Por: Eugenia Rodríguez
El pasado 6 de enero, Claudia Sheinbaum anunció que México enviará representante oficial a la toma de posesión de Nicolas Maduro, con lo cual está avalando su supuesta victoria, y lo hace cuando México es el segundo país, después de Bolivia, en verse afectado por la crisis económica y de derechos humanos de Venezuela
Mientras los gobiernos de Brasil, Colombia y Argentina, quienes eran los principales aliados de la dictadura venezolana han marcado distancia, Claudia Sheinbaum envió a un representante a la toma de posesión de Nicolás Maduro, después de una elección de estado escandalosamente fraudulenta, condenada por la comunidad internacional, al mismo tiempo que el nuevo gobierno morenista ha continuado con los envíos de petróleo y diésel a Cuba, que iniciara López Obrador, por “motivos de carácter humanitario” hacia la dictadura cubana, que está al borde del colapso.
El dictador Nicólas Maduro contaba inicialmente con el apoyo de un grupo de países aliados, entre los que figuraban Brasil, Colombia, Argentina, México, Bolivia, Nicaragua y Cuba.
De este grupo, el mandatario brasileño, Ignacio Lula Da Silva, manifestó su preocupación por el estado de los derechos humanos y no avaló el fraude electoral, manifestando que en la democracia se gana y se pierde y se debe de aceptar. Gustavo Petro, presidente izquierdista de Colombia, ha manifestado desacuerdo con la situación de los derechos humanos en Venezuela, pero además la migración de millones de venezolanos a Colombia por la crisis humanitaria y económica, ha rebasado la capacidad de seguir recibiendo migrantes y refugiados, lo que ha motivado el distanciamiento de Gustavo Petro en torno al régimen venezolano.
En Bolivia el presidente Luis Arce está enfocado en la problemática interna y ha pausado su actividad diplomática en la zona, por lo que las relaciones con Venezuela han pasado a un segundo término.
Las dictaduras de Nicaragua y Cuba siguen brindando un apoyo incondicional a Nicolas Maduro, pero ambas son poco representativas, marginales, a nivel internacional. Cuba está al límite y Nicaragua tiene el repudio aún de los que fueran aliados de Venezuela, debido a la situación aberrante de los derechos humanos que se vive en el pequeño país centroamericano.
En este contexto el gobierno de Andrés Manuel López Obrador tuvo un poco de cautela y comentó que era importante la confirmación del triunfo de Nicolás Maduro en las urnas, por medio de las actas correspondientes, pero posteriormente nunca emitió una reprobación al fraude electoral y a la represión de la dictadura hacia los partidos opositores y el virtual ganador de la elección, que fue perseguido para encarcelarle.

MANTENER EL APOYO
El pasado 6 de enero, Claudia Sheinbaum anunció que México enviará representante oficial a la toma de posesión de Nicolas Maduro, con lo cual está avalando su supuesta victoria, y lo hace cuando México es el segundo país, después de Bolivia, en verse afectado por la crisis económica y de derechos humanos de Venezuela.
Sobre la dictadura cubana, México se ha quedado en solitario como su principal benefactor. Claudia Sheinbaum ha ordenado la continuación de los envíos de petróleo y diésel, que no se han interrumpido con el cambio de gobierno. En noviembre se hizo un envío “humanitario” de 400 mil barriles de petróleo y 65 mil de diésel, además de realizar la contratación de más médicos cubanos, en lo que es una abierta explotación laboral de los profesionistas por parte de la dictadura.
Los envíos comenzaron en 2023, o al menos en ese año se hicieron públicos. Entre 2023 y 2024 el costos de los envíos ascendió al menos a 700 millones de dólares, cuando Pemex es la petrolera más endeudada del mundo, con más de 100 mil millones de dólares, más una deuda multimillonaria a proveedores, pero la afinidad ideológica de Sheinbaum con la vieja dictadura comunista de la isla le compromete a seguir regalando petróleo y diésel, además de otras ayudas que se tratan de mantener al margen del conocimiento de los medios y la opinión pública, como la compra de balasto, piedra, para obras como las del Tren Maya, o la compra, inservible, de millones de vacunas Abdala para el Covid-19.
Lejos de marcar una sana distancia o de emitir una declaración que condene la represión y la violación sistemática de los derechos humanos en Venezuela, el régimen político mexicano se esta acercando cada vez más al modelo venezolano, con toda la serie de reformas constitucionales ideadas por AMLO y avaladas, por sumisión y afinidad ideológica, por Claudia Sheinbaum.







