El IMSS: Amontonar a los pacientes bajo un sol de 40 grados

El IMSS: Amontonar a los pacientes bajo un sol de 40 grados

Por: Marcela Valles

No se sabe desde cuándo, pero algunas personas opinan que desde la pandemia de Covid-19, que los funcionarios del IMSS en Torreón, tomaron la determinación de amontonar a los derechohabientes en enormes filas a la intemperie, donde tiene que esperar hasta cuatro horas o más

Son las 11:30 de la mañana del martes segundo de agosto, el celular marca ya una temperatura de 31 grados centígrados, y la gente comienza a llegar a la cita de traumatología y a la cita de consulta con el médico general, que le fue fijada a las 2:00 de la tarde, pero si se llega a esa hora se corre el riesgo de esperar hasta cinco horas y no alcanzar a ser atendidos.

No se sabe desde cuándo, pero algunas personas consultadas en la fila opinan que desde la pandemia de Covid-19, que los funcionarios de la Clínica 16 y de las demás clínicas del IMSS en Torreón, tomaron la determinación de amontonar a los derechohabientes en enormes filas a la intemperie, donde tiene que esperar hasta cuatro horas o más.

En casi todo el norte del país las temperaturas a la intemperie desde mayo hasta agosto, fluctúan de los 35 hasta los 44 grados centígrados, que suelen ser las máximas de mayo; una temperatura capaz de deshidratar a cualquier persona, de provocar golpes de calor, de alterar la presión arterial, de provocar dolores de cabeza, vómitos y otros malestares físicos.

Me formo en la fila de pacientes que acuden a su cita de traumatología. Primero eran nueve y alcanzábamos a colocarnos debajo de una delgada sombra de plástico que ha sido colocada, pero a medida que pasan las horas la fila va creciendo: 9, 20, 30, 40 y así hasta alcanzar alrededor de 150 personas o tal vez más.

No hay consideraciones para nadie, ya sea que tenga 30 años, lo mismo que 60 o más, aquí no hay adultos mayores, tampoco una silla o banca para quienes vienen en muletas, andaderas, silla de ruedas, pies enyesados, piernas con ligamentos rotos, personas con hipertensión, obesidad, gente ya muy mayor. Todo el que viene a traumatología lo hace porque ha tenido una lesión que va de moderada a grave, pero no importando lo que tenga, tiene que formarse en la larguísima cola y soportar hasta las 2:00 de la tarde en que inicia la consulta, aunque este día comenzó, como es muy usual, hasta las 2:45 de la tarde.

Don Eduardo tiene 55 años, realizaba una reparación en el techo de su casa y al bajar por la escalera se resbaló, por lo que fue a dar hasta el piso, rompiéndose el tobillo de su pierna izquierda y dos dedos. Acude enyesado y en muletas. Cerca de las dos de la tarde, cuando ya tiene parado cerca de tres horas, se queja de malestares, pero el mismo se da aliento. “Ya mero nos pasan, está muy feo el sol y no se puede tomar agua porque luego dan ganas de ir al baño y es un problema que lo dejen a uno pasar, mejor hay que esperar”.

Doña Trinidad ha acudido con su pie quebrado de uno de sus dedos, lleva una férula, pero siente mucho dolor. Tiene ya 64 años de edad y además sobrepeso. Cansada, adolorida, afirma: “Con la pena señorita, pero me voy a tener que sentar un rato en el suelo, ya no aguanto el dolor y a mi se me hace que todavía falta como una hora para que nos llamen”.

Si ya algún funcionario, desde su cómoda oficina con aire acondicionado, decidió tener a los pacientes haciendo fila en el sol, no debe costarle mucho al IMSS poner una sombra grande y disponer sillas o bancas baratas, de plástico, para proteger un poco a los derechohabientes, pero aquí todo es burocracia y nadie hace nada.

A las 2:00 de la tarde, checado en Meteored del celular, la temperatura, a la sombra es de 37 grados centígrados, pero a la intemperie la sensación alcanza cerca de los 40 grados centígrados; una temperatura que es insoportable para un habitante de ciudades como la de México, pero aquí todo mundo tiene que soportar. 

Finalmente, a las 2:40 de la tarde las empleadas, con cierto desgano, comienzan a ordenar la enorme fila.

-Por favor, aquí una fila los que vienen por pie, acá los que vienen por columna, acá los de cadera, acá los de brazos…

-Iremos a alcanzar, le pregunta una señora mayor a una de las empleadas, preocupada porque ve su fila muy larga.

-¡Todos van a alcanzar, todos los días viene gente como hoy, todos van a alcanzar, sino se les reprograma su cita, pero van a ser atendidos!

Lo que no dice es que algunos estarán ahí hasta las 7:00 de la noche, los que llegaron más tarde, y algunos no alcanzarán, pues los médicos se retiran a las 7:00 de la noche en punto, ni un minuto más.

Una de las señoras, de nombre Elisa, quien ya es mayor de edad, ya dentro del edificio y en la nueva cola para quienes serán atendidos de lesiones de pie,  se queja de su ojo derecho, en el cual se le ha formado un abultamiento y lo tiene enrojecido. Cuatro horas en el sol le han cobrado el costo, ahora tiene un problema de salud que no tenía, y se lo debe a este sistema de organización de la consulta que tiene ahora el IMSS, cada vez más indiferente al bienestar de quienes pagan la existencia misma de la institución, pues, aunque los empleados se comportan como tal, aquí nada es gratuito, y todos los empleados, sin excepción, son servidores públicos, o al menos deberían serlo.

Las condiciones en las que se espera: por horas a la intemperie, con dolor, genera mucha tensión, por una nadería dos señoras discuten en la fila, se empujan y están a punto de llegar a las manos, solo que los demás les calman y les piden cordura. La escena se repite ya dentro, con otras dos personas, también mujeres, porque una de ella trata de adelantarse un poco en la fila que le ha tocado.

Casi al final, recién ingresados al edificio, uno de los guardias se acerca, y cuestiona a la reportera, a quien ha observado que se mueve de un lado a otro de la fila, sobre si es paciente, a lo que se le contesta que no, que es reportera y está haciendo su trabajo en un lugar público. El guardia, en tono agresivo, le dice que no puede estar ahí dentro, le pide que se retire, a lo que ella le dice que sí; que está bien, pero el guardia se queda parado a su lado y le dice: “acompáñeme a la puerta” y sí, la acompaña hasta la puerta, pero no del edificio sino de la calle.

Son las 3:40 de la tarde, el sol es quemante, el boulevard es demasiado ruidoso y contaminante y la gente, sin más opciones, tiene que aceptar este tipo de servicio médico, que dijeron, hace siete años, que sería como el de Dinamarca.

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