Morena ha comenzado a desgastarse muy pronto

Morena ha comenzado a desgastarse muy pronto

Por: Rodrigo Tejeda

Con siete años en el poder, lo que se antoja un periodo corto, Morena o la 4T están teniendo signos de un desgaste muy temprano, que se puede ir ahondando a medida que transcurra el sexenio de Claudia Sheinbaum Pardo.

El ejercicio del poder político desgasta, en ocasiones de manera más lenta, pero en otras de forma acelerada. Morena llegó muy pronto al poder, con apenas un sexenio de gestación como formación política. No es una estructura forjada lentamente y con una estructura fuerte, sino un movimiento casi repentino que llegó al poder acaudillado por un líder, quien hizo alianzas, relaciones y pactos con gente de todo tipo de ideología, reputación, trayectoria e intenciones, lo que creo una mezcolanza increíble, que se sometió al caudillo durante el primer gobierno, pero el caudillo ya no está en la silla presidencial.

Con siete años en el poder, lo que se antoja un periodo corto, Morena o la 4T están teniendo signos de un desgaste muy temprano, que se puede ir ahondando a medida que transcurra el sexenio de Claudia Sheinbaum Pardo.

Ya sea que se quiera aceptar o no, en este año de 2025 se ha evidenciado la corrupción a gran escala entre figuras importantes del movimiento. También se evidencian grietas, que anuncian una muy posible división. 

Bajo el mando de Luisa Alcalde, una mujer muy joven y poco experimentada, Morena no ha podido fortalecerse como estructura, en parte porque el caudillo ha caído en la tentación del nepotismo, colocando a Andrés Manuel López Beltrán en la Secretaría de organización, quien se ha mostrado como un dirigente político muy limitado, quien no tiene la presencia, el carisma y la capacidad de liderazgo que se esperarían, aunado a un estilo intolerante y poco eficaz. Lejos de sumarle al partido le está restando.

Los programas del bienestar, que tuvieron un inicio sumamente exitoso y son la base que soporta la clientela electoral de Morena, parecen estar entrando en una etapa muy singular, donde pueden perder gran parte de su eficacia política.

En el inicio los beneficiarios de este gigantesco reparto de dinero se mostraban eufóricos, agradecidos y estaban más que dispuestos a corresponder en las urnas, pero la dádiva tiene una dinámica muy especial en la mente de las personas.

Si a una persona se le entrega una dádiva, al principio se muestra muy agradecida, pero al paso del tiempo el entusiasmo y el agradecimiento hacia el benefactor van disminuyendo; el beneficiario comienza a creer que es una obligación la entrega de la dádiva, e inclusive piensa que debería de recibir más, porque inicialmente le hicieron incrementos hasta de un 25% y ahora los incrementos son de apenas un poco más del 3%.

Esto sucede con las dádivas que entregan los diferentes partidos políticos, que es una práctica sumamente vieja en México.

Al final el beneficiario de la dádiva termina pensando que es una obligación del gobierno el que se la entreguen, que es algo suyo, más cuando le han vendido la idea de que es un derecho.

Esto le quita eficacia político-electoral a los programas del bienestar, tanto en elecciones federales como estatales y municipales. La elección del pasado primero de junio, para tomar el control del poder judicial, fue, desde el punto de vista que se le quiera ver, un enorme fracaso electoral de Morena, solo la apatía, la ignorancia y la ineptitud de la oposición explican que se haya dado por válida una elección con tan solo el 10% efectivo del padrón electoral.

DEMASIADAS EXPECTATIVAS

Uno de los aspectos que más contribuye al desgaste es que Morena o la 4T levantaron enormes expectativas de cambio, donde se prometió cambiar el sistema político del país, principalmente la corrupción, una subcultura arraigadísima en la historia política de México.

Todo sería nuevo y diferente, y eso no ha sucedido, con el añadido de que desde el caudillo hasta el último de los presidentes municipales que llegaron al poder a través de Morena, tienen una nula capacidad de autocrítica.

Pongamos un ejemplo: AMLO prometió, entre muchísimas otras cosas, solucionar el caso de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa y por supuesto que no cumplió, porque para resolver el caso hay que tocar al ejército, algo que no estaba dispuesto hacer, mucho menos inclusive que Enrique Peña Nieto, así que el caso no tendrá solución, y esa es la cruda realidad, lo que naturalmente ha decepcionado.

Pongamos el ejemplo más crítico: AMLO prometió resolver el gravísimo problema de la inseguridad pública y, lejos de hacerlo, la inseguridad en el país empeoró y hoy tenemos regiones enteras bajo el control de las organizaciones y cárteles del crimen organizado. Hay más narco gobiernos que en los sexenios anteriores a la 4T, y eso la gente lo sabe y lo vive.

Hay gobernadores, como Rubén Rocha Moya, de Sinaloa, que tiene un repudio masivo en su estado. Lo más prudente es que hace tiempo hubiera renunciado al cargo y designar a un sustituto, pero un serio problema de Morena y su caudillo, es que tienen una incapacidad pasmosa para aceptar sus errores y hacer correcciones, lo que tiene un gran costo político, y no hacen correcciones porque consideran que son la encarnación de la verdad y el progresismo político. Una corrección es una concesión a sus “enemigos conservadores”, lo que es una dinámica totalmente insana.

Si se revisa la historia política de México en el siglo XX y se busca una explicación del por qué el PRI duró en el poder tanto tiempo, una de las causas que se encuentran es que el poder era sexenal. Un presidente en su periodo era absoluto, pero entregado el poder se iba al retiro, sin pretexto alguno. Esto hacía que cada sexenio se moviera la estructura política y accedieran al poder los políticos que habían estado en espera. Para llegar había que esperar, pero siempre se abría u na ventana de posibilidades de ascenso. Morena no lo está haciendo, cambió el sexenio y siguieron los mismos.

La historia política de Coahuila puede demostrar que, en el periodo priista del siglo XX, cuando un gobernador fallaba o cometía ciertos errores graves se le quitaba del cargo o al menos se le acotaba.

Hoy, no importa el error que se cometa ningún funcionario ni gobernante es removido del cargo o castigado. Jorge Díaz Serrano, uno de los más competentes directores que ha tenido Pemex, fue metido a la cárcel en el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado, acusado de corrupción. Octavio Romero Oropeza, uno de los más incompetentes directores que ha tenido Pemex en toda su historia, fue premiado en este sexenio con la dirección del Infonavit, otra institución de la que no sabe nada.

Como muchos funcionarios federales, los gobiernos estatales y municipales dirigidos por morenistas, una gran parte no han hecho la diferencia, y algunos lo han hecho de una manera desastrosa, como el caso de Cuauhtémoc Blanco en Morelos, pero lejos de ser castigados son protegidos con una diputación federal.

Ya sea que se reconozca o no, todo esto cuenta al nivel del ciudadano común y se traduce en un desgaste de la imagen de la 4T. La credibilidad se va desgastando gradualmente.

Claudia Sheinbaum está haciendo un gran esfuerzo, el mejor que puede, para desempeñar el cargo presidencial, pero tiene acumulados más problemas de los que puede resolver, entre ellos nada menos que la economía, pero además su estilo personal de gobernar no emociona, y toda la clientela del morenismo estaba hecha al estilo tan particular del caudillo, del cual ella pone todo el entusiasmo de ser una copia, hasta en el vocabulario y el discurso, pero es imposible que lo logre.

Es muy difícil visionar los años que le restan a este segundo gobierno de la 4T, pero al cierre de este año de 2025 se puede percibir que hay desgaste, inclusive algo de cansancio, y el próximo año de 2026 presenta un escenario que no se antoja nada fácil, inclusive tiene posibles escenarios de alto riesgo muy amenazantes y mucha, mucha incertidumbre.

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