entre 270 y 300 ‘militantes efectivos’ de los 1,060 que tiene el PAN en Torreón, quienes son conocidos en el argot político como ‘padroneros’. Con esa cantidad, más los que suma en cada asamblea, es suficiente para seguir manteniendo el control.

LA ALIANZA CON EL PRI Y EL DESASTRE

Ante el derrumbe de los niveles de votación del partido y el crecimiento de Morena como la segunda fuerza política en el estado, Guillermo Anaya, junto con otros panistas de Monclova, como Mario Dávila comienzan a manejar una alianza con el PRI y el PRD; la misma que se daría a nivel nacional.

El gobierno municipal de Monclova era casi lo único que le quedaba al PAN en Coahuila, así que realiza una alianza con quien había sido su rival político desde su fundación, bajo el supuesto de contener el avance de Morena.

En la elección de 2023 se decide la gubernatura y las 16 diputaciones de mayoría del Congreso del Estado. El PAN logra que le den 5 diputaciones locales y se hace un acuerdo firmado sobre un papel cualquiera, que al conocerse se convierte en un escándalo, ya que se negociaban magistraturas, notarías y hasta algunas candidaturas a presidentes municipales, entre otros cargos públicos.

En la elección el PAN se derrumba y logra sumar apenas el 6% de la votación global, cayendo entre los partidos menores, lo que propició un conflicto entre Manolo Jiménez y Marko Cortés, el dirigente nacional del PAN.

La dirigencia estatal, que encabeza Elisa Maldonado y Gerardo Aguado, secretario general, pese a ese rompimiento, sigue manteniendo sus relaciones con el gobernador del estado y opera en ese sentido, manejada por Guillermo Anaya y Mario Dávila, quien pediría para sí la reelección como alcalde de Monclova.

Hay un nuevo convenio de facto. El PAN pondría candidatos a modo, que no sumaran en las elecciones de candidatos a presidentes municipales en 2024, a cambio se les cedió tres candidaturas a diputados federales, una de ellas para Guillermo Anaya, por supuesto, y otro paquete de beneficios, entre ellos una nueva notaría pública para el propio Guillermo Anaya, otra notaría para el hermano de Jesús de León Tello y una oficialía del registro civil para la mamá de Elisa Maldonado, y la oportunidad de reelección para Mario Dávila, entre otras cosas.

En Torreón, sin elección interna, se hizo candidato a Sergio Lara Galván, quien no fue electo internamente sino designado, fingiendo una campaña y sin más propósito que el convertirse en regidor del próximo cabildo de Torreón.

Jorge Zermeño manifestó la intención de ser candidato, pero más como un amago para que no se aplique la ley sobre un grupo de funcionarios de su último gobierno, quienes tienen abiertos procesos judiciales. Su impedimento principal fue el expediente en relación a los negocios realizados por sus hijos durante su gobierno.

Guillermo Anaya ganó como diputado federal, con el voto del PRI, mientras que Marcelo Torres Cofiño, quien es amigo de Marko Cortés, logró colocarse como diputado federal plurinominal. A Jesús de León Tello no le alcanzó para lograr un puesto semejante, así que lo compensaron con otra notaría pública. Mario Dávila, al final, fue dejado a su propia capacidad de maniobra político-electoral y perdió la reelección como presidente municipal de Monclova.

Luis Fernando Salazar ganó la senaduría, sin hacer mayor campaña, pero con el impulso de los votos de la campaña presidencial de Morena. Quiere volver a ser candidato del partido oficial a la presidencia municipal de Torreón.

El Comité Municipal del PAN ha quedado en manos de José Antonio Murillo, un regidor del cabildo que va de salida. Es una persona del todo incompetente para el cargo, al grado que no tiene la capacidad de dirigir una asamblea; un perfil acabadamente mediocre, pero a nadie parece preocuparle, ni siquiera a Guillermo Anaya, quien sigue siendo el jefe político

En noviembre habrá renovación del presidente nacional del partido y, desde ahora, se perfila Jorge Romero, un personaje del grupo de Ricardo Anaya y Marko Cortés. Más de lo mismo, sin ningún proceso de autocrítica y de renovación. Los 1,060 “padroneros” o “miembros efectivos” del partido en Torreón se disponen a votar por él.

Por lo menos en Coahuila, el último estado priista, el PAN parece estar sin alternativas y sin futuro posible. No hay ningún movimiento interno de cambio y las camarillas que lo han llevado al desastre siguen controlando lo que queda del que fuera el principal partido opositor.

Comentarios de Facebook
Facebook
Twitter
LinkedIn

Te podría interesar: