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Ansiedad y depresión, dos males en expansión de los mexicanos, tienen una muy baja atención médica

  • Especiales, Salud, Slider
  • agosto 2, 2026

Ansiedad y depresión, dos males en expansión de los mexicanos, tienen una muy baja atención médica

  • Especiales, Salud, Slider
  • agosto 2, 2026

Por: Cecilia Valles

La depresión le sigue a la ansiedad como el trastorno de salud mental más frecuente entre la población mexicana, pero pueden presentarse ambos trastornos al mismo tiempo

En 2025 el INEGI ha reportado que el 21.4% de los mexicanos mayores de 18 años, que saben leer y escribir. tienen indicios de ansiedad y el 10.7% tiene indicios de depresión, solo dos de los trastornos de salud mental, junto a muchos otros padecimientos con porcentajes menores, pero hay una gran ignorancia y estigmatización de los problemas mentales, así como una muy alta deficiencia de los sistemas públicos de salud para atenderlos.

¿Pero qué es la ansiedad, el más común de los padecimientos mentales que sufre el mexicano? La ansiedad es un trastorno de la salud mental, que se origina por un desequilibrio de secreciones de adrenalina y cortisol, dos sustancias que genera el cerebro, en el caso de la ansiedad de manera desordenada.

Ordinariamente la gente lo califica como ‘estar nervioso’ y ‘tener los nervios alterados’, lo que se puede quitar con un simple té de Tila, con la distracción o con ‘dejar de estar dándole muchas vueltas a las cosas’, también se le identifica como ‘estar muy preocupado’.

El trastorno se origina en el miedo hacia amenazas reales o imaginarias, que ponen al cerebro en un estado de alarma, lo que lleva a la producción de adrenalina y cortisol, que prepara al cuerpo para huir o enfrentar la amenaza, lo que produce un estado de agitación, que es una reacción elemental del cuerpo humano, solo que en la ansiedad esta reacción se da de una manera anómala, en la opinión de los especialistas, al haber una sobre secreción de adrenalina y cortisol, debido a que los miedos se vuelven crónicos o son imaginarios.

La ansiedad tiene varias manifestaciones, la más común es la agitación emocional, las fobias irracionales, los ataques de pánico, trastornos como el obsesivo compulsivo, la paranoia, entre otros, que alteran el comportamiento de las personas, provocándole trastornos de leves y moderados hasta graves.

Se considera que el trastorno es grave cuando impide el desempeño funcional ordinario de las personas, como el trabajar, sostener relaciones sociales o inclusive el comer.

Como la secreción de adrenalina y cortisol es anormal, estas dos sustancias producen un trastorno en el funcionamiento de muchos órganos y sistemas del cuerpo. Están asociadas con casi todo: el sistema respiratorio, el sistema digestivo, el sistema cardiovascular, el sistema de defensa corporal, el sistema muscular, en fin, con casi todo.

Para ser más específicos, de acuerdo a la ciencia médica y a los últimos estudios, la ansiedad, que ordinariamente también se menciona con la palabra inglesa “stress”, está íntimamente relacionada con males como la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, la baja de las defensas, que abre paso a muchas enfermedades, el dolor de cabeza, el mareo, la sobre sudoración, la sequedad de boca, el dolor corporal, la alteración del sueño, los desórdenes alimenticios, en consecuencia la obesidad y la anorexia, entre muchos otros trastornos físicos.

Una persona con ansiedad crónica desarrolla problemas de salud mental y, a mediano y largo plazo, desarrollará varias enfermedades, algunas de ellas muy delicadas, por ser crónico degenerativas.

DEPRESIÓN, ENFERMEDAD DE LA TRISTEZA

La depresión le sigue a la ansiedad como el trastorno de salud mental más frecuente entre la población mexicana, pero pueden presentarse ambos trastornos al mismo tiempo.

En los libros de historia se definía a la depresión como la ‘enfermedad de la tristeza’, por la cual la persona se sumía en un abandono, perdía el gusto por la vida y en general el interés por todos los satisfactores vitales.

Mucho hay de cierto en esta definición antigua del padecimiento.

La depresión es un problema de salud mental por la cual el enfermo deja de tener un sentido de vida, cae en una pasividad anómala, pierde el interés por cualquier tipo de relación con otras personas, incluidos los familiares, pierde el interés por su propia persona y cae en un estado de abandono.

Ordinariamente la depresión se manifiesta a través de un exceso de sueño, el aislamiento social, el abandono del arreglo personal, el bajo rendimiento laboral, la pérdida del apetito, la baja de rendimiento escolar y, en general, la pérdida del sentido de la vida, por lo que si alcanza niveles muy altos genera conductas suicidas. 

Puede tener su origen en pérdidas importantes para las personas, como la muerte de seres queridos, el divorcio no deseado, el fracaso profesional o el quebranto económico, enfermedades graves, la soledad crónica y en general la desesperanza, entre otras causales.

En la opinión de los especialistas, la depresión produce una alteración y menor actividad de neurotransmisores clave, como la serotonina (afecta el sueño y el ánimo), la dopamina (reducción de motivación y placer), la noradrenalina (un regulador de la energía), también afecta el factor neurotrófico derivado del cerebro (vital para crear nuevas conexiones neuronales).

EXISTE UNA SOLUCIÓN

Lo más ordinario en nuestra sociedad es que los padecimientos de salud mental no se traten, con todo el sufrimiento y las consecuencias que ello implica.

El ‘padecer de los nervios’ es la explicación más común que dan las familias cuando uno de sus integrantes tiene un trastorno por ansiedad, y para ello dan remedios caseros, como tes y ciertas hierbas.

Cuando la persona tiene padecimientos mayores, se resisten, pero finalmente se enfrentan al estigma de declararlo como ‘loco’. Para ellos el acudir a un psiquiatra es ‘cosa de locos’, y hay la apreciación muy común de que los medicamentos psicotrópicos nada más traen a la gente ‘atontada’, ‘como ida’ o, para usar el término más agresivo, pero más común: ‘bien apendejada’.

La psicoterapia también suele considerarse como una pérdida de tiempo, que cuesta mucho dinero y es algo para ‘gente bien’, que no halla en qué gastar su dinero.

Con unas cervezas y una fiesta se trata de alejar de los problemas y las preocupaciones. Un viaje a Mazatlán, aunque sea pagado en abonos, afirman que quita todos los males.

La depresión se quita ‘echándole ganas’ y muchas enfermedades se explican con la conclusión de que la persona ‘siempre ha sido algo rara’.

La soledad y el abandono de los abuelos se justifica en que ‘son cosas de la edad, es que ya están muy grandes’.

Mayela tiene 43 años. Sonríe cuando llega a la oficina, saluda a todos y cumple con su trabajo. Nadie imagina que cada mañana libra una batalla silenciosa para reunir la fuerza necesaria y levantarse de la cama. Lleva meses sintiendo que la vida perdió el color, pero ha aprendido a fingir que todo está bien.

Antonio dejó de aceptar invitaciones. Antes organizaba las reuniones con los amigos; hoy, el simple hecho de imaginar un restaurante lleno de gente hace que el corazón se le acelere, las manos le suden y el pecho se le cierre. Siempre encuentra un pretexto para quedarse en casa.

Daniela revisa una vez más que la estufa esté apagada. Luego verifica la puerta. Después vuelve a la estufa. Sabe perfectamente que ya comprobó todo, pero una voz insistente le dice que, si no vuelve a hacerlo, algo terrible ocurrirá. Cada mañana pierde casi una hora en una rutina que nadie logra entender.

Javier siempre fue ‘el distraído’. De niño olvidaba la tarea; de adulto pierde las llaves, deja proyectos a medias, cambia constantemente de empleo y siente que su mente nunca descansa. Más de una vez lo llamaron irresponsable, cuando en realidad llevaba años luchando contra algo que ni él mismo comprendía.

Marcela mira su plato con miedo. Comer dejó de ser un acto cotidiano para convertirse en una batalla contra su propia mente. Un día come impulsivamente y después la invade una culpa insoportable; al siguiente decide pasar horas sin probar alimento. Nadie alcanza a ver la guerra que libra frente al espejo.

Podrían ser tus vecinos, tus compañeros de trabajo, tus hijos, tus padres, tu pareja, o incluso tú. Todos tienen algo en común. Viven con un trastorno de salud mental.

Y la lista continúa: trastorno bipolar, esquizofrenia, ataques de pánico, adicciones y muchas otras condiciones que durante décadas permanecieron escondidas detrás del silencio, la culpa y los prejuicios.

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