EDITORIAL FEBRERO DE 2025
La historia es un costal de imprevistos; la capacidad de asombro jamás se agota y, en el momento menos pensado, se dan sucesos que alteran su curso, en medio de los cuales juegan un papel central pequeños grupos de poner, que conviertan a las sociedades es víctimas de sus ambiciones, de sus manías, de sus credos doctrinales y hasta de sus locuras.
Hace 10 años era impensable que en este 2025 se encontrarían, frente a frente, una presidenta autócrata de México, de corte izquierdista, y un presidente autócrata de extrema derecha de parte de los Estados Unidos.
El problema es que el autócrata norteamericano es el gobernante más poderoso del mundo, mientras que la gobernante mexicana ocupa una posición de poder mucho más modesta.
Difieren completamente en lo ideológico, pero no en su concepción del poder. Claudia Sheinbaum tiene todo el poder y quiere aún más; es la presidenta tutelada de un caudillo que ha socavado la democracia, con un discurso populista y demagógico; exactamente lo mismo que ha hecho Donald Trump con la sociedad norteamericana.
Han removido nacionalismo trasnochados, odios ancestrales y han manipulado las banderas patríoticas. Uno quería quitarle su nombre el Mar de Cortés, por considerarlo “colonialista”; el otro le ha llamado Golfo de América al Golfo de México arguyendo el nacionalismo, pero con propósitos de expansión y explotación petrolera.
Los dos tienen como clientelas principales a la parte menos educada, pobre y tradicional de sus sociedades, aunque esto de tradicional lo nieguen y lo manipulen.
Y ahí están enfrentados, solo que la desproporción de poder es enorme y México puede sufrir muchos daños, a manos de un sátrapa que ha llegado al poder por medio del populismo y quiere satisfacer a sus clientelas, pero al mismo tiempo alimentar a una oligarquía de adinerados y poderosos que le rodean.
Oscuros tiempos los que corren; oscuros y peligrosos.



