Las campañas electorales se hacen con dinero; mucho o poco; sucio o limpio

Las campañas electorales se hacen con dinero; mucho o poco; sucio o limpio

Por: Álvaro González

¿Y dónde está el Instituto Estatal Electoral de Coahuila? En teoría hay tiempos para hacer campaña y hay un tope de gasto que debe ser fiscalizado, lo que evidentemente no se está haciendo.

¿Ha escuchado la frase de que nada hay nuevo bajo el sol? Seguro que sí, pero lo que tal vez no imagine es hasta qué grado la frase es una verdad monumental.

Hagamos una comparación desproporcionada entre la democracia más vieja del mundo, después de la de Grecia: Roma, y nuestras pueblerinas campañas a diputados locales en Coahuila, cuya elección se realizará el próximo 7 de junio.

Cayo Julio César, era un genio de la política, además, por supuesto, de un genio militar, también era patricio, es decir de familia noble, del clan de los Cayo, pero era pobre, debido a que fue casualmente sobrino de Cayo Mario, un gran personaje de Roma, pero enemigo del dictador Sila, quien se ensañó con los Cayo y los despojó de bienes, de posiciones políticas. A tal grado era el encono del siniestro Sila que tiró las cenizas del tío Mario al río Tíber para, según él, borrarlo de la historia.

Después de un destierro, por defender como abogado cosas justas, Julio Cesar regresó a Roma y se dispuso a iniciar su carrera política, buscando el cargo de senador, pero, aunque le sobraba el talento, dinero no tenía, por lo que recurrió a Craso, que era el hombre más rico de Roma y bajo quien había servido en la guerra contra el legendario Espartaco.

Craso, quien tenía buen ojo para escoger a quien deseaba convertir en un aliado político, le prestó una gran cantidad de dinero, millones de los de hoy, pues resulta que las campañas electorales para llegar al senado consistían en dar banquetes, regalos, agasajos, favores, festejos y demás cosas para influir en el voto de las 35 tribus de Roma, que conformaban lo que hoy llamamos el censo electoral, que escogía únicamente a 20 quaestores, un cargo que daba acceso al senado, el órgano máximo del poder en Roma.

Los quaestores se vestían con una túnica de un blanco impoluto, llamada toga cándida, de donde proviene precisamente el nombre de candidato, que ahora le damos a quienes andan en busca de un cargo público.

El caso es que él no tenía dinero y no podía hacer una campaña electoral para llegar al senado.

Julio Cesar lo consiguió de Craso, pero en Roma nada se hacía por caridad. Craso financió a Julio Cesar porque le parecía talentoso, pero este quedaba políticamente a su servicio; se debía a los intereses de su benefactor, de lo contrario era considerado traidor y la cuenta se le cobraba, y con salvajes intereses.

Ya como senador, Julio Cesar decidió dar otro paso adelante y negoció ser cónsul de Roma (había dos cónsules en cada periodo), pero, para desconcierto de todos, también pidió ser curator de la Vía Apia, que era la calzada más importante de acceso a Roma, la más transitada y como consecuencia la que en peor estado se encontraba entre las vías del imperio.

Y aquí aparece el genio político de Julio Cesar. Como la vez anterior, le tuvo que pedir una millonada aún mayor a Craso, quien se resistía a soltar prestado tanto dinero, pero el ingenio de Julio Cesar se impuso nuevamente y se salió con la suya.

En esta ocasión se trataba de ser edil, quien era quien se encargaba de resolver todos los problemas de funcionamiento de los servicios de aquella caótica ciudad, como el alcantarillado, el agua, los mercados, el estado de las calles y callejones, que eran la mayoría, y de las calzadas, pero en estas, ni en la Vía Apia había quien quisiera gastar; los ediles eran chambones, zánganos o corruptos, o bien ineptos.

Julio Cesar sabía que el pueblo estaba harto de eso, pues inclusive su familia, siendo patricia, seguía viviendo en una casa deteriorada del barrio más pobre de Roma, la Subura, así que puso manos a la obra y reconstruyó la Vía Apia, dejándola mejor que cuando nueva, mejoró el alcantarillado, el estado de las calles, el agua que hacía falta, organizó eventos culturales, exposiciones, obras de teatro y los mejores eventos de gladiadores en muchos años.

Para la mayoría de los políticos era un loco desorbitado, que se estaba gastando un capital, que además no era suyo y lo debía, pero él sabía que el pueblo apreciaba todo eso e iniciaba así su carrera política: haciendo obras y eventos de provecho, mostrando eficiencia y sentido social.

Mostró que un cargo público es para provecho del pueblo, no solo para el beneficio propio, lo que luego llevaría a otros niveles.

LAS CAMPAÑAS DE DIPUTADOS

Pasemos a otra realidad prosaica: las campañas electorales a diputados locales para conformar el Congreso de Coahuila.

Solo a manera de ejemplo, podemos tomar una de las campañas del partido oficial: Morena, quien dice hacer una política distinta, para el pueblo y por el pueblo. Veamos si es cierto.

Para el Distrito 10 está como candidata Pily de Aguinaga, esposa de Shamir Fernández, quien compite por segunda vez, pues hace tres años perdió la elección, por un margen en contra bastante penoso.

De acuerdo a fuentes confiables del mismo partido de Morena, que están molestas con el asunto, en esta ocasión Shamir Fernández, quien lleva la campaña de su esposa y parece ser un hombre de obsesiones, ha decidido gastar todo el dinero que sea necesario para colocarla en el Congreso Estatal.

Desde marzo, aseguran gentes bien informadas de Morena, Shamir Fernández se está gastando un promedio de millón y medio de pesos por semana, para pagar los sueldos de las lideresas que mueve “su” estructura territorial en las colonias, y en las cuales está depositada la promoción y el control de los votos.

Se gasta en regalar despensas, en repartir huevo y leche en los hogares, en saturar las redes sociales, en publicidad diversa, en regalos de todo tipo, incluidas rifas de aparatos electrodomésticos como televisores, lavadoras, refrigeradores, en mantas, pintas de bardas, lonas publicitarias, calcomanías y muchas cosas más.

A ese ritmo de millón y medio de pesos semanales ¿Cuántos millones de pesos habrá gastado Shamir Fernández y su esposa en los meses de marzo, abril y mayo? La pareja tiene una posición económica desahogada, pero está muy distante de ser millonaria, así que ¿Quién está financiando realmente esa campaña electoral? ¿Quién está dispuesto a soltar esa cantidad de dinero y a cambio de qué beneficios? 

Las preguntas se suceden unas tras otras. En Morena no saben de dónde sale exactamente todo ese dinero, lo que es muy inquietante, más tomando en cuenta que habrá que pagar de alguna manera, pues inclusive hay la inminente posibilidad de que pierda la elección y estos tendrán un serio problema encima.

Ya es penoso que se estén brincando las buenas intenciones de la presidenta de la república, Claudia Sheinbaum, quien le ha pedido a su partido que acote el nepotismo, lo que no parece interesarles a los propios políticos que ahora son de Morena, aunque toda su carrera la hayan desarrollado en el PRI.

¿Para el pueblo qué beneficios tendrá el que Pily de Aguinaga llegue al Congreso del Estado, o más específicamente qué beneficios tendrá para el Distrito 10? En términos objetivos casi ninguno, como no sea apuntalar otra campaña electoral en 2027: la de Shamir Fernández en busca de la presidencia municipal, algo que depende de muchos factores que no está en sus manos resolver.

¿Y dónde está el Instituto Estatal Electoral de Coahuila? En teoría hay tiempos para hacer campaña y hay un tope de gasto que debe ser fiscalizado, lo que evidentemente no se está haciendo.

Es de lo más penoso ver este tipo de campañas electorales que se realizan en las colonias de la ciudad, las que fomentan abiertamente la cultura de la corrupción. En Roma, hace casi dos mil años, la política terminó devastada por la corrupción y nosotros no estamos muy lejos de eso.   

Comentarios de Facebook
Facebook
Twitter
LinkedIn

Te podría interesar: