El Gobierno de Sheinbaum castiga a los pequeños y medianos ahorradores

El Gobierno de Sheinbaum castiga a los pequeños y medianos ahorradores

Por: Rodrigo Tejeda

Las políticas financieras del actual gobierno de Claudia Sheinbaum afirman, machaconamente, que están fincadas en el beneficio del pueblo; de los más necesitados, pero se están implementando impuestos que van directamente en contra del bolsillo de la población en general.

México tiene una pobre cultura del ahorro. El hábito de guardar una parte, aunque sea muy pequeña, de los ingresos es algo que se da muy poco en el grueso de la población, en contraste con los hábitos de consumo, por los cuales se dispone de cualquier ingreso extra o excedente en adquirir bienes y servicios que muchas veces no son necesarios, aún endeudándose.

El fomento al ahorro es la base de la formación de un capital de trabajo para incursionar como microempresario, pues la banca en México es sumamente mezquina con el crédito para pequeños emprendedores, además de que el crédito bancario es sumamente caro en instrumentos como las tarjetas de crédito, que tienen intereses que rayan en la usura y van del 50 hasta el 80% anual en sus CAT, o costo final de los plásticos.

Con este escenario el gobierno federal y el Banco de México, deberían de impulsar políticas de estímulo para pequeños y medianos ahorradores, pero lejos de ello la tasa del Impuesto Sobre la Renta para inversiones a cualquier plazo en 2026 se ha incrementado de un 0.5% hasta un 0.9%, mientras que las tasas de rendimiento siguen bajando y podrían comenzar el próximo año entre un 6 y un 7%, bajo el argumento de que la inflación está bajando, según las mediciones oficiales, algo que no parece ser cierto si se mide el consumo global de las familias, lo que puede corroborar cualquier ama de casa o persona que haga las compras del hogar.

Las políticas financieras del actual gobierno de Claudia Sheinbaum afirman, machaconamente, que están fincadas en el beneficio del pueblo; de los más necesitados, pero se están implementando impuestos que van directamente en contra del bolsillo de la población en general.

El incremento del impuesto al ahorro, si de verdad se desea beneficiar a la población de menores ingresos, debería ser diferenciado, no general, porque una cosa son los grandes capitales y especuladores financieros, y otra muy distinta aquellas personas de ingresos bajos o medios que hacen un esfuerzo por ahorrar, e invertir, una parte de sus ingresos, ya sea para contingencias; para emprender una microempresa o negocio pequeño, o sencillamente para los fines que consideren convenientes a su bienestar.

En enero de este 2025 la tasa de rendimiento de los CEDES que ofrece la banca comercial estaba en 9.52%, ubicando la tasa anual neta en 9.02% con un impuesto del 0.5%. Una inversión de 150 mil pesos ofrecía un rendimiento de un promedio de mil 50 pesos mensuales, después de descontar el Impuesto Sobre la Renta, lo que hace un acumulado anual que se podía ubicar en 12 mil pesos.

Si la tasa cae en 2026 a un 6.5% o un 6%, el nuevo impuesto del 0.9% se estará llevando en promedio un 15% de lo ganado en el ahorro, bajo el supuesto argumento de que dicho impuesto es recuperable en la declaración anual del mismo, algo que muy difícilmente se da en los pequeños y medianos ahorradores, desalentando el interés de ese sector de la población que se supone defienden los gobiernos morenistas.

LOS GRANDES ESPECULADORES

El gobierno de Claudia Sheinbaum, que tampoco se ha atrevido a realizar una reforma fiscal integral, sin dar ningún argumento del por qué no, está buscando desesperadamente incrementar sus ingresos, apretando a la misma base fiscal que tiene ya cautiva, pero sin atreverse a cambiar el régimen fiscal para que paguen más quienes más ganan realmente.

Para los grandes especuladores financieros, las tasas que estaban vigentes desde la pandemia eran excelentes, porque les estaban dando muy altos rendimientos financieros.

Pongamos el caso de todas las grandes cadenas de autoservicio que operan en el país, como Soriana, por poner el ejemplo más grande, o uno de los tres más grandes.

Estos enormes consorcios establecen políticas de pago a sus proveedores de hasta dos y tres meses, cuando el desplazamiento de sus mercancías se da en cuestión de días. En el caso de los perecederos, como la carne, los lácteos y la mayoría de los productos agrícolas, se desplazan en tres o cuatro días como máximo.

Con una cuidadosa planeación de los flujos financieros, son miles, muchos miles de millones de pesos los que van a la especulación financiera, generando rendimientos también millonarios con dinero que es de los proveedores, pero a quienes se retiene dos meses o más tiempo el pago de sus facturas. El flujo de inversiones se planea para todo el año y su acumulado se puede observar en los estados financieros, bajo el concepto de rendimientos.

Ahí sí que aplica el incremento al Impuesto Sobre la Renta, lo mismo a esos enormes fondos de inversión internacionales que se mueven de mercado en mercado, especulando con los rendimientos que se ofrecen en cada país, y van y vienen de un país a otro, según convenga a sus intereses, literalmente.

Gravar a los grandes especuladores con una tasa más alta del ISR parece justo, porque es un capital ocioso, que no trabaja y solo especula para obtener más riqueza, pero aumentar el ISR a quien administrando su sueldo de la mejor manera, ahorra y tratar de obtener un modesto ingreso adicional, es algo que parece muy injusto, además desalienta la ya de por sí muy pobre cultura del ahorro en el país.

Todo impuesto debe ser equitativo y proporcional a la utilidad obtenida, pero debe tener también un sentido social, no implementar incrementos de forma generalizada, sin planearlos cuidadosamente. No pueden pagar lo mismo los grandes capitales especulativos que el pequeño y mediano ahorrador.  

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