Por: Eugenia Rodríguez
El dinero y el poder del narcotráfico se ha ido infiltrando en el tejido social, en la economía del estado y en los gobiernos de todos los niveles, hasta un punto en el cual los capos y los intereses del crimen organizado se han convertido en un poder paralelo, pero en este caso con la aceptación de un sector social importante.
En Sinaloa esto del negocio del narcotráfico viene desde la primera mitad del siglo pasado, y no es casualidad que sea el estado semillero de mafiosos y capos. Pero ¿Por qué se da este fenómeno? La razón principal parece estar muy relacionada con la permisividad de la sociedad y los gobiernos locales y estatales con las actividades del narcotráfico.
En Sinaloa hay capos importantes y empresarios dedicados al “lavado” de dinero a gran escala y pasan desapercibidos, pueden morir inclusive de viejos y no pasar la vejez en una celda carcelaria, perdidos, enfermos y olvidados.
El dinero y el poder del narcotráfico se ha ido infiltrando en el tejido social, en la economía del estado y en los gobiernos de todos los niveles, hasta un punto en el cual los capos y los intereses del crimen organizado se han convertido en un poder paralelo, pero en este caso con la aceptación de un sector social importante.
Sinaloa, en general, es una sociedad que se habituó a convivir con el mundo del crimen organizado; a convertir en algo cotidiano la presencia delictiva, pero también a obtener provecho de ello, no obstante que tiene fuentes de riqueza muy importantes, como ser una de las tres economías agropecuarias más importantes del país, tener turismo a gran escala y otros beneficios naturales.
El llamado Cártel de Sinaloa no es una estructura vertical y rígida, como se pudiera pensar, en la cual mandaban Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada, sino un complejo entramado de alianzas, pactos y, como se ha visto recientemente, de traiciones entre varios grupos delincuenciales que tienen como territorio de origen el estado de Sinaloa, dirigidos por capos de diversos niveles y características, pero que tienen en común el “cuidar la casa”, es decir tener al estado en una pax narca, para tranquilidad de sus familias, de su convivencia social y de sus negocios.
Ismael “El Mayo” Zambada es el más importante sobreviviente de una generación de capos que hicieron escuela en el arte de ejercer su poder desde un bajo perfil mediático, pero con fuertes nexos de tipo social y político. Por más de 50 años se dedicó al narcotráfico y podía recorrer todo el estado sin ningún problema. Todo mundo sabía quién era el MZ y los pueblos y rancherías donde pasaba períodos más largos conocían de su bonhomía. Cualquiera que tuviera una gran necesidad podía recurrir a él y recibía ayuda económica e inclusive protección.
Hasta este sexenio el brutal y poderoso brazo armado del cártel, que está distribuido en varios grupos ubicados en todo el estado y el país, evitaba ostentarse y mucho menos agredir a la población. Los ajustes de cuentas eran siniestros, pero sordos, comúnmente con la desaparición de los muertos.
Al mismo tiempo que cuidaban sus relaciones sociales con el medio popular, sostenían, y sostienen, relaciones de negocios con importantes empresarios y de tipo político con casi toda la clase política del estado, así como con los cuerpos policiacos y de seguridad, los que están completamente infiltrados, e inclusive son la fuente más importante de reclutamiento, aprovechando la capacitación que tienen en armas y tácticas. Mucho más cuidadosos, pero con los altos mandos militares también hay pactos, los que se volvieron mucho más evidentes en el sexenio de AMLO, con quien inclusive llegaron a departir en reuniones de cortesía e informalidad.
Mientras los capos mantuvieran la pax narca, no serían molestados por ninguna autoridad. A cambio todo el apoyo económico y las relaciones del narco se volcaron en favor de los candidatos oficiales. Rubén Rocha Moya fue el gobernador más votado a nivel nacional, porque eso era parte del trato.
De esta forma Sinaloa fue un estado próspero, alegre, de mucha fiesta, y de un buen nivel de vida para la mayor parte de la población. Los narcos eran parte de ese paisaje social, económico y político.
EL MONSTRUO SE DESATA
Pero todo tiene límites, por más poder que haya acumulado y, en este caso, fue la comercialización de una droga terrible, mortal, que es conocida comercialmente como el fentanilo, la cual tiene un origen farmacológico, con fines médicos, pero es potentísima, aún a dosis bajas.
Los carteles de Sinaloa y Jalisco la comenzaron a introducir a los EEUU a través de sus enormes redes de distribución, provocando una pandemia, que está generando una mortandad masiva, especialmente entre gente joven.
A través de sus agencias, el gobierno norteamericano pidió al gobierno mexicano que parara el tráfico de esta droga, cuyos precursores provienen de China y algunos otros países asiáticos y entran a México, a través de los puertos controlados por el ejército.
Se disminuyó el tráfico durante un corto tiempo, pero se impuso la avaricia y la permisividad del gobierno de AMLO, lo que provocó que el gobierno norteamericano ideara un operativo para romper las alianzas al interior del cártel de Sinaloa.
Las diferentes facciones son dirigidas por familias, que están ya por la segunda generación, así que se propició el enfrentamiento entre las dos familias más poderosas: los Guzmán y los Zambada, cuyas cabezas son Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien purga una condena de por vida en una cárcel norteamericana, e Ismael “El Mayo” Zambada, quien fue detenido recientemente por medio de una maniobra operada a través de uno de los hijos de “El Chapo”, Joaquín Guzmán López.
Esto ha detonado una guerra intestina entre “los chapitos” y “los mayitos”, donde queda expuesto todo el entramado con el que opera el crimen, que rompe el pacto de la pax narca y desata el terror entre la sociedad sinaloense y ha puesto al desnudo al gobierno de AMLO, al estatal y a los municipales, así como los nexos con los medios empresariales y otras instancias de poder en el estado.
En otros términos, el gobierno norteamericano decidió sacudir el avispero, como se dice coloquialmente, ante el visible malestar de AMLO, quien era el presidente y sigue siendo el hombre que maneja el poder político en México.
EL NARCOPODER AL DESNUDO
La detención de Ismael “El Mayo” Zambada ha puesto al desnudo al narcopoder y a todos sus nexos, en lo que es un patrón que se repite en varios estados del país.
Podemos enumerar cada uno de estos elementos:
Como primer elemento está el hecho de que el capo fue atrapado usando como celada una reunión con el gobernador y su principal enemigo político, para mediar en el conflicto en torno al manejo de la Universidad Autónoma de Sinaloa, de la cual ambos fueron rectores. Hay tal involucramiento que “El Mayo” es convocado como mediador, lo que da una idea hasta donde está infiltrada la clase política, es decir el cogobierno con el narco
En dicha reunión fue asesinado el político opositor, quien en ese momento era diputado federal electo. Solo los participantes saben específicamente quien lo asesinó, pero el gobierno estatal realizó todo un montaje, incluidos peritajes forenses inventados, para vender la idea que había sido asesinado en una gasolinera, por dos ladrones o sicarios que le que dispararon hasta en cuatro ocasiones, cuando ya era un cadáver. Un montaje bastante macabro, del cual es directamente responsable el gobernador. La FGR no ha realizado hasta la fecha ninguna investigación al respecto.
El principal beneficiario del asesinato es el gobernador.
Como segundo elemento, está el hecho de que el jet privado de lujo que le fue prestado al hijo de Rubén Rocha es propiedad de Jesús Vizcarra, propietario de la empresa SuKarne y de la fundación Salud Digna, principal ganadero y exportador de productos cárnicos de Sinaloa, quien, cuestionado públicamente, no pudo desmentir que es compadre de Ismael “El Mayo” Zambada, algo que exhibe de qué manera se dan las relaciones trianguladas entre capos, políticos y empresarios del más alto nivel en el estado.
El tercer elemento, no menos importante, es que el principal encargado de seguridad de “El Mayo” Zambada, desaparecido en el lugar de la captura junto con otro escolta, tiene más de 20 años como miembro de la policía estatal, es decir de la Fiscalía General del Estado, lo que confirma, de manera concreta la infiltración de las corporaciones y las instituciones de seguridad del estado desde hace décadas.
El cuarto elemento es la reaparición de las declaraciones del propio Rubén Rocha Moya, ya como gobernador electo, donde reconoce que no solo obtuvo el apoyo del cártel de Sinaloa, sino que fue a verlos, pues circunstancialmente es originario de Badiraguato, el mismo pueblo de donde es originario “El Chapo” Guzmán y otros capos, a quienes manifestó conocer de largo tiempo, pidiendo su apoyo no solo para la campaña sino para gobernar.
Al desatarse la guerra entre “los chapitos” y “los mayitos”, Rubén Rocha Moya queda literalmente atrapado, sin ninguna capacidad de maniobra, pero más recientemente ha sido amenazado por la facción de “El Mayo” Zambada. La guerra se ha prolongado hasta la fecha, con un saldo de al menos 295 asesinatos, la mayoría de ellos ejecuciones, y 433 desaparecidos.
Rubén Rocha acudió a la ciudad de México en busca de apoyo. No fue recibido por la presidenta, pero en la Cámara de Diputados fue arropado a coro, con el grito de “no estás solo”, cuando debería estar sujeto a un proceso de investigación judicial por la FGR, en lo que es otra constante de Morena con respecto a sus gobernadores.
La población de Culiacán y sus municipios conurbados, viven en medio del terror, que se ha extendido a varias ciudades del estado, incluido el puerto de Mazatlán, donde se han dado varios enfrentamientos, suficientes para paralizar la mayor parte de la actividad turística, que es la fuente económica de la que vive el puerto. Los hoteleros están pasmados, callados, no hay ninguna campaña para mostrar que Mazatlán no tiene problemas. Hay mucho miedo. Los intereses económicos de todas las facciones del cártel de Sinaloa son demasiado grandes, tanto en la parte hotelera como en todo el sector inmobiliario.
El gobierno federal, que también ha quedado desubicado, sin capacidad de resolver el conflicto, culpa al gobierno norteamericano, manda grandes contingentes militares y de la Guardia Nacional, pero no resuelve, por temor a un enfrentamiento frontal con las fuerzas armadas de las facciones en pugna.
El conflicto va para largo y puede escalar en cualquier momento, más cuando la facción de “Los chapitos” ha buscado el apoyo del otro cartel más grande del país, el de Jalisco, pero además por si solo el cártel de Sinaloa tiene presencia nacional, donde las “plazas” se dividen entre “chapitos” y “mayitos”.
De hecho, el conflicto ya se ha extendido al vecino estado de Durango, donde hay enfrentamientos con la modalidad de arrojar explosivos desde aviones.



