Por: Cecilia Valles
El IMSS, que cuenta con 1,500 unidades de medicina familiar y 300 hospitales de segundo y tercer nivel, para el servicio a todos sus derechohabientes, que suman 78 millones de personas, contando a los trabajadores afiliados y sus familias, tiene apenas 583 psicólogos y 426 psiquiatras, lo que muestra hasta qué grado es limitada la atención a los problemas de salud mental
Los datos de la última Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado 2025, del INEGI, es contundente: entre la población de 18 años y más, que sabe leer y escribir y habla español, un 21.4% presenta indicios de ansiedad y 10.9% registra indicios de depresión, pero el sistema de salud pública, incluyendo al IMSS y el IMSS-Bienestar solo tiene capacidad para atender a un porcentaje muy pequeño, lo deja sin atención a todos los millones de personas que tienen un trastorno de salud mental, como ansiedad, depresión, consumo de sustancias, trastorno del desarrollo y conducta suicida, entre otros.
Los resultados de la encuesta muestran diferencias por sexo, edad y entidad federativa. Las mujeres registraron porcentajes superiores a los hombres en ambos indicadores, mientras que la proporción de personas con indicios de depresión alcanzó su mayor nivel entre quienes tenían 60 años y más.
La ENBIARE mide el bienestar autorreportado, mediante dimensiones como la satisfacción con la vida, el balance anímico y el sentido de vida. También recopila información sobre salud mental, percepción del estado de salud, enfermedades crónicas, discapacidad, redes de apoyo, condiciones económicas y experiencias recientes.
La diferencia por sexo se observa tanto en ansiedad como en depresión. El 25 % de las mujeres presentó indicios de ansiedad, frente a 17.4 % de los hombres. En depresión, los porcentajes fueron de 13.3 % y 8.2 %, respectivamente.

Para estimar los indicios de ansiedad, la encuesta consideró dos reactivos: sentirse nervioso o con los nervios de punta y no poder dejar de preocuparse. En el caso de la depresión, evaluó la pérdida de interés en las actividades y la sensación de depresión o falta de esperanza.
La encuesta utiliza expresamente el término ‘indicios’ y no presenta estos resultados como diagnósticos clínicos.
La encuesta registró que la soledad frecuente alcanza un 8.8% entre las personas mayores. El 57.5 % de la población respondió que nunca se había sentido sola durante el último mes. Otro 35.4 % indicó que había experimentado soledad pocas o algunas veces, mientras que 7.1 % señaló haberse sentido sola la mayor parte o todo el tiempo.
La ENBIARE estimó 89.6 millones de personas de 18 años y más analfabetas. La presentación precisa que todos los resultados corresponden a población adulta que sabe leer y escribir y habla español. El levantamiento se realizó del 7 de julio al 29 de agosto de 2025, con cobertura nacional y representatividad por entidad federativa. La muestra estuvo integrada por 37,065 viviendas.
Todos los indicadores disponibles muestran que los trastornos de la salud mental se han venido incrementando en las dos últimas décadas, especialmente entre la población joven, pero los servicios de salud pública, que tienen una atención muy limitada de estos padecimientos, se han deteriorado.
El IMSS, que cuenta con 1,500 unidades de medicina familiar y 300 hospitales de segundo y tercer nivel, para el servicio a todos sus derechohabientes, que suman 78 millones de personas, contando a los trabajadores afiliados y sus familias, tiene apenas 583 psicólogos y 426 psiquiatras, lo que muestra hasta qué grado es limitada la atención a los problemas de salud mental.
De acuerdo a estas cifras, hay un psiquiatra por cada 183 mil usuarios del IMSS, una proporción irrisoria.
Sobre el sistema IMSS-Bienestar, que está compuesto por 11, 935 centros de salud y 669 hospitales de segundo nivel y alta especialidad, que presta atención a las personas que carecen de seguridad social, no existe ningún reporte o información que indique el que cuentan con servicios de psicoterapia ni psiquiatría.
El nuevo IMSS-Bienestar, que trabaja con grandes carencias, sustituyó al INSABI, Instituto de Salud para el Bienestar, que nació muerto, pero destruyó al Seguro Popular, un sistema que estaba ya en una etapa de consolidación.
Además, debe tomarse en cuenta el desabasto de los medicamentos psiquiátricos, que son de los más caros que hay en el mercado.

LA ATENCIÓN PRIVADA: UN LUJO
Atender los padecimientos mentales en los servicios de medicina privados es un lujo, que se puede permitir solo un sector muy reducido de la población, por sus altos costos.
Una consulta de un psicoterapeuta fluctúa entre los 700 y los 1,000 pesos, pero un tratamiento, que se puede prolongar meses o hasta años, tiene un costo mensual de 2,800 a 4,000 pesos, mientras que el tratamiento psiquiátrico es aún más costoso, pues si bien la consulta suele ser mensual, tiene un costo de 1,000 a 1,200 pesos, pero los medicamentos psiquiátricos son muy costosos.
Un antidepresivo, que sirve además como antiansiolítico y trata el Trastorno Obsesivo Compulsivo, como el Luvox (Fluvoxamina) tiene un costo que va de los 1,650 pesos a 1,850 pesos la caja con 30 comprimidos. El medicamento Anzanera (Clonazepan), un antiansiolítico muy común, tiene un costo de 645 pesos, la caja con 30 comprimidos de 2 miligramos.
En el supuesto que solamente se recetaran estos dos medicamentos (lo común es que se receten más, dependiendo del padecimiento). El costo mínimo de la atención de un cuadro de ansiedad y depresión tendría un costo aproximado de 4,000 pesos, considerando el costo de la consulta solo una vez al mes.
El costo promedio se podría ubicar en 4,500 pesos mensuales, que, como gasto médico fijo, no está al alcance de la mayor parte de la población.
Atender los padecimientos mentales es tan importante como atender cualquier otro padecimiento, ya que de ello depende la salud integral y el bienestar de una persona. Tener un padecimiento mental es tan delicado como cualquier otra enfermedad, pues al alterarse el equilibrio cerebral hay daños en todo nuestro organismo y una pobre calidad de vida.
La psicoterapia y la psiquiatría, en manos de profesionales competentes, tienen soluciones. Como en cualquier otra enfermedad, los medicamentos ayudan a recuperar la salud, pero principalmente el propósito es desarrollar hábitos y conductas saludables; lograr equilibrar nuestra mente, y con ello equilibrar nuestro funcionamiento cerebral.
Lamentablemente un cuadro de depresión crónica no se arregla ‘echándole ganas’, ni un cuadro de ansiedad crónica se soluciona enmascarándolo con la idea de ‘él es así, siempre ha sido muy nervioso, como mi papá’.



