El PAN requiere la autocrítica y el cambio de una dirigencia mediocre para reposicionarse

El PAN requiere la autocrítica y el cambio de una dirigencia mediocre para reposicionarse

Por: Álvaro González

En este año, al hacer entrega del cargo, el PAN solo gobierna 4 estados, es decir en su periodo perdió 7 gubernaturas, perdió la elección del gobierno de la ciudad de México y obtuvo apenas el 16.04% de los votos en la contienda presidencial, equivalentes a 9 millones 644 mil votantes, contra los 35 millones 929 mil votos que logró el partido oficial y sus aliados.

En 1988 tuve la oportunidad de conocer, desde dentro, cómo es que se manejaban las campañas presidenciales del PRI y, por lo mismo, me tocó conocer personalmente a Carlos Salinas de Gortari, quien era el candidato.

Se había decidido que el evento principal fuera en una calle del centro histórico, ante el temor de que no se pudiera llenar un lugar más grande, como un estadio o la plaza principal, así que el lugar se volvió, por el apretujamiento de gente, muy estresado, insuficiente.

En medio de semejante apretujamiento, los espacios eran muy cortos, de tal manera que en un determinado momento estaba frente al candidato presidencial. Era un hombre bajito de estatura, ya completamente calvo pese a ser joven, de cuerpo enjuto, que no disfrazaba una chaqueta de piel muy fina y delgada en color café claro. Nada de él parecía impresionar de manera especial, pero entonces volteo y por unos instantes me miró. Sus ojos eran algo oblicuos, intensamente penetrantes y con un brillo también extraño, reptiliano. Toda su personalidad, que hoy es bastante conocida, estaba resumida en sus ojos. 

Hace poco me tocó conocer personalmente a Marko Cortés, el todavía presidente nacional del PAN, a una distancia suficiente para observarlo en detalle y detenidamente. Su cabeza es calva, pero lleva un implante de pelo ralo; los ojos, ligeramente caídos de párpados, tienen una mirada flácida, la barba no muy abundante y descuidada, como es la moda, las orejas muy grandes. 

Viéndolo y escuchándolo, no hay nada en él que proyecte carácter, que diga algo que resulte interesante sobre su personalidad. Lo más evidente que proyecta es cierta flacidez; un carácter y una personalidad de lo más ordinario. El hombre está desprovisto de gracia, no es ni tan siquiera simpático, pero ha sido durante todo el sexenio el líder del principal partido de oposición en el país.

Michoacano, hoy de 46 años, estudió la carrera de contador público, ha vivido toda su vida de saltar de un cargo legislativo a otro, siempre por la vía plurinominal o de primera minoría. De 2003 a 2006 fue diputado; de 2006 a 2012 senador; de 2015 a 2018 nuevamente diputado y ahora, por auto designación, será nuevamente senador del 2024 hasta el 2030. Nada menos que 18 años en la nómina legislativa.

Llegó en noviembre de 2018 a la dirigencia nacional del PAN de forma accidental, por la influencia de Ricardo Anaya, quien a su vez había llegado accidentalmente, aprovechando que Gustavo Madero lo había puesto como interino, para irse a la Cámara de Diputados. Ha dirigido al partido todo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y lo ha hecho de una forma pulidamente mediocre.

En 2019, el primer año de Morena en el poder, el PAN mantenía 11 gubernaturas, y tuvo muy altas posibilidades de hacerse del gobierno de la ciudad de México, además de poder ser el más importante contendiente de Morena en la elección presidencial de 2024.

En este año, al hacer entrega del cargo, el PAN solo gobierna 4 estados, es decir en su periodo perdió 7 gubernaturas, perdió la elección del gobierno de la ciudad de México y obtuvo apenas el 16.04% de los votos en la contienda presidencial, equivalentes a 9 millones 644 mil votantes, contra los 35 millones 929 mil votos que logró el partido oficial y sus aliados.

De los 4 estados con gubernaturas del PAN: Chihuahua, Querétaro, Aguascalientes y Guanajuato, estas se deben a la operación de los grupos de cada estado, pues inclusive solo en Aguascalientes se ganó la votación por la presidencia y en todos se perdieron diputaciones federales y senadurías que era de obligación ganar. Inexplicablemente se perdió el estado de Yucatán, que era el único bastión en el sur del país.

La campaña presidencial, que encabezó Xóchitl Gálvez, pero cuya publicidad y servicios de apoyo, así como el presupuesto, fueron manejados personalmente por Marko Cortés y Alejandro Moreno del PRI, fue operada con mucha mezquindad e ineficiencia, llegando a darse choques personales entre la candidata y Marko Cortés, quien llegó inclusive a gritonearle y ofender a la candidata, la cual surgió como una figura espontánea y mediática, impulsada por sus propios medios, no como resultado de un proceso de preparación, para lo cual el PAN tuvo todo el sexenio.

En estados como Coahuila, el manejo del PAN ha sido tan desastroso que el partido cayó hasta la cuarta posición y está tan solo 3 puntos arriba del mínimo legal para no perder el registro estatal como partido político, lo que implica un retroceso de décadas. En otros estados fuertes, como Jalisco, donde había sido gobierno varias veces, cedió todo su espacio a Movimiento Ciudadano y a Morena, quedando en condición de simple espectador. Lo mismo ha ocurrido en el estado de Nuevo León, también estratégico.

UNA NEGLIGENCIA HISTÓRICA

El PAN tiene como partido político potencial. Si se analizan los números y los procesos electorales, sí es una mediocridad haber obtenido apenas el 16.04% de los votos, que son casi exactamente el 10% del padrón electoral nacional, el cual alcanza ya 98 millones 468 mil ciudadanos, pero hay elementos que están para analizarse.

Morena, con la imagen y la actividad cínica de AMLO haciendo campaña; con todos los programas del bienestar, que alcanzan a cerca de 25 millones de ciudadanos y con el apoyo de 22 gobernadores y las organizaciones del crimen haciendo también proselitismo, logró sumar 35 millones 924 mil votantes, que son el 59.75% de quienes votaron, pero solo un poco más de la tercera parte del padrón electoral nacional, lo que significa que 62 millones 544 mil ciudadanos no le dieron su voto a Morena, ni con la elección de estado más arbitraria de la historia reciente de México.

La oposición en general no estuvo a la altura de un compromiso histórico, inclusive sabiendo que era una prioridad impedir que AMLO y su secta se apoderaran de la mayoría absoluta de la Cámara de Diputados y del Senado de la República.

Toda la oposición tiene más que claro que AMLO y su partido no tienen el mínimo respeto por el estado de derecho, y recurrirían a cualquier maniobra sucia para alcanzar el control total de los tres poderes que conforman la república.

En el caso de los diputados y senadores están recurriendo a la sobre representación, que es un recurso legal pero violenta el espíritu original de la ley y la equidad de la representación real del voto, al manipular la asignación de diputaciones y senadurías plurinominales, lo que es aberrante.

De consumar el INE y el TEPJF esta sobre representación, incurriendo en una irresponsabilidad histórica, Morena obtendría 236 diputados, el PVEM 77 y el PT 51, mientras que el PAN solo 72, el PRI 35, el PRD 1 y Movimiento Ciudadano 27.

Esto significa que el PVEM, que obtuvo 4.99 millones de votos, la mitad que el PAN, obtendría más del doble de diputaciones, mientras que el PT, que alcanzó apenas 3.25 millones de votos, tendría al menos 50 diputaciones, 15 más que el PRI, que sumó 5.73 millones de votos.

En una maniobra completamente turbia, el INE y el TEPJF le regalarían a la alianza oficial 7 millones de votos ficticios, lo que es escandaloso, pero esto ya lo sabían los partidos de oposición y no se aplicaron en la elección del 2 de junio pasado.

Pues, aún con la aberración de por medio, es penoso que el PAN solo ganara el 2 de junio 32 diputaciones federales en 32 estados, el PRI tan solo 9 en los mismos 32 estados y el PRD 1, lo mismo que MC 1 y otra de un candidato independiente.

El índice de diputaciones federales es del 10% de las 300 que estaban en juego, mucho más abajo que el 16.04% obtenido en la elección presidencial. El PRI cae en lo sospechoso, pues su índice en las diputaciones federales fue apenas del 3% y el índice en la elección presidencial fue del 9.54%. Lo mismo se puede decir de MC, que resulta todavía más sospechoso, al ganar tan solo 1 diputación, con el 10.32% en la elección presidencial.

Es evidente que la selección de candidatos se hizo mal, lo mismo que las campañas, y esto si era responsabilidad de Marko Cortés, en el caso del PAN. Alejandro Moreno, del PRI, hace tiempo que está bajo sospecha y Dante Delgado, el dueño de MC también está bajo sospecha.

¿No es sospechoso que MC no haya ganado ni una sola diputación federal en Nuevo León, un estado que gobierna y haya ganado una sola diputación federal en Jalisco, el otro estado que gobierna, cuando estaban en juego 34 diputaciones federales? ¿Cómo le hizo para ganar la gubernatura y 11 diputaciones locales en Jalisco y una sola diputación federal de 20? En ambos estados Morena se llevó 22 diputaciones federales. Datos muy extraños, tanto como los del PRI.

 LA POSIBLE RENOVACIÓN DEL PAN

Pese a la desastrosa estrategia política y conducción del PAN en el actual sexenio, si se da una autocrítica seria; una renovación de su dirigencia que le imprima una cara nueva e impulso a nivel nacional, además de la definición acertada de un verdadero proyecto de nación, desde una visión de centro-derecha, el panismo tendría recursos para posicionarse como el principal opositor del nuevo régimen autoritario, populista y, en muchos temas claves, incompetente de la 4T.

El PRI ha quedado sin posibilidades reales; el PRD ha desaparecido y MC, bajo la propiedad de Dante Delgado, difícilmente pueden generar una alternativa nueva, como lo han mostrado en las elecciones pasadas.

Hoy hay desaliento por lo sucedido el 2 de junio, y con bastante razón, pero los amplios sectores de clase media, las graves deficiencias de Morena, que se verán de manera ya muy clara a partir de 2025 y el caos que priva en muchos de los estados gobernados por Morena, abren un espacio más que amplio para una oposición seria y con una alternativa diferente.

Si el PAN no lo hace y se encierra en una posición tibia y conservadora, donde las mismas camarillas sigan manejando el partido, lo más saludable sería el surgimiento de un nuevo partido de oposición, que venga a posicionarse como una alternativa para los 62 millones de mexicanos que están en contra de Morena o no encuentran otra alternativa que les convenza, pero están decepcionados de los partidos políticos que hoy conforman la oposición.

Todos los partidos de oposición, sin excepción, mostraron que no están a la altura de un momento del país que se considera como histórico; que puede marcar a generaciones completas de mexicanos.

Frente a una camarilla y un caudillo populista que practican sin concesiones la máxima maquiavélica de que el fin justifica los medios, estos partidos actuaron con tibieza y mediocridad, con todas las consecuencias que ello implica para el presente y el futuro del país.

Comentarios de Facebook
Facebook
Twitter
LinkedIn

Te podría interesar: