Lo dicho: La 4T le teme a Carlos Ahumada

Lo dicho: La 4T le teme a Carlos Ahumada

Por: Eugenia Rodríguez

Desde su regreso a México, que era algo que no deseaba el nuevo gobierno de Claudia Sheinbaum, ni el de AMLO, Carlos Ahumada llegó de forma discreta, se le permitió llevar el juicio en libertad y, que se sepa, acudió una sola vez al juzgado para finiquitar su proceso y quedar libre de cualquier cargo

El proceso judicial en contra del empresario argentino Carlos Ahumada ha concluido. Todo transcurrió sin novedad, fue absuelto, con bastante diligencia, de los dos cargos que se le imputaban; cumplir una sentencia de un poco más de un año, que le restaba, y el pago de 20 millones de pesos adicionales que, se entiende, estaban pendientes.

Desde su regreso a México, que era algo que no deseaba el nuevo gobierno de Claudia Sheinbaum, ni el de AMLO, Carlos Ahumada llegó de forma discreta, se le permitió llevar el juicio en libertad y, que se sepa, acudió una sola vez al juzgado para finiquitar su proceso y quedar libre de cualquier cargo, con lo cual puede regresar tranquilamente a Argentina o hacer estancias en México, como él lo desee.

El gobierno claudista tuvo buen cuidado en que el caso se manejara a discreción, sin cobertura mediática, para que pasara lo más desapercibido posible.

Ya Ahumada había amenazado, desde Argentina, que se le dejara en paz o tomaría medidas, insinuando que tiene en su poder más videos de aquel periodo del gobierno de AMLO en la ciudad de México, y de la dirigencia de Rosario Robles en el PRD.

Un bandido astuto, glamoroso, que supo manejarse como pez en el agua en medio de la corrupción de la izquierda, hizo en México grandes negocios e involucró al círculo de políticos más cercano a López Obrador, lo que motivó los video-escándalos de 2004, que en buena medida afectaron la imagen de la izquierda y en consecuencia la derrota en las elecciones presidenciales de 2006, en lo que es un trauma que AMLO jamás ha superado.

Estos video-escándalos se cargaron la carrera política de Carlos Imaz, el esposo de Claudia Sheinbaum, y metieron a la cárcel a ese torvo personaje llamado René Bejarano, el principal operador político de la izquierda en los medios populares de la ciudad de México, quien era entonces nada menos que el encargado de la Asamblea Legislativa en la capital.

Imaz, quien era delegado en Tlalpan, desapareció del medio público hasta la fecha, y René Bejarano, cuyo cinismo no tiene límites, volvió a la política. Junto con su esposa Lourdes Padierna siguen siendo “personajes” de la 4T, lo que resulta increíble.

Rosario Robles, quien hizo fortuna al calor de un romance de tintes novelescos o cursis con Carlos Ahumada, resurgió, también con gran cinismo, al formar parte del gabinete de Enrique Peña Nieto. AMLO la consideró como traidora y le metió a la cárcel, donde pasó algunos pocos años para quedar nuevamente en libertad, con su fortuna intacta, pero liquidada políticamente.

Carlos Ahumada, después de un proceso judicial relativamente corto, se regresó a Argentina, donde continuó haciendo negocios, pero con una ficha roja de la Interpol, solicitada por el gobierno de la ciudad de México, lo que le seguía causando problemas legales.

En 2024 se decidió terminar, de manera definitiva, con el asunto, ya con Claudia Sheinbaum electa presidenta, y a eso vino el argentino a México, donde prácticamente se ha tomado un tiempo vacacional.

La 4T teme al caso de Carlos Ahumada porque éste muestra, con hechos y evidencias sumamente mediáticas, que la secta o círculo rojo de AMLO operaba, desde sus inicios, con niveles de corrupción escandalosos, lo mismo que la cúpula del perredismo, que entonces era la cúpula de la izquierda mexicana.

Las campañas electorales se hacían con dinero sucio, proveniente de los “donativos” de los empresarios que eran beneficiados con importantes contratos de obra pública y otro tipo de negocios. 

En buena parte así se financió la campaña presidencial del PRD en el 2006, con los resultados que son conocidos.

Este caso sentó también un precedente para los años siguientes, donde AMLO y su círculo íntimo aprendieron a manejarse con mucho más sigilo en su corrupción, para poder manipular la bandera precisamente de la “honestidad valiente”, en contraposición de la ancestral corrupción de los políticos mexicanos.

Carlos Ahumada sabe el poder que sigue conservando sobre este grupo político, pero, como se dijo, es un bandido muy astuto y además ya está entrado en años. Recién ha cumplido los 60 años y regresará a sus negocios. Han pasado ya 20 años desde aquellos escándalos y los buenos tiempos, por lo menos en México, no volverán, mucho menos con Claudia Sheinbaum como presidenta, quien debe guardarle no poco rencor.

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