Por: Rodrigo Tejeda
El torreonense se presenta como un tigre, pero realmente es un animal político muy tóxico, que está despedido del partido en el poder, que ha perdido su principal fuente de financiamiento y, por si fuera poco, ha muerto su padrino político, por lo que ha perdido las garras y dientes que pudo haber ostentado en 2023
El ingenio del conocido caricaturista Armando Monsiváis, conocido como “Monsi”, bautizó a Ricardo Mejía Berdeja, como el ‘bebesaurio’, y lo dibujó como un animalito tierno que, pese a ser tan joven, pensaba, decía y actuaba como un viejo dinosaurio del PRI, que aspiraba a crecer y ser como sus mayores en el oficio.
Era 1994 y Ricardo Mejía Berdeja tenía apenas 26 años de edad, pero era una de las grandes promesas del PRI en Coahuila, pues además de diputado local se convirtió en dirigente estatal de la CNOP, el sector más importante de este partido, por encima de la CTM y de la CNC.
Era un muchacho feliz, con una bonita familia. La vida parecía sonreírle en todos los aspectos, y eso lo reflejaba en su trato personal, siempre amable y sonriente. Alto, delgado, con un rostro algo singular y un habla atípica, probablemente por algún problema con el frenillo que llevamos debajo de la lengua, pero cuando hablaba en público el problema se le notaba mucho menos.
Esa felicidad al parecer tuvo su primer tropiezo en 1997, porque los registros indican que se salió del PRI, cosa completamente inusual, porque aparece como miembro del PRD. Algo pasó, aunque en los archivos periodísticos no se encuentra reflejado, pero resulta el inicio de lo que vendría después en su carrera política.
En 1999, cuando inicia la precampaña de Enrique Martínez y Martínez por la gubernatura del estado, recluta como su principal operador en La Laguna a Raúl Sifuentes Guerrero, un empresario entre mediano y modesto, que había incursionado infelizmente en la política como candidato a diputado local por el PRI en San Pedro, perdiendo la elección, cuando eso era algo muy inusual, pero siguió por ahí haciendo el intento y se pasó al área de seguridad pública, donde fue funcionario del gobierno del estado para la región lagunera.
Para la campaña de Enrique Martínez y Martínez, Raúl Sifuentes reclutó a un grupo de políticos jóvenes de la región, que más tarde se denominaría como ‘La Burbuja’, porque al parecer era una camarilla bastante cerrada, que se dedicaría principalmente a la operación política. Entre ellos iba Ricardo Sostenes Mejía Berdeja, que regresaba así a la política oficial.

Raúl Sifuentes Guerrero fue nombrado Secretario General de Gobierno, y este a su vez nombró a Ricardo Mejía como Coordinador de Análisis y Prospectiva, un nombre bastante raro para una oficina que se dedicaba, principalmente, a la operación política, al trabajo político sucio y a la intriga.
Raúl Sifuentes era una persona muy amable, muy educada, pero el brinco tan repentino que dio al poder le sentó mal, al menos como persona, pues se volvió arrogante y pretencioso, lo que le metería en serios problemas en el 2005.
En ese año vino la sucesión por la gubernatura y Enrique Martínez y Martínez cometería, muy probablemente sin querer, el más grande error de su carrera política, al hacer candidato a Humberto Moreira Valdés.
Raúl Sifuentes no lo aceptó y, rompiendo las reglas no escritas de la política, se puso en rebeldía y organizó una protesta en su favor llamada la ‘ola verde’. El grupo de ‘La Burbuja’, entre los que estaba por cierto Miguel Riquelme Solís, tuvieron que verse en la penosa necesidad de optar por su jefe inmediato o por el candidato oficial. Todos, menos Ricardo Mejía Berdeja, optaron por irse con Humberto Moreira.
Y ahí comenzó toda una desgracia tanto para Raúl Sifuentes como para Ricardo Mejía, que, siguiendo sus tareas habituales, se dedicó a realizar el trabajo sucio de ‘la ola verde’, lo que le saldría bastante caro.
Ya electo gobernador Humberto Moreira, Ricardo Mejía se acercó para pedir disculpas y, de paso, pedir que lo consideraran en el nuevo gobierno, pero debió de hacer bastantes daños, porque Humberto Moreira, quien era de lo más relajado, indicó que a todos los demás sí, pero a Ricardo Mejía no.
Ricardo Mejía, quien diez años atrás era una joven promesa del PRI, se encontró en la completa desgracia. No tenía suficiente dinero, estaba fuera de la política en Coahuila y, de paso, perdió a su familia. No le quedaba otra opción más que el destierro voluntario, y se fue a peregrinar políticamente a la ciudad de México, como miembro del PRD.
El que se fue era ya un hombre de 38 años, resentido, amargado, y con la idea de que la lealtad paga bastante mal, por lo menos en su experiencia, al ser arrastrado por la ambición y el ego desmesurado de Raúl Sifuentes Guerrero, quien se quedó en Coahuila, pero fue expulsado de la política, pero como tenía su situación económica resuelta paso menos penurias.
Mejía Berdeja fue un alma en pena en el PRD, por lo que terminó en el Movimiento Ciudadano, donde volvió a encontrar padrino, pues ya para entonces se había radicado en Acapulco, Guerrero, y, públicamente, se declaraba ‘guerrerense por adopción’. La vida parecía darle una segunda oportunidad, y así se la tomó. Coahuila quedó atrás, y solo venía de vez en cuando de visita a Torreón.

Llega a Movimiento Ciudadano en 2011 y para 2012 se hace diputado federal por ese partido, por medio de la representación proporcional. Terminando se convierte en diputado local, también por Guerrero, del 2015 al 2018.
La segunda oportunidad de Ricardo Mejía le llegó cuando fue apadrinado por Luis Walton Aburto, político guerrerense, fundador del partido Convergencia, que se convierte en Movimiento Ciudadano, del que fue dirigente nacional entre el 2011 y el 2012, sucediéndole Dante Delgado.
A diferencia de lo que le pasó con Raúl Sifuentes en Coahuila, Ricardo Mejía sigue a su jefe político en Guerrero, Luis Walton, y ambos se unen a la campaña de Andrés Manuel López Obrador en 2018, con lo cual da un cuarto salto de partido y se consuma como un político oportunista, que hacía mucho tiempo que había dejado atrás las lealtades y los ideales juveniles. En campaña cumplió los 50 años de edad. Ya era un señor con una barriga grande y un rostro algo mofletudo.
Dos años antes, en 2016, se había casado por segunda vez con una muchacha guerrerense, de oficio influencer. La boda religiosa se llevó a cabo en Santorini, una isla de Grecia ubicada en el mar Egeo, lo que indica que para entonces ya andaba algo holgado de dinero.
Todo parecía sonreírle de nuevo en la vida, solo que el resentimiento, y su padre el rencor, son dos bestias negras dificilísimas de erradicar una vez que se posesionan de un espíritu, al que suelen acompañar hasta la muerte. Por el destierro de Coahuila Ricardo Mejía Berdeja había tenido que tragar demasiados sapos y todo tipo de porquerías, todo para sobrevivir en la política.
Luis Walton estaba muy bien relacionado, por lo que Ricardo Mejía fue designado por AMLO como Subsecretario de Seguridad, un cargo muy estratégico, que se volvió más con la salida de Alfonso Durazo de la secretaría y la llegada de Rosa Icela Rodríguez, una señora que en materia de seguridad no sabía ni donde tenía puestos los pies, lo que le dejó campo abierto a Ricardo Mejía, quien comenzó a aparecer como vocero de seguridad en las mañaneras.
Pero en 2022, aunque le iba bastante bien, Mejía Berdeja volteo hacia Coahuila, escribió un libro pequeño titulado ‘Mi lucha contra el moreirato’ que, para ser escrito por un subsecretario de seguridad nacional, no aporta nada sobre la historia negra de los Moreira, al menos nada que ya no supiéramos.
El libro muestra que, grandilocuencia aparte, el rencor estaba vivo y estaba hirviendo en las vísceras de Ricardo Mejía, que del papel paso a los hechos e incursiona sorpresivamente en la política de Coahuila, después de casi 20 años de ausencia. Quería ser el candidato de Morena a la gubernatura en 2023, pero AMLO tenía el compromiso personal con Armando Guadiana Tijerina, quien fue el candidato morenista.

Encabritado, Mejía Berdeja comete un error parecido al de 2005, solo que ahora con más consecuencias. Realiza su quinto salto de partido, pasándose al PT, algo que tenía cierto sentido, pues Luis Walton, siendo dirigente nacional de Movimiento Ciudadano, había entablado relaciones muy cercanas con la dirigencia nacional del PT, y a donde iba Walton iba Mejía Berdeja.
En su campaña por la presidencia municipal de Acapulco, en 2012, el PT fue en alianza con Movimiento Ciudadano para apoyar a Walton, así que Ricardo Mejía tiene una larga relación con la dirigencia del PT, lo que explica el porqué lo han arropado, especialmente considerando que, coincidentemente, Luis Walton muere en 2023.
Esta parte de la historia es bien conocida: Ricardo Mejía se hace candidato a la gubernatura de Coahuila por el PT, parte el voto de Morena; el PT y Morena pierden, Ricardo Mejía vive su mejor momento de popularidad en su estado nativo y, de pasada, traiciona a AMLO, quien en su mañanera comentó, con sorna, “Se nos fue Ricardo, se fue sin despedirse, nada más me dejó un papel”- Esto se puede traducir como ‘fin de la carrera política de Ricardo en Morena’-
El Ricardo Mejía que apareció por Coahuila en 2023 es muy, muy diferente a aquel muchacho que ‘Monsi’ bautizó como el “Bebesaurio”. Este es un señor de 55 años, de gran barriga, con mucho menos pelo, mofletudo, con paso cansino, pero la apariencia física es lo de menos, porque es el desgaste natural de los años. Lo verdaderamente diferente es que regresó un hombre lleno de rencor, ansioso de venganza, dispuesto a usar cualquier recurso a su alcance para llegar al poder. Viene de un narco-estado, como lo es Guerrero, de un medio sumamente corrupto, y ya sin que lo ate nada a Coahuila, como no sean los malos recuerdos.
Para la campaña se autoimpone el alias de ‘El Tigre’, para quitarse el incómodo ‘Bebesaurio’, pero de tigre no tiene nada. El tigre es demasiado animal: majestuoso, de una belleza y un poder impresionantes.
Tal vez inventó tal apodo para sentirse fiero, intimidante, pero no se puede ser intimidante si no se tiene un poder real, y Ricardo Mejía, quien tomó por sorpresa al propio AMLO y a los morenistas de Coahuila, no tiene ningún poder real, ni en Coahuila ni en Guerrero, donde, como ya se dijo, se le murió su padrino, Luis Walton, en el 2023.
El siguiente paso fue volver a la sobrevivencia política, por lo que logra una diputación federal plurinominal con el PT y, de paso, se convierte en su dirigente estatal, pero ahora con un flaco presupuesto.
En Guerrero, los políticos de casi todos los partidos, por supuesto incluido Morena, están habituados a sacar dinero de donde lo haya, lo que aprendió bastante bien Ricardo Mejía, quien se alía con los hermanos Flores Guerra, Tania y Tony, quienes estaban haciendo una fortuna como empresarios del carbón, gracias a los contratos de la CFE, con previo cabildeo en la ciudad de México. No casualmente Ricardo Mejía fue y es ahora integrante de la Comisión de Energía en la Cámara de Diputados.
Como compromiso a Tony Flores Guerra lo hace diputado local plurinominal por el PT, pero hoy los Flores Guerra están en la desgracia política y, lo más crítico, el flujo de contratos de la CFE hacia sus empresas ha bajado muchísimo. Tania está en la cárcel, enfrentando cargos graves generados en su cargo como exalcaldesa de Múzquiz. Tony está fuera de la diputación, e incluso la presidenta, Claudia Sheinbaum, no ha objetado nada para atenuar el juicio que viene, con lo cual todo está dicho.
Ricardo Mejía ha perdido su principal fuente de financiamiento, y sin dinero no baila ‘El Tigre’, por lo que el PT no ganó nada en la última elección en Coahuila, y su porcentaje de votos se derrumbó de 178 mil votos en 2023 a tan solo 46 mil en este 2026, y con tendencia a la baja.
El morenismo de Coahuila quiere deshacerse de Ricardo Mejía e, inclusive, si es necesario, de la alianza con el PT y este sigue a cargo del ‘guerrerense por adopción’. El momento mediático de ‘El Tigre’ ha pasado, más cuando se pone a declarar que los peores medios de comunicación del país son los de Coahuila.
Ricardo Mejía se presenta como un tigre, pero realmente es un animal político muy tóxico, que está despedido del partido en el poder, que ha perdido su principal fuente de financiamiento y, por si fuera poco, ha muerto su padrino político, por lo que ha perdido las garras y dientes que pudo haber ostentado en 2023. No parece quedarle más que la sobrevivencia política en el PT, es decir, a finales de 2027 podría estar en una situación semejante a la de 2005, solo que 20 años más viejo, a solo dos de los 60.
Ya había rehecho su carrera política, pero bien dicen que el odio y el rencor es un veneno que te tomas creyendo que va a matar a tus enemigos, quienes siguen tan lozanos como pueden.



