Por: Álvaro González
Con un solo mando, con una estructura aceitada y desde una posición de poder, el PRI se ha mantenido como la fuerza dominante en Coahuila, ahora inclusive más a raíz de la elección del pasado 7 de junio de 2026, donde han perdido su registro el PAN, MC y el PVEM.
El PRI ha vencido al partido oficial Morena en la elección del 7 de junio, donde se eligieron los diputados locales, pero con una proporción enorme de 2 a 1, lo que ha provocado una fuerte frustración entre el morenismo, que tiene dificultades para encontrar una explicación objetiva del por qué de su fracaso en Coahuila, recurriendo al lugar común de que este estado norteño es el último dinosaurio, que se resiste a morir, lo que se aleja completamente de la realidad que se vive en la entidad.
Pensar en el último dinosaurio no explica nada. La permanencia del priismo en Coahuila se debe a otra serie de circunstancias y factores, los cuales incluyen lo que ocurre al interior del propio partido oficial Morena.
Un primer factor importante es el calendario político-electoral de Coahuila. En el estado se elige gobernador un año antes que la elección presidencial, como sucedió en 2017, que es electo Miguel Riquelme Solís, y, en 2018, Andrés Manuel López Obrador.

La elección presidencial no arrastra a la elección de la gubernatura, y el gobernador electo tiene casi todo el sexenio presidencial para preparar la elección en su estado, con el añadido de que Miguel Riquelme Solís tiene como especialidad la operación electoral, pues toda la primera parte de su carrera se desempeña en ese oficio.
Un siguiente factor es que Coahuila tiene un modelo de seguridad pública muy competente, que se fincó en la eliminación de la presencia de los grandes cárteles del crimen organizado, en particular el más sanguinario de ellos: los Zetas.
Este modelo fue desarrollado a partir de 2011 y ha venido reforzándose y actualizándose, algo que no sucede en la mayoría de los estados del país. Coahuila tiene los mejores índices de seguridad para un estado norteño y fronterizo, pero también a nivel nacional, algo que se ha vuelto muy valioso para sus habitantes, tanto en la convivencia social como en el medio empresarial y de negocios.
Inicialmente este factor no pesaba tanto, pero a medida que transcurrió el gobierno de AMLO comenzó a pesar cada vez más.
Cuando se da el vendaval electoral de 2021, en el cual Morena arrasa, el gobernador de Coahuila ya había tenido tiempo de fortalecer al PRI como partido, afinando la capacidad de operación, por lo que el partido oficial no puede ganar en las elecciones municipales y en la de legisladores también locales, lo que le permite retener todo el control político del estado.
En 2023 se da la sucesión de la gubernatura, pero en Coahuila el partido oficial, al no poder llegar de manera rápida a posiciones de poder, muestra todas las inconsistencias y las contradicciones que le caracterizan, lo que le impide ser competitivo en la elección por la gubernatura, que le gana el PRI con comodidad, lo que acentuaría las divisiones internas de Morena.

Incapaz de una autocrítica, Morena en Coahuila sigue siendo un conglomerado incoherente de políticos y tribus, formadas a partir de disidentes panistas, priistas y algunos que quedaron por ahí de los partidos de la izquierda premorenista. La incapacidad para acceder a posiciones de poder no les permite fortalecerse, lo que crea un círculo vicioso, donde cada camarilla opera por su cuenta y propicia enfrentamientos internos.
Con un solo mando, con una estructura aceitada y desde una posición de poder, el PRI se ha mantenido como la fuerza dominante en Coahuila, ahora inclusive más a raíz de la elección del pasado 7 de junio de 2026, donde han perdido su registro el PAN, MC y el PVEM.
La diferencia fundamental entre Coahuila y otros estados que tradicionalmente habían sido priistas, es que los gobiernos de Coahuila no cedieron el partido a Morena, o más bien a AMLO, sino que hicieron lo contrario: desde el poder reforzaron al partido y han frenado, exitosamente, cualquier posible avance importante de Morena, que tiene todos los enormes recursos federales a su favor, pero es un desorden internamente como partido.
El otro factor es que tanto el gobierno de Miguel Riquelme Solís como el de Manolo Jiménez han resultado eficientes, lo que es valorado por los coahuilenses, pero tampoco han dado escándalos o facilidades al aparato del gobierno federal para sujetarlos a un desgaste mediático.
El actual gobernador, Manolo Jiménez, de acuerdo a las últimas mediciones, se encuentra entre los 5 mejor evaluados del país, con una aprobación promedio del 63%.
Políticamente es muy difícil competir contra gobernadores que tienen altos índices de aprobación ciudadana, pero además tienen una alta aplicación en el mantenimiento de la estructura política y partidista que los soporta, lo que no hicieron la mayoría de los gobernadores priistas que perdieron en las elecciones de 2021, y los que pueden perder en las elecciones de 2027.
Aunque Alejandro Moreno, “Alito”, el impresentable dirigente nacional del PRI, se toma prestado el éxito del PRI en Coahuila, lo único que ha aportado de beneficio político es mantenerse al margen. Su estilo atorrante de macho alfa y el manejo rupestre de su discurso no parecen gustarle a nadie, por lo menos a nadie que tenga una noción básica del oficio político.
Coahuila es un fenómeno aislado, que se explica por sí mismo, no por lo que le ha ocurrido al priismo a nivel nacional.
El estado, que es uno de los cinco más industrializados del país, tiene el primer lugar en empleo formal, una economía moderna, orientada en gran parte hacia la exportación y una concentración poblacional baja, para el tamaño de su territorio, pero una aportación del 3.7 al PIB nacional (dato al cierre de 2024).
De acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, el 65.8% de la población ocupada en el estado se encuentra en la economía formal, pero además lidera en prestaciones laborales, pues el 86.7% de sus trabajadores recibe beneficios adicionales a su salario.
Esto influye mucho en que los programas del bienestar que otorga el gobierno federal, que son la principal base clientelar de Morena, tengan mucho menos peso que en otros estados del país, donde la informalidad y la precariedad económica es mucho más alta.
Aunque los operadores electorales de Morena usaron, abiertamente, los programas del bienestar para promover las campañas electorales, no obtuvieron la penetración que esperaban, inclusive se podría afirmar que tuvieron una penetración baja.
En términos generales, la dirigencia nacional de Morena ha realizado un trabajo deficiente en Coahuila. Después de la experiencia de 2023, cuando se volvieron evidentes todas sus deficiencias partidistas, debieron de tomar medidas, para imponer orden en su estructura, pero lejos de ello le abrieron aún más la puerta al arribismo de políticos renegados del PRI, debilitando aún más su dirigencia estatal y ahondando el divisionismo interno.
Las consecuencias se han reflejado en las elecciones de este 7 de junio, con una derrota aplastante en los 16 distritos locales que componen el estado, lo que deja al PRI todavía mejor posicionado electoralmente.



