Por: Marcela Valles
Si ponemos a un lado la incoherencia y la falta de autoridad moral por sus antecedentes, habría que ver si Attolini Murra tiene las capacidades y méritos para aspirar a ser un ideólogo, un gran polemista; un orador destacado o incluso un político por encima de la mediocridad reinante en su partido, o solo se trata de un personaje estridente, demasiado ruidoso y oportunista, que sueña ahora con ser alcalde de Torreón
Con su paliacate morado anudado al cuello, en lo que pareciera ser un símbolo de un hombre dedicado al trabajo rural, que es sumamente pesado, pero que en este caso se convierte en una coreografía, muy parecida al vaquerito del comic Toy Story, Antonio Attolini Murra, diputado local de Morena, está tratando de vender la imagen de un junior revolucionario, en el más puro estilo de la 4T. El problema es que para ser revolucionario hay que tener una trayectoria y una vida coherente, pues de otra manera el discurso, que finalmente es lo único que tiene, se convierte en una impostura.
La figura política de Attolini surgió de aquel movimiento denominado Yo Soy 132, en el marco de la campaña presidencial de 2012, hace ya 13 años; de un acto espontáneo en una universidad de clase alta de la ciudad de México. Esta asamblea de protesta contra Enrique Peña Nieto llamó la atención de los medios, particularmente por tratarse de jóvenes de clase alta, quienes es bastante raro que realicen actos de protesta política, y más a un candidato presidencial.
Como era de esperar, el movimiento terminó en nada, pero Antonio Attolini, quien se colocó como vocero, lo aprovechó para buscar un acomodo en uno de los programas de Televisa, donde supuestamente hacían crítica social y política, lo que duró un pequeño periodo, pero le permitió a Attolini Murra, quien entonces tenía apenas 23 años y era un profesionista recién egresado, colocarse como asesor parlamentario del entonces senador Zoé Robledo Aburto y permanecer en su nómina desde 2013 hasta 2018.
Se siguió como asesor parlamentario con la senadora Bertha Caraveo durante el 2019, pero en septiembre de ese mismo año llamó la atención de la revista Etcétera, quien hizo una investigación sobre si Antonio Attolini trabajaba o era realmente un aviador, pues tenía un sueldo de 60 mil pesos mensuales.

Aunque Attolini Murra aparecía como asesor de las comisiones de Asuntos Editoriales y Bibliotecas y la de Asuntos Fronterizos y Migratorios, temas en los que es un neófito, la senadora Bertha Caraveo no pudo presentar ningún documento o trabajo concreto que demostrara que Antonio Attolini estaba trabajando, mucho menos pudo hacerlo el propio aludido. Era realmente un “aviador” que se la pasaba bastante bien en los cafés y restaurantes de la ciudad de México.
En ese mismo año, Zoé Robledo lo colocó en el IMSS nada menos que como Coordinador Técnico de Vinculación Internacional, con sueldo de director general, en otro cargo que tenía olor de “aviaduría”, pues, como en los trabajos anteriores, no tenía funciones específicas, por lo menos no que se pudieran verificar de una manera objetiva.
En 2020 renuncia para tratar de ser Secretario General de Morena y fracasa en el propósito, así que en 2021 aparece en Coahuila como candidato a diputado federal, cuando vivía en Cuernavaca, Morelos, con sus padres y su perrito, gozando de las “aviadurias”. Obligadamente vuelve a fracasar, incluso con el apoyo de la marca de Morena.
Como está visto que el trabajo le cae mal a su corpachón, tiene por ahí algún sitio en la internet donde hace las veces de influencer, pero eso no da para mucho. Así, aparece de nuevo en Coahuila, en la fallida campaña de Armando Guadiana, para exhibirse, pues en concreto no aportaba nada, pero logra colocarse en la lista para diputados locales plurinominales. ¿Por qué?, a la fecha nadie ha podido dar una explicación, tan es así que en principio quedó fuera, pues a Morena sólo le tocaban 4 diputaciones plurinominales. El junior hace un escándalo, pero seguía fuera, no obstante que al PT sólo le dieron una diputación local, cuando en rigor le tocaban dos.
Al final algo extraño pasó: el IEC sacrificó una diputación del PRI y se la dio a Antonio Attolini Murra. Los más suspicaces opinan que la razón principal es que es un Murra, y como ya estaba dando lástimas, por ahí pidieron el favor, con lo cual la nueva legislatura de Coahuila tuvo un nuevo diputado que se piensa, y se comporta, como la voz de la revolución de las conciencias y el azote de la corrupción.

Si nos atenemos al dicho popular de que para tener la lengua larga hay que traer la cola corta, Attolini Murra muy pronto mostró que no le gusta el trabajo que canse, pero si los sueldos de burócrata de lujo. Hoy ha logrado ponerse en la nómina con un sueldo superior a los 100 mil pesos mensuales, en ingresos reales.
Aparatoso, estridente, ha aprovechado la tribuna legislativa para denunciar la corrupción, aderezándola con toda la demagogia de la 4T, frente a una asamblea legislativa muy mediocre, donde son escasísimos los diputados que poseen un dominio decoroso del arte oratorio, lo que le permite montar su escenificación y jalar la atención de algunos medios.
Es muy legítimo que un diputado de oposición sea un severo crítico, pues esa es parte de su función y de lo que lo justifica, pero, como se dijo anteriormente, se requiere de coherencia y de autoridad moral, además de capacidad intelectual.
Antonio Attolini ha emprendido la crítica con mucho interés en contra de figuras como el alcalde de Torreón, Román Cepeda González, lo que es muy legítimo si tiene fundamentos para ello, pero resulta que, a su lado, en el mismo Congreso, tiene a su compañero Tony Flores, un personaje tremendamente corrupto, quien además no tiene ninguna capacidad como orador y polemista y está ahí por puro capricho personal, y por financiar campañas electorales de Morena.
Si desea hacer una crítica a los gobiernos municipales debe comenzar por los de su partido, para tener credibilidad, y ahí tiene a la hermana del propio Tony Flores: Tania Flores Guerra, cuyo gobierno municipal es un compendio de anomalías y corruptelas. Tiene también en casa a gobiernos desastrosos, como los de Horacio Piña en Matamoros, o al propio Jonathan Avalos, alcalde saliente de Francisco I. Madero.
Por lo menos en Coahuila el partido Morena está lleno de figuras impresentables, que para este junior revolucionario son intocables, incluido al primer novio morenista: Américo Villarreal, otro orgullo del nepotismo.
Si ponemos a un lado la incoherencia y la falta de autoridad moral por sus antecedentes, habría que ver si Attolini Murra tiene las capacidades y méritos para aspirar a ser un ideólogo, un gran polemista; un orador destacado o incluso un político por encima de la mediocridad reinante en su partido, o solo se trata de un personaje estridente, demasiado ruidoso y oportunista, que sueña ahora con ser alcalde de Torreón, cuando ha fracasado ya como candidato a diputado federal y a diputado local, un cargo que ocupa como un favor concedido por medios que no están claros.
Intelectualmente es un hombre mediocre, pues no cuenta ni con la formación académica ni con las capacidades intelectuales que su arrogancia ostenta. Como polemista es otro más de los fanáticos de López Obrador, no un hombre de pensamiento propio e independiente.
El recurrir a tratar de apropiarse de polémicas tan burdas como el trágico accidente ocurrido hace algún tiempo en el estadio de futbol del Santos-Laguna, da una idea de la necesidad de notoriedad y de amarillismo, lo que le hace caer con frecuencia en el perfil de un “influencer” de segunda, pues no tiene la gracia ni el ingenio para alcanzar una popularidad masiva, como él quisiera.
Torreón es una plaza política donde hay demasiadas figuras de Morena que tienen más méritos, experiencia, arraigo y oficio político que él, prueba de ello es que no ha podido ganar electoralmente nada.
No se sabe si haya rentado casa últimamente en Torreón, pero hace ya muchos años que se fue, por lo que no tiene arraigo y, al ser diputado plurinominal por favores, no representa a ningún distrito en concreto en la ciudad.



