¿Cómo entender a Donald Trump?

¿Cómo entender a Donald Trump?

Después de su primer periodo, en el cual fue mucho más conservador y moderado, el Donald Trump del segundo periodo se muestra radical, con un impulso vertiginoso por desplegar la agenda que pretende, en los cuatro años de su mandato

Donald Trump pudiera parecer un fenómeno de excepción; un sociópata enfermo de megalomanía que alcanzó la presidencia de la nación más poderosa de la tierra, que es además la democracia occidental más grande, pero el tiempo transcurrido muestra que, detrás del salvaje estilo de gobernar, Trump es el resultado de ciertas tendencias políticas norteamericanas; de poderosos intereses económicos y de una ideología que, aunque expresada muchas veces de manera burda, no deja de tener líneas bien definidas.

La sociedad norteamericana se ha venido dividiendo en dos corrientes: una liberal, con ciertas influencias de izquierda, y la otra derechista, que ha absorbido a casi todos los sectores ultraderechistas.

Después de su primer periodo, en el cual fue mucho más conservador y moderado, el Donald Trump del segundo periodo se muestra radical, con un impulso vertiginoso por desplegar la agenda que pretende, en los cuatro años de su mandato.

Esa agenda está compuesta de la lucha por la supremacía blanca, frente a la pluralidad racial, en la medida en que las migraciones masivas han atraído ciudadanos que no son blancos, que no son anglosajones y que no son de etnias europeas también blancas, pero ya son poblacionalmente muy representativas.

Este racismo disfrazado se escuda en el control de la migración ilegal y en la persecución de gente pobre y, en su mayoría, de piel oscura, por más que se trata de disimular.

Al cerrar la frontera con México le están cerrando la frontera a todo el sur. 

La resurrección de la aberrante Política  Monroe, expresa la otra corriente que pretende resucitar la supremacía del imperio, en un mundo que se ha globalizado y donde los capitales, los flujos de mercado y la tecnología fluyen de forma abierta, algo que se pretende revertir, o por lo menos contener, tratando de concentrar nuevamente los capitales y el poder imperial en lo que llaman “el hemisferio occidental”, hasta llegar al extremismo de las políticas del siglo XIX de tratar de anexar territorios a la Unión Americana y, por supuesto, la intención de que América sea para los norteamericanos.

Detrás de esto están los grandes capitales que financiaron la segunda campaña de Trump, y tienen prisa de que sus intereses se concreten en el periodo de cuatro años. 

La invasión de Venezuela muestra, de manera descarnada, que está movida por los intereses petroleros. No les importa en absoluto el régimen chavista, al cual han dejado intacto, sino el saqueo de las reservas petroleras. Y lo dicen abiertamente.

Lo mismo ocurre con el lobby judío, que tiene un enorme poder en los EEUU, cuando un presidente pacta con ellos, lo que explica el genocidio de Gaza, la guerra contra Irán y el ataque a Líbano. Israel tiene una agenda de guerra contra las naciones islámicas y árabes que se le oponen y quiere consumarlo, al costo que sea, lo que ha sido decididamente apoyado por Trump, pero se han encontrado con el problema petrolero y energético, que es de interés mundial y supera al lobby judío, lo que les tiene en un problema con Irán, que les ha encontrado el tendón de Aquiles.

En resumen, aunque Donald Trump tenga un estilo de gobernar salvaje, atiende a intereses mucho más concretos, específicos, pero es muy probable que la aparición de un personaje como Donald Trump sea tardía, insuficiente para cambiar muchas de las tendencias de la política, la economía, la cultura y la sociedad internacional. China es el ejemplo más concreto; es claro que desean parar al gigante asiático, pero eso ya no ha sido posible.

Comentarios de Facebook
Facebook
Twitter
LinkedIn

Te podría interesar: