Por: Gerardo Lozano
Con la aparición de Morena en el escenario coahuilense, el acomodo de los sucios negocios de la explotación de carbón mineral, del cual Coahuila es el principal productor nacional en la región carbonífera, algunos pequeños productores e intermediarios de esa explotación, en buena parte irregular, se sumaron a Morena, en busca de oportunidades políticas y de negocios.
Morena ha sido un movimiento político vertiginoso, formado al calor de las elecciones presidenciales de 2018. No se trata de un partido político de izquierda formado pacientemente, al calor de una lucha política prolongada; tampoco es un partido o un movimiento estructurado con cierta coherencia, con un proyecto de nación sólido y viable, no, Morena es la obra de un caudillo carismático que aglutinó a políticos de todas las facciones y de todos los partidos; a empresarios oportunistas; a líderes sociales decepcionados del viejo sistema; a radicales de izquierda; a fanáticos en busca de un mesías a quien adorar y, por supuesto, a mafiosos y capos que apuestan en favor de aquel que sea el favorito para ocupar el poder, para comprar la impunidad y la protección que requiere el crimen organizado. También aglutinó a esa enorme clientela potencial de mexicanos a quienes el viejo sistema mantenía en la marginación y la pobreza.
Ya en el poder, Morena y eso que se denomina la 4T son manejados por una especie de secta, bajo el caudillaje mesiánico de Andrés Manuel López Obrador. Esta secta es el círculo rojo o como se le quiera llamar, a quien se le impone como requisito la fidelidad absoluta y a cambio se le recompensa en el reparto del poder, protegiéndole inclusive de todos sus pecados, no importa de qué tipo y tamaño sean.
No es ninguna sorpresa que un recorrido por el directorio de Morena en Coahuila sea un recorrido a la corte de los milagros; una amalgama imposible de personajes surgidos de todos los partidos políticos y de los rincones más inesperados de la política y la sociedad coahuilense. No hay sorpresa posible, porque se encuentra de todo.
El hombre fuerte de Morena en Coahuila era Armando Guadiana Tijerina, recientemente fallecido. Un empresario de la minería, cuyo principal negocio era la explotación de carbón mineral, un negocio tan negro como su producto único y principal, es decir un negocio plagado de corrupción, de explotación laboral, de violación a muchas leyes y de “tranzas” de todo tipo.
Como persona, Armando Guadiana era simpático, dicharachero, extremadamente pragmático, polifacético, pero también podía ser muy corrupto.
Fue ese hombre el que le tendió la mano a Andrés Manuel López Obrador para la fundación del movimiento de Morena, antes inclusive de ser partido. Tuvo visión y abrió la chequera para financiar ese movimiento que parecía ir a ninguna parte, y, llegado el momento, supo cobrar sus favores. Un modo bastante prosaico de fundar en Coahuila un partido populista de izquierda que ahora se ha apoderado del país, pero así son las cosas.
¿Qué movió a Armando Guadiana, quien tenía orígenes priistas e inclusive estaba alejado de la política y dedicado a sus aficiones como la tauromaquia y el beisbol? Un pleito personal con el impresentable exgobernador Humberto Moreira; un pleito en torno al negocio del carbón que se volvió personal. Ya viejo e inclusive enfermo, Armando Guadiana regresó a la política para sostener una revancha con la cabeza de un clan político priista que lo subestimó. Nadie pensaba entonces que Humberto Moreira caería pronto en la desgracia y se convertiría en un personaje repudiado, impresentable, mientras que Armando Guadiana moriría siendo el jefe de un nuevo y poderoso partido.

LA EXPLOTACIÓN DEL CARBÓN
Con la aparición de Morena en el escenario coahuilense, el acomodo de los sucios negocios de la explotación de carbón mineral, del cual Coahuila es el principal productor nacional en la región carbonífera, algunos pequeños productores e intermediarios de esa explotación, en buena parte irregular, se sumaron a Morena, en busca de oportunidades políticas y de negocios.
Uno de los principales arribistas fue la familia Flores Guerra, del municipio de Múzquiz, en particular Tania Flores Guerra y su hermano Antonio Flores Guerra, alias “Tony”. De ser modestos productores de carbón, pasaron a ser los principales beneficiarios de la CFE, que, de 2020 a este año, otorgó contratos por 12 mil 807 millones de pesos, de los cuales 3 mil 200 millones de pesos fueron para seis empresas vinculadas a la familia Flores Guerra. Casi la cuarta parte del total.
En 2021 Tania Flores Guerra se convirtió en presidenta municipal de Múzquiz, mientras que su hermano se ha dedicado a financiar políticos de Morena y sus aliados.
La Auditoría Superior de la Federación, ASF, por medio de la auditoría de cumplimiento 2021-6-90UIC-19-0061-2022 documenta puntualmente la vinculación de cuatro empresas vinculadas a la familia Flores Guerra: Coal de Sabinas, El Volcán Consorcio, Minerales Amanari y Minerales Don Chilo, las primeras tres creadas apenas entre 2019 y 2020; las tres con el mismo domicilio fiscal.
El enriquecimiento de los Flores no es tema nuevo y es de conocimiento público entre la población de la región carbonífera de Coahuila, donde Tania Flores es llamada “la reina del carbón”. Sigue ocupando la presidencia municipal de Múzquiz, pero por la misma mala fama y la indignación popular que genera, perdió la reelección el pasado 2 de junio, pese al derroche de recursos económicos.
Su hermano “Tony” Flores, a través de la empresa Minerales Don Chilo, recibió contratos de CFE por 1 mil 132 millones de pesos en tan solo tres años del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, lo que da una idea de la fortuna que habrá podido acumular durante todo el sexenio que confluyó, cuando la CFE había recibido la instrucción de beneficiar, de manera directa, a 60 pequeños concesionarios y productores de carbón. “Tony” Flore fue uno de esos “pequeños” concesionarios y productores, todo gracias a sus nexos con Morena.
En 2023 Armando Guadiana se convirtió en el candidato único de Morena a la gubernatura del estado, pero, por el desorden interno y la falta de unidad, producto de esa mescolanza imposible de políticos que aglutina, hubo división e, inesperadamente, apareció en el escenario Ricardo Mejía Berdeja, un expriista que estaba desterrado de Coahuila desde el 2006 y radicaba en Guerrero, donde pasó por varios partidos políticos.
Siendo Subsecretario de Seguridad Pública a nivel federal, Mejía Berdeja se insubordinó a la dirigencia nacional de Morena, encabezada por Mario Delgado, y se lanzó por su cuenta, llevándose una buena parte del morenismo coahuilense.
Y es aquí donde aparece “Tony” Flores como el principal patrocinador de Ricardo Mejía Berdeja, algo que se hizo públicamente, inclusive con fiestones de por medio. El segundo de los Flores quería estar también en la política y dinero le sobraba para invertir.

Al final la alianza PRI-PAN-PRD obtuvo 56.95% de la votación por la gubernatura; Morena solo el 21.39% y el PT, representado por Ricardo Mejía Berdeja, el 13.3%. Las 16 diputaciones de mayoría relativa las obtuvo la alianza PRI-PAN-PRD, y de las 9 plurinominales inexplicablemente el PT solo obtuvo una y esa, por supuesto, fue para “Tony” Flores Guerra, el principal patrocinador de la campaña.
Hoy hay un escándalo porque “Tony” Flores Guerra ha aparecido por la región carbonífera a bordo de un automóvil de la marca Lamborghini, modelo “Huracán”, cuyo precio de mercado está alrededor de los 7.5 millones de pesos. Para mayor ostentación lo usa sin placas, las que deben afear la belleza del automóvil ultra deportivo de lujo.
El problema de los Flores Guerra, Tania y “Tony” no es el Lamborghini, pues tienen para comprarse muchos, no solo el que ostentan, sino la enorme corrupción que se dio en torno a la explotación del carbón y los contratos de CFE, de donde surgió la mayor parte del financiamiento de las campañas de Morena y el PT en 2023 y en otros procesos.
En un gobierno que se supone tenía como bandera la lucha en contra de la corrupción, tenemos a estos políticos en una actitud de quien se sabe impune y protegido, de otra manera no habría un derroche de cinismo, inclusive de mofa hacia las críticas de estas extrvagancias de rico nuevo.
Si esto pasó en Coahuila y en una sola región del estado productora de carbón, no se requiere de mucho esfuerzo para imaginarse lo que sucedió a nivel nacional con las mega obras y los mega contratos, la información de los cuales está oculta por “seguridad nacional”, y así seguirá.







