Por: Rodrigo Tejeda
El estilo personal de gobernar de Trump, anómalo para un presidente de la democracia más grande del mundo, es insultante, con frecuencia brutal, canalla, centrado en un egocentrismo enfermo, pero además plagado de ignorancia, de mentiras y de cambios súbitos, imprevistos: un caos en términos prácticos
Para los especialistas en el comportamiento, Donald Trump es un megalómano y un sociópata peligroso; para la extrema derecha norteamericana es el presidente que les traerá de nuevo la grandeza, pero los últimos meses las decisiones y las políticas de Trump han encendido las alarmas, no solo en la mayor parte de la sociedad norteamericana, sino en el mundo entero.
El 2025 transcurrió con la guerra de los aranceles, lo que provocó una gran incertidumbre en la economía mundial y sus consecuencias aún están en camino.
Trump mostró que no le importa la ley sino sus caprichos y su megalomanía.
Como antes, siempre busca algunas mentiras o recurre a alguna ley de excepción que no aplica. En el caso de los aranceles, que aplica a capricho a diestra y siniestra, por supuestos motivos económicos, políticos o hasta por simples declaraciones, se convirtieron en una política de amenazas, de chantajes y de abusos a nivel internacional.
Para los aranceles está aplicando una ley de 1977, denominada Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), que justifica lo que está haciendo, pero además está pasando sobre el Congreso, aprovechando que hay un vacío en el mismo. Surgieron las apelaciones legales ante jueces federales impugnando lo que estaba haciendo, pero la Suprema Corte, que él puso a modo en su primer mandato, ha tomado una postura morosa, dilatoria.

Para los casos de China, Canadá y México, recurrió al argumento del tráfico de drogas, específicamente el Fentanilo, para aplicar amenazas de enormes aranceles, algo que tuvo que rectificar. Ante México y Canadá por la sociedad comercial que se tiene con ambos países, más con México que con Canadá, y ante China por el poder de ser la segunda potencia mundial y tiene recursos estratégicos para responder a nivel global.
China dio un ejemplo de resistencia ante Trump. En China, que es la dictadura comunista más vieja del mundo, todo está planeado a mediano y largo plazo, con una estrategia consistente. Ellos saben que, de una manera u otra, Trump pasará en no más de tres años, pero además su abanico comercial es internacional y es poseedor de una parte de la deuda pública de los EEUU, lo mismo que Japón, lo que motivó que aranceles de hasta un 145% fueran retirados, apenas unas horas después de haber sido decretados.
Pero países pobres y subdesarrollados se encuentran a merced de los caprichos egocéntricos de Trump, como Colombia, que fue amenazada por aranceles altísimos solo por algunas declaraciones del presidente Petro.
“EL EMPERADOR TRUMP”
El estilo personal de gobernar de Trump, anómalo para un presidente de la democracia más grande del mundo, es insultante, con frecuencia brutal, canalla, centrado en un egocentrismo enfermo, pero además plagado de ignorancia, de mentiras y de cambios súbitos, imprevistos: un caos en términos prácticos.
Esto ha pasado a un plano mayor, cuando los halcones que asesoran a Trump lo encaminaron a una escala mucho más peligrosa que la política arancelaria, para resucitar la llamada Doctrina Monroe, la de “América para los americanos”, que en términos más llanos es “América para los norteamericanos” o el relanzamiento del imperialismo yanqui del siglo XIX.
Los aranceles indiscriminados podrían fundamentarse, con muchas inconsistencias, en las relaciones comerciales de los EEUU con el mundo, y en la idea de que representar un ingreso al tesoro público y, supuestamente, no afectan el precio final de los productos al consumidor, aunque esto último sea una mentira, pero de alguna manera se lo podía vender a su clientela política norteamericana, añadiendo también la mentira de que pueden generar inversiones y aumentar el empleo, algo que no hay indicios de que vaya a suceder.
Lo de la resurrección del imperialismo es algo que se sale de la agenda original del trumpismo y tiene un fuerte rechazo por parte de la mayoría de los norteamericanos, debido a la peligrosidad del mismo, al pretender una expansión geopolítica por medios militares, que ha tensionado militarmente a todo el mundo.
La invasión a Venezuela fue realizada bajo el argumento del antiterrorismo contra un presidente que estaba encabezando un Cártel denominado de “los soles”. Lo que después ha sido eliminado de las acusaciones de la fiscalía en el proceso judicial contra Nicolás Maduro.
La operación fue preparada por meses y ejecutada en tan solo dos horas, con la captura de Nicolás Maduro, un dictador indefendible y criminal, pero la invasión no contó con la aprobación del Congreso, que vuelve a ser desplazado, y por lo mismo es ilegal, pero además el manejo posterior a la invasión y la captura de Maduro ha mostrado a un Donald Trump demasiado obvio en el propósito de hacerse de las reservas petroleras de Venezuela, que son las más importantes del mundo.
Trump mostró pronto que no le interesaba el dictador Maduro sino como un pretexto y, bajo amenaza de un uso brutal de las fuerzas armadas de los EEUU, dejó intacto el régimen chavista, con la presidenta Delcy Rodríguez, que sería un títere norteamericano dispuesta a entregar la industria y las reservas petroleras que él, Trump, administraría de manera personal. Ha llegado inclusive a proclamarse como presidente de Venezuela, lo que es una locura.
Pero Trump es un ignorante de la industria petrolera; su negocio son los bienes y raíces, pero además está cometiendo un grave error con la oposición venezolana, al descalificar y humillar públicamente a la máxima líder opositora: Corina Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz.
Desde la perspectiva petrolera las cosas no son como las imagina la avaricia de Donald Trump y sus halcones.
Las grandes petroleras norteamericanas se han tomado con mucha cautela el caso venezolano.
Hay mucha incertidumbre sobre la estabilidad política del país, que está irresuelta, los costos que se requieren son muy altos y el precio del crudo está en un nivel bajo, y puede ir más a la baja si en la industria automotriz mundial se imponen las tecnologías de autos eléctricos, que están fuertemente impulsadas por China, la Unión Europea y otros países que ya impulsan también esas tecnologías.
Las reservas petroleras de Venezuela, con 304 mil millones de barriles estimados, representan el 17% del total mundial, pero se trata de crudo extrapesado, ubicado en la llamada Faja del Orinoco, que requiere para su aprovechamiento de tecnología avanzada y de grandes inversiones para su explotación.
Firmas especializadas de prestigio internacional, como Rystad Energy, estiman que se requieren de 8 a 9 mil millones de dólares de inversión por los próximos 14 años.
La opinión mundial de lo que ha hecho Trump en Venezuela es completamente adversa, lo que también cuenta, pues se trata de un robo inmenso, pero cuenta de igual manera el que a Donald Trump no parezca interesarle una transición democrática en Venezuela, sino el establecimiento de una especie de colonia con un régimen dictatorial y criminal que hasta la fecha está intacto, pero ya ha prometido que entregará 50,000 millones de barriles de crudo, los que administrará el propio Trump, en lo que es otra locura.
Alimentada su soberbia insana por la intervención a Venezuela, dominada por una dictadura bananera, Donald Trump ha retomado sus declaraciones sobre Canadá y su anexión como un estado más de los EEUU, lo que es una locura más, pero enseguida ha ido sobre la pretensión de comprar Groenlandia a Dinamarca o anexarla por la fuerza, lo que ha desatado una tensión internacional que no se daba desde la guerra fría.
Dinamarca es miembro de la Unión Europea, lo que ha obligado a ésta a dejar a un lado los titubeos y asumir una postura, inclusive militar, pero también Rusia ha advertido públicamente que está totalmente en contra. Vladimir Putin ha declarado que la ocupación de Groenlandia desataría la tercera guerra mundial, para presionar, porque los EEUU la utilizarían para posicionarse en el hemisferio austral.
Esto está asustando a la mayoría de los ciudadanos norteamericanos, que no le encuentran ningún sentido y sí la posibilidad de otra guerra, que en este caso sería su guerra, y eso es algo de lo que no quieren saber en lo absoluto. Groenlandia es otra locura, pero de dimensiones internacionales mayores, que ha encendido las alarmas de toda la clase política norteamericana, incluidos los republicanos.

EL ICE FUERA DE CONTROL
A nivel interno, Donald Trump ha replicado su política de amenazas y de infundir miedo a todo aquel que lo cuestiona o se le opone, pero está llevando la política migratoria a límites de terror hacia la población civil, con el uso brutal de la fuerza pública y militar, la violación masiva de los derechos humanos y el uso injustificado de la violencia policiaca.
El caso de Renee Nicole Good, una joven madre norteamericana, asesinada por los agentes del ICE en Minneapolis, ha desatado protestas masivas y una crítica a nivel nacional, a lo que Trump ha respondido con más fuerza pública y con más represión, amenazando inclusive al estado de Minnesota con declararlo en rebelión, para justificar el uso de las fuerzas armadas, algo que le ha retirado el apoyo de una parte de su clientela política, que apoyaba la política contra migrantes latinos indocumentados, pero no a un ICE que se ha salido de control para caer en excesos de violencia intolerables.
Ante la impunidad con que se ha tratado hasta ahora el caso de Renee Nicole Good, y la escalada de la represión, los agentes del ICE actúan con la misma perfidia que inculca el propio Trump. Los operativos están trastornando la economía de Minneapolis con la caza de migrantes, con métodos crueles, como el grupo de agentes que come en un restaurant de comida mexicana y, al término de la comida, aprende a todo el personal del restaurant.
El Congreso no puede seguir tolerando las políticas del gobierno de Trump, que está actuando de forma cada vez más ilegal, otorgándose poderes que no corresponden al presidente, por lo menos no de los EEUU.
Los congresistas republicanos corren el riesgo inminente de verse en una posición de repudio ante sus bases electorales. En noviembre de 2026 habrá elecciones intermedias, que determinarán el control de la Cámara de Representantes y el Senado. La aprobación de Trump, antes de la invasión a Venezuela había caído hasta un 37%. Solo un tercio de los norteamericanos la aprobó, pero en los próximos meses la aprobación puede caer aún más debido al desempeño de la economía, que muestra varios indicadores negativos, entre los que destaca el desempleo.
En las elecciones del pasado 4 de noviembre, los republicanos perdieron todo: las gubernaturas de Virginia y Nueva Jersey, la propuesta 50 en California, Nueva York y todas las ciudades importantes que estaban en juego. Nueva York fue un caso especialmente indicativo del ambiente político que Trump está provocando al interior de los EEUU.
Donald Trump no es el primer emperador de los Estados Unidos en pleno siglo XXI, sino una anomalía muy grave de la potencia mundial, que es al mismo tiempo la democracia más grande del mundo. Las mentiras de Trump, su perfidia, su soberbia y su ignorancia tienen límites, y las consecuencias tendrán que venir del interior de los EEUU.







