Por: Álvaro González
Como la prostitución existió, existe y existirá, los gobiernos deberían de saber como manejarla, partiendo, en principio, de que es una actividad legal, protegida por las leyes, pero, dada su naturaleza, debe estar supervisada para erradicar la explotación, la trata, el que la ejerzan menores de edad y, muy importante, que se dé en condiciones sanitarias
A mucha gente, sobre todo a las señoras y a las novias, tal vez les resulte escandaloso saber que la prostitución, ejercida de manera libre por personas mayores de edad, no está prohibida por ninguna ley, y cae dentro del artículo quinto de la Constitución, que establece la libertad de todas las personas para dedicarse a la profesión u ocupación que elijan.
Al respecto existe jurisprudencia emitida por autoridades judiciales de forma explícita desde 2014. Solo es delito cuando hay explotación, si es menor de edad o se violan de alguna forma los derechos humanos de la trabajadora sexual, que es la denominación más correcta que se le debe dar a este tipo de oficio.
El 19 de julio de este 2026, los inspectores y policías municipales de Torreón clausuraron una casa de citas clandestina, en la colonia Lomas del Pedregal, que es un coto cerrado de familias de clase media.
En el operativo fueron detenidos y llevados a prisión un cliente y una sexo-servidora, en lo que es una violación de sus derechos, es decir un acto ilegal por parte de la policía y de los inspectores municipales, quienes clausuraron el inmueble.
El propietario del negocio sí estaba incurriendo en una falta de carácter administrativo, por violar los reglamentos municipales, pero si el dueño de la finca no es el mismo que el propietario del negocio, puede alegar que el rento de buena fe y desconocía la actividad que se realizaba.
¿Por qué detuvieron al cliente? Contratar los servicios de una sexoservidora mayor de edad y quien ejerce libremente su oficio, no es ningún delito, detenerlo si es un delito, porque es privación ilegal de la libertad, que fue lo que hicieron los policías.
¿Por qué detuvieron a la trabajadora sexual? Al momento de la detención fue identificada como Laura ‘N’, de 25 años de edad, quien ejerce libremente el oficio y es mayor de edad, así que también le fueron violados sus derechos.
Ambos fueron detenidos supuestamente por estar alterando el orden público. Ambos habían ingerido bebidas alcohólicas, pero no estaban manejando, y tomar bebidas alcohólicas tampoco es un delito por sí mismo. Lo de alterar el orden público se derivó de los chismes del vecindario que, con razón, estaban escandalizados por tener en el coto nada menos que una casa de citas clandestina.
La única acusación posible era la de alterar el orden público, que consiste en una simple falta administrativa. Debieron durar unas horas detenidos, pagar una multa y ser liberados, por lo menos eso es lo legal, aunque en este caso es muy cuestionable la detención, pero querían espectáculo, sobre todo para la televisión, a cuyos reporteros invitaron, como siempre lo hacen, pese a que era casi la una de la mañana de un domingo.

LA HIPOCRESÍA SEXUAL
El 30 de enero de 1991, el entonces alcalde de Torreón, Carlos Román Cepeda González, clausuró, de forma sorpresiva, la zona de tolerancia de Torreón, considerada como una de las zonas de tolerancia más grandes del país, que funcionaba desde la década de 1950, por lo que tenía funcionando aproximadamente 41 o 42 años. Albergaba decenas de cantinas y casas de prostitución.
Por ahí desfilaron generaciones de laguneros, por lo que sería más fácil contar a los que no fueron que aquellos que sí lo hicieron, pues era sumamente popular, aún entre laguneros que no habitaban en la zona conurbada.
La clientela estaba formada por hombres de todas las clases sociales, que lo mismo bebían que contrataban los servicios de las trabajadoras sexuales para bailar, para beber y por supuesto para disfrutar del sexo.
Ese lugar es un tanto mitológico, porque de él se cuentan todo tipo de anécdotas fabulosas, que lo mismo son mentiras que verdades. Entre las más creíbles están la de bailarinas que hacían singulares espectáculos sexuales, como aquella que jugaba con un plátano macho, ya saben para qué; o bien la que era una artista del sexo, a tal grado que le proporcionaba orgasmos espectaculares a vejestorios de más de ochenta años, en fin, que ahí bebieron, bailaron y fornicaron varias generaciones de laguneros.
Como todo lo que sirve envejece y se echa a perder, la zona de tolerancia entró en decadencia. Para el año que fue clausurada, la mayoría de las trabajadoras sexuales eran hombres disfrazados, es decir ‘vestidas’, como se les conoce en el argot, por lo que aquello comenzó a tener otras formas de promiscuidad, y eso era peligroso porque estaba en su apogeo el problema del VIH. Se temía que se convirtiera en una epidemia, pero en general la zona de tolerancia se había deteriorado muchísimo, y las colonias del derredor tenían también una fuerte descomposición social.
Cerrarla, por parte de Carlos Román Cepeda, pareció un acierto, pues era una realidad que se había convertido en un asunto de salud y seguridad; el problema es que el entonces alcalde no tenía un plan en relación al manejo de la prostitución en la ciudad, que estaba, y está, bastante extendido. Cualquier político con sentido común tiene bien claro que la prostitución ha existido siempre y seguirá existiendo hasta el fin de los tiempos, y perdón por la referencia a un concepto bíblico.
Suponemos, y creo con razón, que el cierre de la zona de tolerancia no fue un acto moralista, sino efectivamente de salud y seguridad, pues en su lugar hay ahora un bonito parque público, llamado de Los Fundadores.
Y no podía ser un acto moralista porque, me consta, de manera directa, que varios de los alcaldes de esa época eran verdaderos predadores sexuales, que daban cuenta de cuanta empleada municipal aceptara colaborar. Algunos tenían su propia casa de citas clandestinas, que era una casa en una colonia discreta para sus deleites privados, pues tenían el poder y el dinero para hacerlo. Revelar detalles sería meter en problemas a quienes hoy son ancianos venerables, o bien ya andan por ahí en el inframundo.
A manera solo de anécdota, en la antigua presidencia municipal, en el despacho del alcalde, había a un lado un discreto cubículo, donde se había colocado un diván, con todo y sus almohadas, por el cual desfilaron lo mismo señoras que señoritas, casadas y solteras, viudas y divorciadas.
Hubo un tiempo, un poco anterior, en que el tesorero municipal tenía una cuenta especial para comprar coches Volkswagen, ‘vochos’, que el alcalde le mandaba regalar a las mujeres que conseguía en su permanente casería sexual. No paraba un solo día, según él mismo ostentaba.

CABARETS, SALAS DE MASAJE, TABLE DANCE
Para 1991, cuando Carlos Román Cepeda cerró la zona de tolerancia, la prostitución más rentable ya había emigrado y, como el negocio que es, había cambiado sus formas de mercadeo, lo que le permitió mantenerse exitosamente.
En los años noventa comenzaron a tener auge los table dance, una modalidad copiada de los Estados Unidos. También proliferaron, como hongos, las salas de masaje y los moteles tuvieron un crecimiento espectacular, con nuevos establecimientos más grandes y más modernos.
Se dio entonces el auge de establecimientos como el Paulito’s Men’s Club, ubicado en la calle Victoria, que era un cabaret muy grande y de cierto lujo. El propietario, Luis Hernández Barba, no se sabe de dónde, pero conocía muy bien el negocio.
Me tocó entrevistarlo. Era un hombre moreno, más bien bajo de estatura, delgado, con una fisonomía muy ordinaria, podríamos decir que era más bien feo, pero con una personalidad de corte sacerdotal, así como lo escucha. Cuando uno hablaba con él no sabía si era el sacerdote de la parroquia de la colonia o el dueño de un negocio de venta de servicios sexuales; de fornicación, lujuria y ebriedad, por consecuencia de diversión.
Siempre amable, apacible, usaba un tono de voz bajo, meloso, como lo hacen los curas. Te decía hermano y cuando se dirigía a sus ‘muchachas’ les hablaba con un tono dulce. Ya para entonces era un hombre de edad y padecía diabetes mellitus avanzada.
Pero conocía muy bien su negocio. “Hermano, me decía, esto es como cualquier otro negocio: debe ofrecer buena mercancía (luego pedía disculpas por usar la palabra mercancía), yo escojo muy bien a las chicas y las trato bien, cuando se van incluso me regalan una foto para la galería del recuerdo, ahorita te la muestro. Cuidamos los precios, que sean accesibles y justos, cuidamos mucho el servicio, cuidamos las instalaciones, que sean también de calidad y cuidamos bien nuestras relaciones con las autoridades y con nuestros vecinos, y el negocio prospera hermano, pero yo ya me voy, la enfermedad me está pegando muy duro y estoy algo cansado”. Y se fue.
En una de las paredes del lugar existía efectivamente una galería del recuerdo, donde aparecían muy ordenadas las fotografías, en formato grande, de muchas de las trabajadoras sexuales que habían pasado por ahí. Todas eran jóvenes, todas por lo menos guapas; algunas alcanzaban la categoría de beldades. Al verlas uno se preguntaba ¿Cómo es que se dedicaron a esto? Luis Hernández decía que, al menos las que estaban en la galería, les gustaba su oficio, por eso le regalaban su foto al irse, para ser recordadas.
Y también era cierto lo de cuidar el vecindario. Luis Hernández era muy querido en el barrio, y muy obsequioso, sobre todo en las navidades, cuando hacia una especie de procesión con sus 40 sexo servidoras en ropa navideña, quienes regalaban pollos asados. Los vecinos babeaban al ver a las ‘muchachas’; las señoras recibían con gusto los pollos.
Así de integrado estaba socialmente el asunto de la prostitución, por lo menos con el Paulito’s.

LLEGO LA INSEGURIDAD
El caso del Paulito’s y de Luis Hernández es algo raro o poco común; el negocio de la prostitución suele ser muy tortuoso, con frecuencia todo un inframundo, o como decía Renato Leduc: “Esto de la prostitución, es algo muy regocijante para el que compra, pero muy, muy jodido para las que venden”.
En la primera década de este siglo los table dance, las casas de masaje, los moteles y otros sitios donde florecía el negocio de la prostitución, estaban bastante en paz y gozando de sus ganancias, solo tenían que pagar su cuota a ciertos funcionarios municipales, pero entonces les cayó encima la tragedia: llegaron ‘Los zetas’, la organización criminal más brutal que ha existido en la historia del narcotráfico y el crimen organizado en México.
Comenzó entonces el cobro de derecho de piso, las extorsiones, las masacres en centros nocturnos, bares y lugares de diversión. Muchos propietarios se asustaron y cerraron; otros no podían pagar las cuotas. Pronto varios de los negocios que sobrevivieron pasaron a las manos de los criminales, quienes sembraron el terror y apagaron la vida nocturna de las ciudades. Salir de noche o visitar antros se volvió algo muy peligroso.
Antes de la llegada de ‘Los Zetas’, los negocios de table dance se abastecían de sexo servidoras por medio de una red clandestina que operaba a nivel nacional, se desconoce exactamente de qué manera, pero las trabajadoras sexuales provenían de diversas ciudades del país, todas ellas jóvenes, de cuerpos estéticos y con cierta capacidad física para moverse en el tubo, pues la mayoría hacia acrobacias que no cualquier persona puede hacer.
Comenzaron a operar intereses mafiosos, a quienes no les interesaba la prostitución de bajo perfil, como la que siempre ha existido en los alrededores del Mercado Alianza y calles aledañas, que le da servicio a gente pobre y campesinos que acaban de levantar la cosecha.
Como es bien conocido, después de un periodo de terror, que se prolongó por alrededor de cinco años, ‘Los Zetas’ fueron abatidos y desterrados de Coahuila, en un exitoso operativo montado por el gobierno de Felipe Calderón y las agencias norteamericanas.
En el 2012, el entonces gobernador, Rubén Moreira, implementó, con la ayuda federal y las fuerzas militares, un modelo de seguridad bastante exitoso, que ha sido mejorado por los gobiernos subsiguientes.
El caso es que, para el asunto que nos ocupa, determinó el cierre de todos los casinos que operaban en Coahuila y de los table dance, lo que terminó por barrer buena parte del negocio de la prostitución para gente con capacidad de consumo alta a media. Todos los negocios del tubo desaparecieron. Era bastante cierto que ambos giros estaban coludidos con el lavado de dinero del narcotráfico, o directamente en manos del crimen organizado, como hasta la fecha.
PROSTITUCIÓN Y GOBIERNOS
Los gobiernos municipales, sin excepción, nunca han sabido que hacer con el asunto de la prostitución: sus políticas al respecto son contradictorias, con frecuencia ilegales y sin ningún plan que trascienda de un gobierno al otro. Se le considera como un asunto incómodo y secundario, de donde sacan bastante provecho los inspectores de la Dirección de Inspección y Verificación Municipal, históricamente una de las dependencias gubernamentales más corruptas.
Podemos traer a referencia algunos de los pocos datos oficiales que hay sobre la prostitución en Torreón.
En 2018, durante una comparecencia ante la Comisión de Salud del Ayuntamiento de Torreón, el entonces encargado de la Dirección de Salud Pública, Manuel Acuña Cepeda, afirmó que tenían un censo de 2 mil 524 trabajadoras sexuales en el municipio, de las cuales solo estaban bajo un chequeo sanitario 313, el resto no acudía porque no es obligatorio.
Admitió ahí que la capacidad de la dependencia era limitada y se hacía lo que se podía, con los pocos recursos disponibles, además de advertir que la oferta de servicios sexuales era cada vez más frecuente en las redes sociales, lo que estaba totalmente fuera de control.
Hoy, el asunto de la prostitución sigue en la ambigüedad: por una parte, las casas de citas están oficialmente prohibidas. Si encuentran por ahí una clandestina, supuestamente la clausuran e imponen multas, que pueden ser muy altas.
En teoría, todas las sexoservidoras deben de portar su tarjetón de Salud Municipal para ejercer su oficio, pero de aquel censo de 2 mil 524, que obviamente estaba muy incompleto, solo tenían su tarjetón 313, lo que abre toda un área de oportunidades (así se dice ahora) a los inspectores de la Dirección de Inspección y Verificación para extorsionar.
Como la prostitución existió, existe y existirá, los gobiernos deberían de saber como manejarla, partiendo, en principio, de que es una actividad legal, protegida por las leyes, pero, dada su naturaleza, debe estar supervisada para erradicar la explotación, la trata, el que la ejerzan menores de edad y, muy importante, que se dé en condiciones sanitarias, para evitar la transmisión de enfermedades por medio del sexo, lo que es de interés no solo para las propias trabajadoras sexuales sino para toda la población, pues nunca se sabe dónde puede andar refocilándose el marido, el novio y el amigo.
En lugar de dejarla solo a la rapiña de los inspectores de la Dirección de Inspección y Verificación, debería tener un tratamiento más integral, como encargar su cuidado a algún organismo dedicado al cuidado de la mujer, y darle muchos más recursos a Salud Municipal, para que pueda tener un departamento especial orientado al cuidado de la salud y la integridad de las trabajadoras sexuales.
No esta fácil, por supuesto que no está fácil, pero es posible darle a la prostitución un manejo mucho más legal, abierto y eficaz, dejando a un lado la estigmatización moral y la hipocresía social, pues de no hacerlo seguirá la trata, la explotación, el uso de menores, la promiscuidad, los problemas de salud, y el manejo oscuro de algo que existe, pero se maneja como si supuestamente no existiera.
Recuperados de la pandemia, se estima, aproximadamente, que en la zona conurbada de La Laguna trabajan al menos 3 mil sexoservidoras, y si trabajan es porque hay una clientela.



