Por: Gerardo Lozano
China se ha convertido en la segunda potencia económica del mundo a partir de la aplicación de un modelo de capitalismo salvaje, que tiene como principal activo la explotación de la mano de obra de cientos de millones de trabajadores y trabajadoras, lo que abarata la manufactura hasta niveles en que son imposibles para empresarios de países desarrollados o de mediano desarrollo como México
El gobierno de Claudia Sheinbaum le ha impuesto a China y a varios países asiáticos aranceles que van desde el 5% hasta el 50% a la casi totalidad de sus productos de exportación a México. La medida, que es muy polémica, ha sido aplaudida por el grueso del empresariado mexicano, pero criticada por algunos sectores políticos por considerar que puede ser contraproducente, afectando a ramos como el automotriz, lo que podría repercutir en los precios finales al consumidor.
Para nadie quedan dudas de que la decisión del gobierno de Claudia Sheinbaum tiene que ver con la guerra comercial que ha emprendido Donald Trump contra China, en la cual México juega un papel importante, pues México es parte del bloque de América del norte y estaba siendo usado como plataforma de penetración de muchos productos chinos al mercado norteamericano.
Desde el punto de vista de los especialistas en la economía mexicana, China estaba inundando al país con una enorme cantidad de productos que pueden ser manufacturados en México, pero además el gigante asiático representa una competencia desleal frente a productos nacionales como ropa, calzado, juguetes y otra enorme cantidad de artículos, que entran subsidiados, una gran cantidad de ellos por medio de redes de contrabando marítimo, a través de las aduanas que siguen teniendo un nivel de corrupción demasiado alto.
La ciudad de México, y contradictoriamente la delegación Cuauhtémoc, donde se ubica el centro histórico del país y el palacio nacional, albergan el mercado más grande de productos chinos del país. Hay colonias enteras dedicadas al comercio informal y de contrabando, controladas inclusive por organizaciones delictivas que cobran derechos de piso, los cuales se pagan en parte de buena gana debido al volumen de las ventas que se manejan.

EL CAPITALISMO SALVAJE
China se ha convertido en la segunda potencia económica del mundo a partir de la aplicación de un modelo de capitalismo salvaje, que tiene como principal activo la explotación de la mano de obra de cientos de millones de trabajadores y trabajadoras, lo que abarata la manufactura hasta niveles en que son imposibles para empresarios de países desarrollados o de mediano desarrollo como México.
Lo más contradictorio es que China es una dictadura manejada por el partido comunista, donde el estado lo controla absolutamente todo con mano de hierro, lo que le permite aplicar las políticas, programas, leyes y prácticas económicas que se planean desde la élite gobernante.
China no comercia bajo el esquema tradicional de libre mercado, como argumentan muchos defensores del capitalismo salvaje: China se expande económicamente con una política de abordaje comercial y geopolítico, estableciendo una estrategia de corto, mediano y largo plazo para cada país y región del mundo.
No se trata de empresas privadas individuales que busquen canales de exportación de manera tradicional, sino estrategias globales para abordar a un país, estudiando cuidadosamente su economía, su cultura; sus fortalezas, debilidades y nichos de oportunidad.
Esto explica cómo los productores chinos son capaces de manufacturar inclusive figuras religiosas que son parte íntima de la idiosincrasia mexicana, como la mayoría de las figuras que se emplean en México para la celebración de la navidad, o en general de la práctica de la religión católica.
Su presencia en la economía mexicana es directa e indirecta: directa a través de la venta de productos por canales libres de intermediarios, o indirecta a través de compañías europeas o inclusive norteamericanas que venden productos fabricados en China, donde se maquilan los diseños que elaboran grandes cadenas de ropa europeas, que luego son exportadas a Latinoamérica, que es el caso de compañías muy grandes como Zara, H&M, entre muchas otras, quienes fabrican en chinas las prendas a un costo sumamente bajo y las revenden en el mercado internacional a precios muchísimo más altos.
Recientemente los productores chinos de automóviles han decidido el abordaje del mercado mexicano, con vehículos a gasolina, híbridos o eléctricos que resultan vistosos, más económicos, con mayores facilidades de adquisición para la clase media mexicana, pero muchos de ellos con problemas de calidad y sin haber montado una cadena de abasto de refacciones y de servicio para todos esos vehículos que están siendo distribuidos en el mercado mexicano.
Han entrado hasta ahora 17 marcas diferentes, en un periodo cortísimo de apenas dos a tres años, expandiéndose por casi todo el país.
Bajo condición de anonimato, un alto ejecutivo de una de las más grandes distribuidoras de automóviles que operan en el país, cuya matriz se ubica en Torreón y que trabaja hoy con las 17 marcas, estima que al menos 12 de ellas no van a poder seguir operando en el mercado nacional, debido a los problemas de calidad, de falta de la cadena de abasto de refacciones, que propicia que las reparaciones se tarden hasta seis meses, y los nuevos impuestos que comenzarán a ser aplicados a partir de este año.
La opinión es que muchos de los problemas de calidad no han comenzado a manifestarse, debido a que la mayoría o totalidad de los vehículos de fabricación china son todavía muy nuevos, pero los contratiempos se presentarán al mediano plazo, exceptuando aproximadamente cinco marcas que ofrecen un mayor nivel de calidad y de soporte, pero con la aplicación de los aranceles tendrán que incrementar los precios necesariamente.

NO FUE UNA POLÍTICA PROPIA
Lo que más cuestionan algunos especialistas en economía y mercadotecnia, es que México no tuviera la visión de aplicar una política comercial propia hacia China, y hoy está aplicando aranceles a sus importaciones por las presiones del gobierno de Donald Trump, en vísperas de la negociación del TMEC, donde México tiene puestos intereses sumamente importantes para el funcionamiento de su economía.
La sola incertidumbre de la negociación de TMEC, y las constantes amenazas de Trump sobre la aplicación de aranceles, ha derrumbado el crecimiento de la economía mexicana a casi cero, lo que da una idea de lo que sucedería si el TMEC fuera cancelado, o deshecho por medio de la aplicación de aranceles a las exportaciones mexicanas.
Desde el gobierno de Vicente Fox, el gremio de la industria del calzado de León, Guanajuato, del cual formó parte el propio expresidente con una firma fabricante de botas, tuvo un serio problema con el calzado de origen asiático que estaba entrando al país, por lo que le exigían al expresidente panista que adoptara medidas, pero este actuó de una manera tibia, cuando la industria del calzado en México le permitía al país la autosuficiencia, que hoy se ha perdido debido al calzado de origen asiático. Los empresarios zapateros consideraron que Vicente Fox estaba traicionando al gremio, lo que tenía bastante sentido.
México, como el principal exportador automotriz del TMEC estaba obligado a aplicar una política comercial frente a las exportaciones chinas, pero fue omiso ante la presencia del gigante asiático, en parte por la ideología del grupo de la 4T que está hoy en el poder, el cual, por lo menos en teoría, se considera socialista, pero, penosamente, el que ha venido a aplicar esta política arancelaria ha sido Donald Trump, pues hasta ahora Claudia Sheinbaum no ha podido negarse a nada de lo que pida Trump, menos bajo amenaza arancelaria y con la negociación del TMEC en puerta.







