La UAdeC ahogada financieramente cumple fantasías de rectores

La UAdeC ahogada financieramente cumple fantasías de rectores

Por: Álvaro González

El Centro de Investigación y Jardín Etnobiológico del Semidesierto fue creado por la fantasía del exrector Salvador Hernández Vélez, cuando ya estaba encima la crisis financiera de la universidad, que tiende a empeorar año con año

Salvador Hernández Vélez fue rector de la UAdeC por seis años, de 2019 a 2024. Era un político veterano del PRI, que se había iniciado en la política como miembro de una organización comunista de línea maoísta, denominada Línea Proletaria, pero en el salinato se convirtió al priismo y descubrió el encanto de gozar de los beneficios de un partido en el poder. No tenía el perfil para ser rector, pero el cargo de rector es un cargo político, y él lo disfrutó por seis años, cerrando así su carrera política, rompiendo además con la hegemonía del clan de “los chemas”.

Le tocó la pandemia del Covid-19 y el gobierno de AMLO y, con él, el inicio de grandes recortes presupuestales para la universidad, que obligaban a replantear todo el gasto de la institución, y él lo sabía, pero se dedicó a “patear el bote”, que es muy su estilo, para no generar tensiones políticas, así que dejó intacto el gasto universitario, pero con un enorme déficit de cientos de millones de pesos anuales, lo que no impidió que cumpliera algunas de sus fantasías, agregándole más carga a ese déficit.

Originario de Viesca, el municipio más pobre de la región lagunera de Coahuila, es miembro de una familia de modestos agricultores. Conserva un gran apego por su tierra nativa, inclusive ha heredado la casa que fuera de sus padres y se mantiene como ejidatario, le gusta el senderismo e indiscutiblemente es un amante de la vida campirana, aunque su paso por la política priista lo haya hecho un hombre próspero, rico, aunque sigue manejándose con un perfil bajo.

En plena pandemia; en 2019, apenas iniciado como rector, apareció una convocatoria del CONACYT para concursar por un presupuesto para la creación de un centro de investigación y jardín etnobotánico de la región del semidesierto.

La convocatoria ofrecía un presupuesto de 10 millones de pesos, entregados de 2020 a 2025, a razón de 2 millones de pesos por cada año, pero el gasto fuerte lo tenía que poner la institución que ganara el concurso.

Un proyecto de estas características no le correspondía a la UAdeC; en todo caso a la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, por razones obvias: tiene los especialistas que se requerían por ser precisamente una universidad agraria.

Pero Salvador Hernández decidió que le vendría muy bien ese proyecto a Viesca, su pueblo natal, donde podría dejar algún tipo de huella o de legado, por lo que decidió que se concursara, y se ganaron los 10 millones por cinco años, para la creación de lo que denominaron como Centro de Investigación y Jardín Etnobiológico del Semidesierto de Coahuila Dr. Gregorio Martínez Valdés.

En el papel puede parecer un proyecto muy atractivo, pero si se hacía bien era un proyecto muy costoso, no solo por la inversión inicial, que ya era considerable, sino por el mantenimiento del mismo. Para las posibilidades reales de la UAdeC una fantasía del rector en turno, solo que con un costo de muchos millones de pesos y muy pocas posibilidades de concretarlo de manera seria.

La UAdeC no tenía ninguna experiencia en un proyecto de tales características, ni personal calificado para ello. Hoy, a cinco años de haber iniciado, en el último año en que se reciben los 2 millones de parte del CONACYT, ahora CONAHCYT, todas las limitaciones y deficiencias están a la vista, pero hay que sostener una nómina de 19 personas, un gasto operativo y se le sigue invirtiendo dinero a la construcción, no obstante que las finanzas de la universidad están, literalmente, ahogadas, con un déficit que en este año de 2025 alcanza ya los 660 millones de pesos, de los cuales a la fecha han logrado ahorrar apenas 120 millones de pesos, pero en parte dejando de pagar a proveedores.

SOLO BUENAS VOLUNTADES

En el presupuesto de 2025, el Centro de Investigación y Jardín Etnobotánico de Viesca, que depende de la Dirección de Investigación y Postgrado, recibió 449,893.68 pesos para proyectos de infraestructura básica, es decir construcción; 120, 640 pesos en “previsión de gastos fijos” y su nómina es de 6 millones 808 mil 213 pesos con 73 centavos, el doble de la nómina de la Escuela Superior de Ingeniería de la Unidad Laguna, que es de apenas 3 millones 976 mil 694 pesos.

La gran pregunta es que se hace con ese dinero y que ha logrado el Centro de Investigación y Jardín Etnobotánico del Semidesierto en los cinco años que tiene operando, y en el último año que recibe recursos del CONAHCYT.

De inicio la obra no fue diseñada por algún especialista en la materia, sino improvisada.

Hoy hay cinco edificaciones: un edificio para oficinas y una aula muy equipada para impartir clases; un edificio, también de una planta, más grande, que tiene un amplio salón que se encuentra abandonado, con algunos telebrejos destartalados y un espacio más chico para museo de paso que exhibe tres animales prestados: un puma, un gato montés y una ave; una cafetería y restaurante que está en construcción; un pequeño vivero rústico y, finalmente, una construcción ruinosa que se supone es de exhibición de cactáceas y de fauna, cubierta con lonas de plástico rotas.

Todo el espacio central y otra parte en el fondo están destinados al jardín etnobotánico.

Las dos primeras edificaciones tienen un diseño escolar, y la cafetería y restaurante un estilo híbrido, con una gran palapa como techo, pero muebles de plástico para el servicio. Si se parte de que el lugar es etnocéntrico, debería tener un diseño acorde con la arquitectura vernácula de Viesca.

Teniendo hectáreas de reserva, el estacionamiento disponible fue pensado tan sólo para el personal que trabaja en el lugar, no para un público visitante. Tampoco se diseñó inicialmente ningún tipo de servicio para visitantes y turistas. Lo de la cafetería-restaurante ha venido después pero las posibilidades de tener una clientela que le sustente son muy remotas.

El salón grande que está abandonado y con telebrejos podría ser un salón audiovisual sobre el ecosistema del semidesierto, con un enfoque didáctico y tecnología adecuada. El pequeño museo de paso, como se le denomina, en un día ordinario estaba cerrado y la persona que amablemente atendió a los reporteros no sabía quién tenía la llave de la puerta de acceso.

Si se toma como referencia otros jardines etnobotánicos, privados y públicos, el jardín muestra descuido, es pobre en especies (apenas 86 variedades de plantas en cinco años de trabajo) y no está equipado. No hay paletas para identificar las plantas, tampoco hay tablas o exhibidores de información oportuna y se percibe descuido. Todo el conjunto transmite una sensación de desolación y en muchas partes de deterioro.

Aunque la única persona que se encuentra en el centro, Adriana Salas Espinoza, es entusiasta y con muy buena disposición, afirma que reciben en promedio 300 visitantes por mes, que pueden bajar algunos meses a 150, pero no existen registros de visita, hay poquísimos turistas en Viesca, que es una población muy pequeña, de tan solo 20,319 habitantes. 

La mayoría de los lugareños consultados saben que existe el centro y jardín etnobotánico, pero no muestran ningún interés por el lugar. En Torreón, que es la ciudad grande de la región, el lugar es desconocido. 

El único lugar conocido y de atractivo turístico más cercano es el de las dunas de Bilbao. Restando estas, Viesca está fuera del mapa. Para quienes gustan de la historia y el turismo de aventura los vestigios de lo que fuera la Hacienda de Santa María de Hornos, ubicada en el ejido Venustiano Carranza puede tener algún atractivo. El ejido se está muriendo: tiene tan solo 166 habitantes que sobreviven en el semidesierto.

LA AUTOSUSTENTABILIDAD ES UN SUEÑO

En la opinión del doctor Jorge Aguirre, director del centro y jardín, ahora que han perdido el subsidio del CONAHCYT la viabilidad no está en riesgo, pues tienen contemplados varios proyectos de autosustentabilidad, como ofrecer servicios de asesoría, desarrollo de productos naturales, captación de turistas, impartición de conferencias, todos ellos solo considerados como una posibilidad. Se ha pensado en desarrollar un catálogo de estos servicios.

Pueden también buscar otras convocatorias para tratar de obtener recursos públicos adicionales.

El problema es que no existe una infraestructura y mucho menos un mercado concreto para poder obtener esos recursos propios.

De la nómina de 19 personas, 3 son doctores, 2 administrativos, 1 de limpieza de edificios, 1 de mantenimiento y los otros 12 trabajadores manuales.

Los tres doctores son David Aguillón, quien es veterinario, posgraduado en Rusia en biología, fauna y fauna regional; Cristian Torres, está graduado en Brasil, es experto en fitoquímica, específicamente en plantas medicinales, y el tercero es el propio Jorge Aguirre, químico farmacobiólogo, especialista en tecnología de alimentos y aprovechamiento de recursos agroindustriales.

Los dos primeros viven en Torreón y Jorge Aguirre en Parras, ninguno en Viesca.

Hasta ahora el centro ha comenzado a ofrecer una maestría en Sustentabilidad Alimentaria y Ambiental, que cuenta con 8 alumnos que están cursando el primer año, pero es gratuita y la mayoría de los alumnos vienen de fuera.

El municipio de Viesca y en general toda la zona rural del semidesierto está en vías de despoblación; los pocos habitantes sobreviven del modo que pueden.

Si se toma solo como referencia el desarrollo de plantas medicinales y su venta como una posibilidad de ingresos, esto requiere de un laboratorio y de personal calificado que lo atienda, lo que tiene un costo alto tan solo para comenzar y desarrollar un proyecto concreto, pero no se cuenta ni con recursos técnicos ni humanos: según se puede observar el doctor Cristian Torres podría dirigirlo, pero está solo, además de que todo ello lleva tiempo, años, y en México ya existe todo un mercado de herbolaria; en Torreón existe inclusive una tienda de venta de mayoreo, con un surtido muy amplio y una clientela de muchos años.

Hasta ahora el enfoque del centro ha sido, según lo refiere su director, etnológico, por lo que el propósito es trabajar con las comunidades pequeñas del semidesierto, gente que sobrevive como puede de cultivos como el dátil, que es de los pocos que se adaptan a la región. El agua es sumamente escasa y cada vez hay menos; las sequías se han prolongado cada vez más y no hay nadie interesado en invertir en el municipio. 

El doctor Jorge Aguirre tampoco menciona que se hayan desarrollado investigaciones, publicaciones o eventos de impacto académico en la región lagunera o en alguna otra región de Coahuila.

El Centro de Investigación y Jardín Etnobiológico del Semidesierto fue creado por la fantasía del exrector Salvador Hernández Vélez, cuando ya estaba encima la crisis financiera de la universidad, que tiende a empeorar año con año, pero esto no fue impedimento para gastar en este proyecto que, desde un punto de vista académico, científico y financiero no parece tener viabilidad, y si un costo permanente.

Todo indica que la UAdeC tiene un grave problema financiero, pero la rectoría se resiste a tomar medidas drásticas para optimizar el gasto, eliminando lo que está fuera de sus prioridades y posibilidades. 

La gigantesca nómina devora casi todos los recursos disponibles, y generará cada vez más pensionados, a los que no puede sostener, pero además tampoco hay la voluntad de revisar centros, departamentos, áreas, escuelas, proyectos y compromisos que son improductivos; lujos para una universidad rica y solvente, no para una que está ahogada financieramente.

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